2021_Camí de Sant Jaume a pie

Introducción: los Caminos de Santiago en Cataluña o Camins de Sant Jaume

El relato de este Camino no es como los demás que encontrareis en este blog ya que no lo he recorrido de forma continua sino que lo voy haciendo en etapas sueltas, aprovechando días festivos y fines de semana. A pesar de eso he elaborado las etapas de forma que puedan ser seguidas por un peregrino que se proponga recorrerlo de forma convencional, una etapa tras otra, y por eso siempre acabo las etapas en poblaciones donde haya algún lugar para dormir, ya que si no dificultaría que otros pudieran basarse en mi relato para preparar su propia ruta. Dicho esto, vayamos con un poco de contexto.

Desde el nacimiento de las peregrinaciones jacobeas Cataluña ha sido punto de partida de peregrinos y lugar de paso de otros que llegaban del resto de Europa a través de los pasos de montaña del Pirineo oriental. Pero siempre se han utilizado muchísimos itinerarios diferentes, los mismos que se usaban para el comercio, para la guerra y para cualquier otro tránsito de personas, sin consolidarse nunca un itinerario principal. Nada parecido a lo que representa el Camino Francés para los territorios por los que discurre. Por ello, en la época moderna de resurgimiento del fenómeno jacobeo se han recuperado y señalizado con mayor o menor éxito una gran multitud de itinerarios por toda Cataluña, aunque probablemente el más transitado desde su señalización por la Associació d’Amics del Camí de Sant Jaume de Sabadell en la década de 1980 sea el tramo Montserrat-Alcarrás, para desde ahí seguir por Aragón hacia Zaragoza y enlazar con el Camino Francés en Logroño.

En este mapa, de elaboración propia, he intentado recoger todas los itinerarios que actualmente están señalizados en Cataluña como Camins de Sant Jaume (denominación en catalán de los Caminos de Santiago). Seguro que aún me he dejado algunos.

Ante esta dispersión de rutas, en los años 2000 la Generalitat decidió señalizar y promocionar un eje central, una ruta principal que atravesara Cataluña, y para ello eligió dos puntos diferentes de partida, el Coll de Panissars, en la frontera con Francia, y Sant Pere de Rodes, un importante monasterio benedictino de origen medieval enclavado en la Sierra de Rodes, cerca del Cabo de Creus, el punto más oriental de la Península Ibérica. Ambos itinerarios confluyen a la entrada de Figueres para seguir hasta otra abadía benedictina, el monasterio de Montserrat, y desde ahí hacia Aragón por dos rutas diferentes, una pasando por Lleida y siguiendo aproximadamente el curso del rio Ebro hasta unirse al Camino Francés en Logroño, y otra que sale de Cataluña algo más al norte y avanza hacia Huesca y San Juan de la Peña para confluir con el Camino Aragonés en Santa Cília de Jaca y con el tronco central del Francés en Puente la Reina.

Este itinerario “central” de Catalunya promovido por la Generalitat, marcado en azul en este mapa, es el que me propongo recorrer en los próximos meses y explicar en este blog.

Camí de Sant Jaume a pie: etapa 1A, del Coll de Panissars a Figueres (29/03/2021)

Para llegar al Collado de Panissars hay que partir del pueblo fronterizo del Pertús (Le Perthus en francés). Hasta allí se puede llegar con la línea de autobús C3 de Teisa desde Figueres, como he hecho yo, descendiendo en la parada señalizada como “Els Límits”, que está justo al lado de las garitas fronterizas de la gendarmerie francesa. Las poblaciones fronterizas siempre son peculiares, pero ésta es especialmente curiosa ya que el puesto fronterizo francés está en territorio español y una vez traspasado no está muy claro en qué país estamos ya que la calle por la que transcurrimos es francesa en una acera y en la propia calzada mientras que la otra acera sigue siendo española. Por eso la calle se llama a la vez Avenue de France según el callejero del municipio francés del Pertús y Avinguda Catalunya según el callejero de Els Límits, barrio perteneciente al municipio español de La Jonquera. En un artículo de La Vanguardia titulado gráficamente “El Pertús, el pueblo donde es posible aparcar en Francia y bajarse del coche en España” explican las anécdotas que esta situación provoca, por ejemplo que hay que vigilar donde se aparca y donde se saca el tiquet de la zona azul ya que las máquinas españolas y francesas están prácticamente unas al lado de otras pero los billetes de cada una sólo son válidos cuando se aparca en el país correspondiente.

Desde este curioso puesto fronterizo donde me deja el autobús empiezo a andar siguiendo la única avenida hasta que a unos 500 metros encuentro el edificio de la Mairie, el ayuntamiento del Pertús. Pasado éste asciendo a la izquierda por las empinadas escaleras de la Rue du Chemin de Ronde que me lleva hasta la Rue del Fort de Bellegarde, calle que hay que seguir hasta llegar al castillo que le da nombre, ya a las afueras del pueblo. En el ascenso por las escaleras encuentro la primera flecha amarilla, aunque aparte de esta solitaria flecha el itinerario no está señalizado pero no tiene pérdida si se siguen las indicaciones hacia el castillo de Bellegarde y hacia Panissars.

Rápidamente llego al collado, alrededor del cual se suceden diversos vestigios históricos: un pequeño cementerio militar del siglo XVII, la imponente Torre de Panissars, antigua aduana, o el sitio arqueológico con los restos del Priorato de Santa María de Panissars, construido en el siglo XI y ligado a las peregrinaciones jacobeas. Este collado de tan sólo 325 metros de altura es el más bajo de todo el Pirineo Oriental y por ello ha sido utilizado desde tiempos prehistóricos para la comunicación con la Península Ibérica a través de los Pirineos, siendo el punto donde la Via Domitia romana que atravesaba la Galia se convertía en la Via Augusta para reseguir el litoral Mediterráneo hasta Gades, la actual Cádiz.

Desde el Coll una pista empieza a descender hacia el lado español serpenteando a través de un bonito bosque de alcornoques. Al principio no hay indicaciones pero desde el collado es fácil de adivinar la pista forestal que hay que tomar y, un par de kilómetros después, ya aparece la primera de las señales oficiales del Camí de Sant Jaume instaladas por la Generalitat en 2010. Siempre vigilados desde las alturas por el Castillo de Bellegarde la pista desemboca justo en la boca sur del túnel transfronterizo del tren de alta velocidad que une España y Francia a través de los Pirineos. Aprovechando la carretera de servicio del AVE pasamos por un túnel bajo las vías y tras una rotonda volvemos a tomar una pista que esquivando como puede la autopista y la carretera nacional nos acerca a La Jonquera.

Antes de entrar en la población hay que pasar junto a una enorme área de descanso y servicios para camiones, el antiguo edificio de la aduana y una pequeña zona industrial algo decadente hasta finalmente avanzar por el casco urbano propiamente dicho. Típica población estrecha y larga dispuesta a lo largo de una carretera, no tiene excesivo interés pero dada su importancia como lugar de paso sí dispone de todo tipo de servicios, así que encuentro fácilmente un bar en el que parar a desayunar antes de proseguir la ruta.

Tras el descanso la salida de La Jonquera es similar a la entrada, debiendo cruzar de nuevo la autopista, la carretera nacional y las vías del AVE hacia el lado contrario al que lo habíamos hecho al llegar. Después de un par de kilómetros por una carretera que nos permite sortear todos estos obstáculos estamos de nuevo en el campo. Parece mentira, pero nada más pasar por un pequeño túnel bajo las vías del AVE la tranquilidad es absoluta y deja de escucharse el denso tráfico de coches y camiones que soportan las infraestructuras viarias de la zona. Pronto aparecen las primeras viñas de donde nacen los vinos de la Denominación de Origen Empordà.

En este tramo las marcas del Camino de Santiago coinciden con las del GR-2 y enseguida nos llevan a La Estrada, un pequeño núcleo rural con casas de piedra perteneciente al municipio de Agullana. Después la pista agrícola que iba siguiendo se convierte en un sendero que atraviesa un precioso bosque mediterráneo que en estos primeros días de la primavera huele a romero, tomillo y otras hierbas aromáticas. El área que atravieso forma parte de la Sierra de la Albera, el último contrafuerte de los Pirineos antes de llegar al mar, y aquí el paisaje alpino que asociamos habitualmente con la cordillera pirenaica ha desaparecido para dar lugar a una vegetación típicamente mediterránea.

Paso campos de olivos y, especialmente, zonas de alcornoques usados tradicionalmente para la obtención del corcho con el que fabricar tapones para vinos y cavas. La zona ha sido desde siempre un productor destacado de estos productos. Combinando tramos de carretera asfaltada con pistas de tierra prosigo durante varios kilómetros la travesía de la Sierra de la Albera.

De vez en cuando se pasa cerca de espléndidas masías, la típica construcción agrícola catalana. Con sus gruesas paredes de piedra muchas llevan siglos siendo el centro de la vida rural, remontándose en algunos casos hasta la Edad Media. Las hay en estado ruinoso pero las que están bien conservadas son edificios imponentes.

Los olivos, encinas y alcornoques son remplazados por chopos y otra vegetación de ribera en el tramo de sendero que paralelo al rio Ricardell nos acerca al municipio de Biure.

En la plaza Mayor de Biure, junto a la iglesia, compro algo de picar y de beber en la única tiendecita del pueblo. La tranquilidad es absoluta.

Tras el descanso en Biure empieza una pequeña ascensión para cruzar la Sierra del Tramonts. Son apenas dos kilómetros de subida por una carretera asfaltada hasta que justo en el punto más alto nos desviamos a la izquierda por una pista pedregosa. En todo el terreno circundante se aprecian perfectamente las terrazas de cultivo en las laderas de cuando una superficie muchísimo mayor que la actual estaba cultivada por viñas antes de la llegada de la plaga de la filoxera en la segunda mitad del siglo XIX.

La ruta pasa junto a las ruinas del Santuario de Nuestra Señora del Roure. Parece ser que este antiguo monasterio fue destruido en la Guerra del Rosellón que tuvo lugar en esta zona en 1794, por eso llama la atención la presencia de una enorme grúa de obra y que aparentemente esté siendo reconstruido después de más de 200 años en ruinas.

Pasado el santuario una pista cementada desciende durante 4 kilómetros hacia Pont de Molins, población que como su nombre indica nació como lugar de cruce de un rio, en este caso el Muga.

A partir de aquí el paisaje cambia, pasando de la montaña, aunque suave, a la gran llanura ampurdanesa, la zona casi plana que recorren los rios Fluvià y Muga antes de desembocar en el Golfo de Roses. Es una zona muy fértil en la que predominan los cultivos de cereales, especialmente maíz, aunque en esta época del año los campos que llaman más poderosamente la atención son los de colza, por el intenso color amarillo de sus flores.

En lo últimos kilómetros del día antes de llegar a Figueres pasa un poco como en los alrededores de La Jonquera, la ruta ha de esquivar autopistas, carreteras y las vías del tren convencional y del de alta velocidad. Hay algún pequeño tramo no muy agradable por el arcén de la carretera N-II, pero en general el itinerario está bastante bien conseguido y mayoritariamente por pistas agrícolas conseguimos sortear todos estos obstáculos y acercarnos a la ciudad.

Una vez en Figueres se pierde completamente la señalización, pero es fácil seguir hacia el centro de la ciudad y la plaza del Ayuntamiento, donde finaliza la etapa.

Y si algo destaca en Figueres es la omnipresencia de Salvador Dalí, del que si nos quedan fuerzas podemos visitar su Teatro-Museo. Yo por hoy me conformo con una rápida vuelta por los alrededores.

Balance del día: 37,3 km con 506 m de desnivel positivo acumulado.

Tiempo en movimiento 6 h 14’ y tiempo total 7 h 53’

Puedes ver el track en Wikiloc aquí

Camí de Sant Jaume a pie: etapa 1B, de Port de la Selva a Figueres (31/03/2021)

Cuando alrededor de 2010 la Generalitat se propuso señalizar el tronco central del Camí de Sant Jaume en Catalunya hasta Montserrat (ya que de Montserrat hacia poniente ya se había recuperado unos años antes), decidieron dos puntos de inicio. El primero, el Coll de Panissars, tenía la lógica histórica de haber sido utilizado como punto de entrada a la península desde tiempos inmemoriales como atestigua el paso de las vías romanas Domitia y Augusta. El segundo punto de partida elegido fue el Monasterio de Sant Pere de Rodes que en la Edad Media había sido uno de los centros de peregrinación mas importantes de la Península Ibérica.

El monasterio, sin embargo, está enclavado en lo alto de una montaña, la sierra de Rodes, por lo que lo habitual es empezar el camino ascendiendo desde alguno de los municipios cercanos, generalmente Port de la Selva o a veces Llança, un poco más lejos pero con la comodidad de ser accesible en tren.

Yo parto de Port de la Selva, adonde he llegado en autobús desde Figueres (línea 30 de Sarfa-Moventis). Desde el frente marítimo de esta localidad turística de casas blancas basta seguir el Camí de Ronda, el sendero litoral que une Port de la Selva con Llança, la siguiente población en dirección norte. No hay marcas del Camí de Sant Jaume pero si múltiples marcas de otros itinerarios que siguen la misma traza, entre ellos el GR-92, el sendero de gran recorrido que recorre toda la costa mediterránea desde Port Bou hasta Cádiz.

Port de la Selva va quedando atrás cuando, a aproximadamente 1,5 km del pueblo, veo la primera flecha amarilla pintada en las rocas. Seguimos por el Camí de Ronda hasta pasar la pequeña playa del Port de la Vall en la que hay un camping. Pasamos por delante del camping y justo al final del mismo giramos a la izquierda abandonando definitivamente el sendero litoral.

En ese punto en el que hay que dejar el Camí de Ronda aparece el primer poste oficial de madera con el símbolo de la vieira indicativo del Camí de Sant Jaume. Si en lugar de empezar en Port de la Selva hubiéramos empezado en Llança, habríamos llegado a este mismo punto pero viniendo desde la dirección contraria y con un recorrido un poco más largo: desde donde yo he empezado llevo andados unos 2 km y desde la estación de tren de Llança hay aproximadamente 5 km hasta aquí.

Desde aquí el recorrido ya está señalizado con flechas amarillas. Reseguimos la valla lateral del camping hasta la carretera, la cruzamos yendo unos metros a la izquierda y enfrente empieza un camino de tierra que indica La Vall de Santa Creu y Sant Pere de Rodes. Arriba, en la ladera de la sierra de Rodes, ya se ve el monasterio al que nos dirigimos.

La pista se convierte pronto en un sendero pedregoso que va ascendiendo siguiendo el curso de la riera de la Vall.

Y llego a La Vall de Santa Creu, bonito núcleo de unas 30 casas de piedra rodeado de viñas y olivos. A pocos kilómetros de las playas y los municipios turísticos de Llança y Port de la Selva aquí parece que el tiempo se haya detenido en otra época.

Pasado La Vall el sendero sigue ascendiendo entre viñas, ahora con más pendiente. El camino es precioso y las piedras desgastadas por todos los que han transitado antes por aquí parecen indicar claramente que lleva siendo empleado desde hace muchísimo tiempo. Uno puede fácilmente imaginar una hilera de mulas en la Edad Media subiendo mercancías para los monjes siguiendo el mismo sendero que pisamos nosotros 1000 años después…

El mar va quedando cada vez más abajo y pronto llego por fin a la altura del Monasterio. Paso junto a la Font dels Monjos (la fuente de los Monjes) y alcanzo la entrada principal del conjunto monumental. Sant Pere de Rodes es uno de los ejemplos más sofisticados de arquitectura románica en Cataluña. Tuvo su época de esplendor entre los siglos XI y XIV, siendo un centro importante de peregrinación, aunque posteriormente fue entrando en declive a causa de guerras y pandemias hasta ser abandonado por los monjes a finales del siglo XVIII. Tras un largo período de decadencia, expolio y derrumbamiento desde los años 90 del pasado siglo la Generalitat empezó la restauración y recuperación de la abadía hasta dejarla tal como la vemos hoy.

El camino de Santiago, una vez alcanzado Sant Pere de Rodes, continua hacia la ermita de Santa Helena, a apenas 700 metros. Yo, sin embargo, no quería proseguir sin por lo menos dar una vuelta completa al monasterio para apreciarlo desde todos los ángulos.

Pero aún no tengo suficiente y para obtener una imagen más completa de la abadía me desvío del Camí de Sant Jaume y empiezo a ascender por el sendero que conduce a la cima de Sant Salvador Saverdera, que con 670 m de altitud es la montaña más alta de la Sierra de Rodes y sobre la cual se alzan las ruinas del Castillo de Verdera. La idea inicial era subir lo mínimo suficiente para poder hacer una foto del conjunto de Sant Pere de Rodes pero al final he decidido que ya que estaba allí continuaría hasta la cumbre para tener una vista todavía mejor.

Así que subiendo y subiendo llego por fin al Castillo de Verdera desde donde no sólo se disfruta de una vista casi aérea del Monasterio de Sant Pere de Rodes sino que puede obtenerse una espectacular panorámica de 360 grados a la redonda.

La vista es impresionante en todas direcciones. Por un lado la gran llanura ampurdanesa, la zona casi plana que recorren los rios Muga y Fluvià en sus últimos tramos antes de desembocar en el Golfo de Roses y que desde esta altura se muestra como un mosaico de campos sembrados en distintos tonos de verde salpicados por pequeñas poblaciones. En el extremo más alejado del Golfo de Roses se aprecia el macizo del Montgrí frente al cual, no visibles hoy por la niebla que cubre el mar, están las Islas Medes. Por el lado opuesto, la mole pétrea del Cap de Creus y toda la costa rocosa y abrupta del norte de la Costa Brava entre Cadaqués y Cervera, ya en Francia, un territorio conocido como La Mar d’Amunt, el mar de arriba, modelado por el viento y el agua.

Desde el castillo no es necesario volver al monasterio para retomar el Camí de Sant Jaume. Un sendero siguiendo la cresta de la montaña que poco después se convierte en una pista de tierra nos permite llegar hasta la Ermita de Santa Helena sin pasar de nuevo por Sant Pere de Rodes. Santa Helena es en realidad la iglesia del poblado de la Santa Creu, un pueblo surgido cerca del monasterio y donde residían los artesanos y comerciantes que atendían las necesidades de los monjes. Gracias a las peregrinaciones, entre los siglos XII y XIV el pueblo gozó de una gran prosperidad, hasta llegar a tener unos 250 habitantes. Pero igual que ocurrió con la abadía benedictina, las guerras, los saqueos y las epidemias, provocaron el abandono de Santa Creu. Lo único que hoy día permanece en pie es su iglesia, la Ermita de Santa Helena, y la ubicación es sencillamente espectacular.

Se dice que todo este conjunto de Sant Pere de Rodes permite contemplar en un mismo espacio los tres elementos que representan los puntales de la sociedad feudal: los que rezaban, en el monasterio; los que producían, en el poblado de Santa Creu, y los que luchaban, en el castillo.

Prosigo el camino, empezando a descender de la montaña, y a 1,5 km paso por el Mas Ventós, una enorme masía parcialmente en ruinas que hace de punto de información del Parque Natural del Cap de Creus, además de disponer de una zona de picnic y un espléndido mirador sobre el Golfo de Roses. El largo descenso continúa por un sendero que, tras pasar junto a una cruz blanca de piedra, me lleva a Pau, el primero de los pueblos de la llanura ampurdanesa que hemos de atravesar.

En Pau veo por primera vez una baldosa con una vieira incrustada en el pavimento de una calle, algo más elaborado que una simple flecha amarilla y que implica que el ayuntamiento se toma en serio el paso del Camino de Santiago por su término municipal, ¡bravo por el consistorio de Pau!

En cambio, no consigo encontrar ningún bar abierto en el pueblo, no se puede tener todo… Hace mucho calor, son casi las 13 h y desde que he salido de Port de la Selva no he pasado por ningún lugar donde comer o beber algo. Prosigo camino para recorrer los 2 o 3 kilómetros de pista agrícola entre viñedos y olivos que me separan del siguiente pueblo, a ver si hay suerte.

Y así llego a Vilajuïga, pueblo con una curiosa iglesia de fachada casi cuadrada, de donde pensaba que marcharía también sin encontrar ningún bar abierto hasta que justo a la salida de la población he encontrado uno donde por fin puedo comerme un bocadillo.

3 o 4 kilómetros por una pista agrícola cementada me llevan a Pedret, un núcleo de 4 casas, literalmente, alrededor de la enorme iglesia románica de Sant Esteve, del siglo XII. El terreno, tal como se adivinaba en las vistas aéreas desde la Sierra de Rodes unas horas antes, es prácticamente llano y casi todo el espacio disponible está aprovechado para la agricultura.

Tras Pedret se pasa por Marzà, otra tranquila población rural, y entre campos amarillos de colza ya se divisa en la distancia Peralada, hacia donde me dirijo.

Peralada es una antigua villa medieval muy conocida por su castillo, donde cada verano se celebra un importante festival de música. El castillo es privado pero podemos dar una vuelta por sus jardines, en los que abundan los nidos de cigüeña blanca. Después, por una de las antiguas puertas de las murallas entramos en la parte antigua de la ciudad.

La parte medieval es una pequeña maravilla que se recorre por estrechas callejuelas llenas de encanto. En una terraza de la plaza del Carme me siento a rehidratarme y reponer fuerzas.

En el centro de la parte antigua está el claustro románico de Sant Domènec, único resto que queda de un convento del siglo XI que hubo en este lugar.

Los 7 kilómetros que restan hasta Figueres siguen la misma tónica de combinar carreteras locales o pistas de tierra a través de zonas agrícolas. Sin nada demasiado remarcable nos vamos acercando a la ciudad. Poco antes de llegar se pasa por un último municipio, Vilabertran, desarrollado alrededor de un importante monasterio agustiniano fundado en 1069. Sorprendentemente, la señalización del Camí de Sant Jaume nos lleva por la parte moderna y anodina de la villa sin acercarnos a la parte antigua ni al monasterio, así que siguiendo las flechas amarillas he pasado de largo este monumento y he entrado en Figueres donde rápidamente llego a la Plaza del Ayuntamiento, punto final de la etapa de hoy y donde solo me queda celebrar el fin de la etapa con un refrescante helado.

Balance del día: 35,8 km con 855 m de desnivel positivo acumulado.

Tiempo en movimiento 6 h 17’ y tiempo total 8 h 39’

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Camí de Sant Jaume a pie: etapa 2, de Figueres a Bàscara (01/04/2021)

Entre Figueres y la siguiente gran ciudad de este itinerario, Girona, hay exactamente 50 kilómetros. Lo lógico sería partirlos en 2 etapas de alrededor de 25 pero la escasez de pueblos con posibilidad de alojamiento hace que habitualmente se divida en una etapa de 17 km hasta Bàscara, y en otra de 33 km entre esta localidad y Girona, dos jornadas de recorrido muy desigual. De todas formas, si se afronta esta etapa después de haber realizado el día anterior cualquiera de los dos inicios del Camí de Sant Jaume propuestos (Coll de Panissars-Figueres o Port dela Selva-Figueres), vendrá bien esta etapa tan corta tras la paliza del día anterior. Además, dado que bastan menos de 4 horas para completarla, sería posible dedicar la mañana a conocer Figueres más a fondo de lo que habría sido posible al llegar la tarde anterior, aprovechando para visitar por ejemplo el Teatro-Museo Dalí, y salir de la ciudad a última hora de la mañana (eso siempre y cuando no estemos en pleno verano ya que no sería muy agradable realizar la etapa en las horas de máximo calor).

En mi caso salgo de Figueres a primera hora de la mañana después de tomar un café en la Plaza del Ayuntamiento. La salida de la ciudad está sorprendentemente bien señalizada con vieiras incrustadas en el pavimento. Además, el recorrido es prácticamente recto: salimos de la Plaza del Ayuntamiento por la calle de la Portella, cruzamos la Rambla y tomamos la calle Sant Pau hasta que se termina en una rotonda. Giramos a la izquierda hasta la siguiente rotonda y a la derecha por el Camí de les Forques y ya estamos en el campo…

Enseguida cruzamos el barrio de Les Forques perteneciente al municipio de Vilafant. Aquí continúa la presencia de vieiras en el pavimento. Esto, que en otros Caminos de Santiago mucho más populares sería totalmente habitual, en éste no deja de sorprenderme.

Pasada Les Forques una carreterita nos lleva, pasando por debajo de las vías del AVE, hasta Santa Llogaia d’Àlguema, población que apenas se toca, y de nuevo salimos por asfalto hasta que al poco tomamos, por fin, una pista agrícola que nos aleja de las zonas urbanizadas a través de campos sembrados de colza con su característico color amarillo.

Combinando tierra y asfalto, aunque siempre con escaso tráfico, llego a Borrassà. El itinerario cruza este pueblo por su Plaza Mayor donde hay una iglesia con un campanario barroco altísimo que se divisa desde muchos kilómetros a la redonda en este terreno tan llano.

Menos de dos kilómetros después de Borrassà se cruza otro pequeño pueblo, Creixell, tras el que se inicia una pequeña subida por una pista forestal. No es gran cosa, apenas 100 metros de desnivel, pero supone un cambio en una etapa tan plana. Y no solo el ascenso rompe la rutina sino que tras tantos kilómetros de zonas agrícolas se agradece este pequeño tramo por el bosque.

Descendiendo ese ligero desnivel ganado entramos en Pontós, una bonita población con algunas casas señoriales de piedra bien conservadas.

Entre campos de maíz recorro la distancia que queda hasta Bàscara. Justo un kilómetro antes de llegar a esta población hay un tramo un poco confuso. Las flechas que nos dirigían por una pista están tachadas y unas nuevas indicaciones nos conducen al pueblo por el arcén de la carretera N-II para cruzar por ella el rio Fluvià. Es un tramo con mucho tráfico y sin casi arcén, así que no es muy agradable. Creo que el cambio de trazado responde a que por el original hay que cruzar el rio en un punto en el que no hay puente y solo puede pasarse cuando el caudal del agua está muy bajo, aunque lo que desconozco es si antes hubo un puente y ahora ya no o siempre ha sido así.

Afortunadamente pronto entramos en Bàscara, municipio con una parte amurallada que encierra un bonito casco antiguo presidido por las ruinas de su Castillo Episcopal y la enorme iglesia de Sant Iscle.

Y tras callejear por la parte histórica de Bàscara doy por concluida la etapa tomando una cerveza en un bar de su plaza Mayor.

Balance del día: 16,7 km con 170 m de desnivel positivo acumulado.

Tiempo en movimiento 2 h 52’ y tiempo total 3 h 54’

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Camí de Sant Jaume a pie: etapa 3, de Bàscara a Girona (03/04/2021)

Abandono el recinto amurallado de Bàscara por el portal de Girona y encuentro un panel informativo que presenta dos alternativas señalizadas para la etapa de hoy, una por Viladasens y otra por Vilademuls. Las dos son muy similares y atraviesan el mismo tipo de paisaje rural y pequeños pueblos agrícolas y ganaderos, aunque una es algo más larga que la otra (28,4 km por Vilademuls y 33,1 km por Viladasens). Realmente no tengo criterio para elegir una u otra y, casi al azar, acabo tomando la de Viladasens, la más larga, que parece ser la más habitual.

En cuanto dejo atrás el pueblo el asfalto da paso a una pista agrícola que me lleva a través de campos de colza florecidos con su característico y vistoso color amarillo.

Paso una enorme masía aparentemente abandonada y empieza una ligera subida a través de un pinar. En cuanto finaliza el ascenso ya se divisa a corta distancia el próximo pueblo, Orriols.

Orriols es un pequeño núcleo rural bien conservado cuyo edificio más notable es su antiguo castillo, ahora reconvertido en un hotel de lujo. Podría ser un final de etapa en lugar de Bàscara, permitiendo dividir la distancia entre Figueres y Girona en dos etapas de 21,2 y 28,9 km en lugar de un día de 17 y otro de 33,1, aunque no es el tipo de hotel que suelen frecuentar los peregrinos del Camino de Santiago…

Pasado el pueblo continúo por pistas agrícolas que serpentean entre campos de cultivo y que en algunos momento se combinan con tramos por carreteras locales. De vez en cuando se atraviesan pequeñas zonas de bosque.

Tras uno de esos tramos de bosque se llega a la pequeña ermita de La Mora, rodeada de olivos.

Desde la ermita en apenas un kilómetro llego a Viladasens, donde paro un rato a descansar y tomar un café.

El tramo siguiente hasta Cervià de Ter sigue la misma tónica. El paisaje es precioso, el camino es bueno y, en general, es un recorrido plácido, fácil y muy agradable. Solo las profundas roderas de los tractores en la pista nos alertan de que el terreno debe ser fácilmente embarrable y el recorrido podría complicarse mucho en caso de lluvia.

Paso por Cervià de Ter, otro más de los pueblecitos pintorescos de esta etapa, con un monasterio a la entrada y una zona antigua medieval con restos de las antiguas murallas que la rodeaban.

Poco después de Cervià de Ter la ruta se acerca a la orilla de este rio, el Ter, cuyo curso seguiremos a partir de ahora hasta el final de la etapa en la ciudad de Girona. El Camino de Santiago coincide en parte con la Ruta del Ter, un itinerario señalizado de unos 225 km desde el nacimiento del rio en Ulldeter hasta su desembocadura en la Gola del Ter, no demasiado lejos de aquí.

El paisaje en esta segunda mitad del día cambia completamente con vegetación de ribera como unos chopos altísimos. En este tramo el camino pasa por delante de Medinyà, sin entrar en la población, pero yo cruzo el puente por encima de la autopista que me separa del pueblo para buscar un bar donde comer algo. Encuentro uno enseguida y me como un bocadillo de butifarra buenísimo. Después vuelvo a cruzar el puente y sigo la ruta marcada. Justamente en este puente de Medinyà es donde se juntan las dos rutas que se nos habían presentado a la salida de Bàscara, la que pasa por Viladasens que he seguido yo y la alternativa por Vilademuls.

Esta Ruta del Ter es particularmente popular para hacer en bicicleta y en el tramo en el que coincidimos me he cruzado con varios grupos. Un kilómetro aproximadamente antes de llegar a Sarrià de Ter ambas rutas, el Camí de Sant Jaume y la Ruta del Ter, se alejan momentáneamente de la orilla del rio y avanzan por un estrecho andadero junto a la antigua carretera N-II. Este tramo es el peor desde que empecé el Camí de Sant Jaume: una carretera ruidosa con mucho tráfico, basura en el camino, una zona industrial decrépita, mal olor… lo tiene todo. Afortunadamente es corto y en cuanto empieza el casco urbano de Sarrià de Ter veo que el ayuntamiento ha tenido la deferencia de marcar todo el recorrido por el municipio con vieiras en el pavimento.

Este pueblo ha sido de siempre un lugar de paso, ya que por él transcurría la Via Augusta romana, además del Camino de Santiago y del Camino Real, nombre dado en la Edad Media a las vías principales de comunicación. Al final del municipio se llega a un puente sobre el Ter, en el mismo lugar en el que ya en tiempo de los romanos se alzaba el llamado Pons Maior. Con una historia compleja de guerras y riadas, el puente ha sido destruido y reconstruido varias veces a lo largo de la historia. El de piedra que estaba en pie desde la Edad Media fue volado en febrero de 1939 durante la Guerra Civil española y remplazado después de la contienda por el que ahora cruzamos.

Una vez cruzado el rio ya estamos en Girona, en el barrio de Pont Major, todavía muy lejos del centro de la ciudad. A partir de aquí la señalización del Camí de Sant Jaume prácticamente desaparece, pero no tiene pérdida. Hay que seguir todo el rato la carretera en línea recta, aunque vaya cambiando de nombre. Primero es la calle Pont Major, después el paseo Sant Joan Bosco y más tarde la calle de Pedret, pero fundamentalmente cada una es la continuación de la otra, van siempre paralelas al rio Ter (aunque no lo veamos porque está detrás de las casas de nuestra derecha) y nos llevan claramente hacia el centro de la ciudad. Siempre recto pasamos por una pequeña zona comercial e industrial y la propia continuación de la calle por la que venimos se convierte en un paseo junto un rio, el Onyar. Lo seguimos hasta llegar a una rotonda en la que hay una columna de piedra con inscripciones. Es la llamada Columna de la Historia de Girona, y en ella hay escritas las efemérides, los personajes ilustres y los acontecimientos fundamentales de la historia de la ciudad.

En este punto tenemos 2 opciones. A nuestra derecha tenemos un puente para cruzar el rio, el Pont de Pedret. Las indicaciones oficiales del Camí de Sant Jaume nos señalan que crucemos el puente para seguir la ruta. Si lo hacemos, pasaremos por el Parque de la Devesa bordeando la ciudad y saldremos de ella en dirección a Salt, el siguiente pueblo. Pero si lo hacemos no habremos siquiera pisado el casco histórico de Girona, lo cual me parece absurdo. No entiendo como se ha señalizado el Camí de Sant Jaume sin cruzar el centro de la ciudad como en cualquier otro Camino de Santiago: sería como rodear por fuera Burgos o León en el Camino Francés, o Cáceres o Salamanca en la Vía de la Plata, o Lugo en el Camino Primitivo o tantas otras grandes ciudades con zonas históricas interesantísimas que hay en todos los itinerarios jacobeos.

Así que mejor la segunda opción: giramos a la izquierda, pasando junto a la columna de piedra, pasamos bajo las vías del tren y enfilamos la calle Bellaire hacia el centro de la ciudad. Subiendo Bellaire la segunda calle a la derecha, llamada Pujada del Rei Martí, nos adentra en el casco antiguo y nos lleva directamente a la plaza de la Catedral, a los pies de las escaleras que ascienden a la puerta principal del templo.

Y es aquí, en la plaza de la Catedral, donde doy por terminada la etapa y lo celebro tomándome una cerveza bien fresquita en una terraza.

Y una vez descansados ya solo queda callejear un poco por el centro de Girona, uno de los núcleos medievales mejor conservados de toda Europa.

Y no perderse la vista de la ciudad desde los puentes sobre el rio Onyar, la estampa más típica de Girona.

Balance del día: 32,8 km con 265 m de desnivel positivo acumulado.

Tiempo en movimiento 5 h 41’ y tiempo total 7 h 49’

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Camí de Sant Jaume a pie: etapa 4, de Girona a Amer (24/04/2021)

Una vez llegados a Girona, para continuar hacia Montserrat se nos presentan varias alternativas cuyos recorridos son muy diferentes. En primer lugar la opción más directa que pasa por Sant Celoni, Granollers y Sabadell y es conocida como la Vía Augusta por seguir el trazado de esta antigua calzada romana. Es la opción aparentemente más lógica y la más corta, unos 150 km de Girona a Montserrat, y ha sido señalizada y mantenida desde hace unos quince años por la asociación Gerunda (la muy activa asociación de amigos del Camí de Sant Jaume de Girona). La segunda opción es la Vía Marina de la Vía Augusta, una variante que se desvía de la primera en Riudellots de la Selva para dirigirse hacia la costa y llegar a Barcelona resiguiendo el litoral. Ya en época romana la Vía Augusta disponía de este ramal costero y por tanto tiene una base histórica. Su recuperación era un viejo anhelo de la asociación Gerunda y se ha culminado recientemente por lo que todavía es poco conocida. Esta Vía Marina termina en la ciudad de Barcelona así que para proseguir hacia Montserrat habría que continuar por cualquiera de los dos itinerarios señalizados entre la capital catalana y la abadía benedictina, el que va siguiendo el curso del Llobregat y pasa por Martorell o el que sale de Barcelona por Collserola pasando por el monasterio de Sant Cugat.

Sin embargo, cuando la Generalitat decidió señalizar y promocionar una ruta principal que atravesara Cataluña no eligió ninguna de estos itinerarios basados en el trazado de la Vía Augusta romana, ni el del interior ni el de la costa, sino que aprovechó la existencia de itinerarios senderistas más o menos consolidados como vías verdes o senderos de gran recorrido (GR) para crear su propuesta, que como se ve en el mapa da un pequeño rodeo y acaba totalizando unos 180 km entre Girona y Montserrat. Por último, existe una variante señalizada de este itinerario “oficial” que acorta entre el Pasteral y Vic siguiendo el curso del rio Ter por la zona de los pantanos de Sau y Susqueda. Tomando esta alternativa el total entre Girona y Montserrat se acorta en unos 15 km, quedando un recorrido total de 165 km.

Yo esta vez sigo el camino “oficial”, dejando el resto de rutas para futuras ocasiones.

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Empiezo la etapa en la catedral de Girona, donde terminé la anterior. Desde allí la señalización del ayuntamiento nos envía por la calle de la Força para atravesar el Call, el antiguo barrio judío medieval. La calle cambia de nombre a Bonaventura Carreras primero y a Ciutadans después, siendo siempre la continuación bastante evidente una de la otra. Pasamos delante del albergue de Girona y llegamos a la Plaza del Ví, donde está el ayuntamiento.

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Al final de la plaza las indicaciones nos marcan girar a la derecha para cruzar el rio Onyar por el Pont de Pedra desde donde contemplamos por última vez la estampa del barrio antiguo de Girona presidido por la catedral.

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Cruzado el rio giramos de nuevo a la derecha por la calle Santa Clara, una arteria comercial dormida a estas horas de la mañana en la que aún no han abierto las tiendas, y desandamos por este lado del rio el trayecto que habíamos hecho por el barrio antiguo, hasta llegar a la plaza de la Independencia. En esta plaza giramos a la izquierda y enseguida llegamos al Parc de la Devesa, un gran parque urbano a orillas del rio Ter. Aquí ya no hay indicaciones del Camí de Sant Jaume, pero basta con seguir el paseo que bordea el parque hasta el final, donde están la Fira de Girona y una rotonda al otro lado de la cual encontramos las indicaciones del inicio de la vía verde conocida como el Carrilet.

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Esta vía verde tiene su origen en el antiguo ferrocarril de vía estrecha que comunicaba Olot con Girona, donde enlazaba con la línea principal de Barcelona a Francia. Este tren se inauguró en 1911 y estuvo en funcionamiento hasta el cierre de la línea en 1969. Tras años de abandono, en los 90 se rehabilitó como vía verde, y durante todo el resto de la etapa de hoy el Camino de Santiago sigue su mismo recorrido. De hecho, junto al cartel que indica el inicio del Carrilet rencontramos los postes de señalización del Camí de Sant Jaume.

Entre huertos avanzamos hasta pasar el límite entre Girona y Salt, aunque no llegamos a entrar en el casco urbano de este municipio, que queda siempre a nuestra izquierda. Atravesamos la dehesa de Salt y seguimos por la vía verde. La ruta va siguiendo el curso del río Ter aunque desde la salida de Girona no hemos visto el agua en ningún momento ya que avanzamos por zonas agrícolas a unas decenas de metros de la orilla.

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Justo antes de llegar a Bescanó el sendero se acerca a la orilla del río en un punto conocido como la Pilastra, una zona dedicada al piragüismo de aguas bravas, donde precisamente hoy se está celebrando la Copa de España de Kayak Freestyle.

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Pasada la Pilastra, una ligera subida y llego a Bescanó, donde se pasa por el edificio de la antigua estación del ferrocarril, utilizado actualmente como punto de información turística del municipio, aunque temporalmente está cerrado. En Bescanó, y en el resto de núcleos que atravesaré hoy, la vía verde pasa siempre por las afueras y el Camí de Sant Jaume, dado que está señalizado siguiendo estrictamente la vía verde, no entra nunca en el pueblo. Esto tiene dos consecuencias: la primera es que nos perdemos conocer el casco antiguo y las partes más pintorescas de cada municipio, y la segunda, de índole más práctico, es que tampoco encontraremos bares o cualquier otro comercio. En caso de necesidad hay que desviarse y buscar el centro de cada localidad.

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Durante los siguientes 7 kilómetros, entre Bescanó i Bonmatí, el Carrilet avanza pegado a la carretera y rodeado de campos mayoritariamente de maíz, aunque los de colza, con sus características flores amarillas, son los que ponen una nota de color en el paisaje.

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Por el camino se pasa por la central hidroeléctrica de Vilanna, de principios del siglo XX y construida en estilo novecentista, una muestra interesante de arqueología industrial. Poco después, en un tramo en el que la vía verde va paralela a la carretera, veo una panadería con cafetería al otro lado y aprovecho para hacer una parada. Quinientos metros después, al cruzar el pequeño núcleo de Vilanna, se pasa junto a un bar-restaurante, uno de los pocos que veremos a pie de camino en toda la etapa.

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La siguiente población es Anglès, que una vez más solo bordearemos por el exterior. Hay indicaciones para acceder al centro, si fuera necesario, donde encontraremos tanto lugares para comer como alojamientos. A la salida de la población pasamos por la antigua estación del carrilet, de estilo modernista, reconvertida en sede de la policía municipal.

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A la salida de Anglès una larga recta de unos dos kilómetros entre campos nos lleva a la Cellera del Ter y un par de kilómetros más nos acercan al Pasteral. A medida que avanzamos algo cambia ligeramente en el paisaje y se hace un poco más montañoso. Estamos en la transición entre la llanura fluvial por la que hemos circulado todo el día y el macizo de las Guilleries, una zona montañosa que forma parte de la cordillera Transversal, un obstáculo a superar en las próximas etapas.

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En el Pasteral cruzamos el Ter a pocos metros de la presa del embalse del mismo nombre y justo al otro lado encontramos las indicaciones hacia los embalses de Sau y Susqueda, la variante conocida como Ruta de los Pantanos que vuelve a unirse a la que estamos siguiendo en Vic, a dos o tres días de marcha de aquí. En el Pasteral hay alojamiento, así que sería el final de etapa adecuado si se pretendiera seguir al día siguiente por la ruta de los Pantanos. En ese caso acabaríamos aquí y la etapa Girona-El Pasteral hubiera sido de 25,4 km y 130 m de desnivel positivo acumulado.

En mi caso sigo el itinerario “oficial” que continúa por la Vía Verde, que en los 3,5 km que quedan hasta Amer se adentra en una zona montañosa y boscosa, completamente diferente al resto de la etapa. Por primera vez en todo el día afrontamos una pequeña subida por una zona forestal, rompiendo la monotonía de llanuras agrícolas y vegetación de ribera que ha sido la constante desde la salida de Girona.

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Llegando a Amer, como en todos los municipios que hemos atravesado hoy, el recorrido del Carrilet circunvala por fuera la localidad. Así que, si como es mi caso, queremos acceder al centro, hemos de abandonar la vía verde. Para ello, aprovechamos el punto en el que el itinerario confluye con la carretera C-63, enfrente del cementerio de Amer, para seguir por el arcén de esta carretera unos cientos de metros hasta que al iniciarse el casco urbano nos desviamos a la izquierda por la calle Girona para dirigirnos a la parte antigua de la localidad. Un cartel nos recuerda que esta calle era el antiguo Camí Ral, es decir la vía de acceso tradicional a la población. Al final de la calle giramos a la derecha y enseguida llegamos a la Plaça de la Vila, la plaza mayor porticada que es considerada la segunda más grande de Cataluña, y donde doy por finalizada la etapa.

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Balance del día: 29,0 km con 190 m de desnivel positivo acumulado.

Tiempo en movimiento 4 h 49’ y tiempo total 7 h 11’

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Camí de Sant Jaume a pie: etapa 5, de Amer a Sant Esteve d’en Bas (03/05/2021)

Empiezo en la plaza mayor porticada de Amer. Desde aquí, para rencontrar la vía verde, de la que nos habíamos desviado para acceder al casco histórico de la villa, hay que tomar la calle Narcís Junquera que, tras pasar bajo un arco, nos lleva al Monasterio de Santa María de Amer, fundado en el siglo X aunque el edificio ha sufrido múltiples transformaciones posteriores. Pasado el templo se gira a la izquierda por la calle Mossen Cinto Verdaguer y luego a la derecha por la Pujada de l’Estació que nos lleva directamente a la antigua estación del carrilet.

A partir de la estación, reutilizada como dependencias municipales, nos incorporamos al itinerario de la vía verde que ya no abandonaremos en toda la etapa de hoy. En cuanto dejamos la población atrás el camino transcurre entre frondosos bosques de hayas, robles y encinas, muy diferente al paisaje de llanuras agrícolas predominante en la etapa anterior entre Girona y Amer.

A las afueras de Amer, a unos 3 kilómetros desde el inicio de la etapa, un desvío a la derecha nos acerca a la Font Picant, una fuente natural de agua con gas que se embotella y comercializa desde hace más de un siglo. Más adelante, al cruzar un viaducto, tenemos a la izquierda una bonita vista de la montaña del Far, con forma “molar” característica y sobre la que se emplaza un Santuario del siglo XI.

El primer pueblo que atravieso es Les Planes d’Hostoles. Cómo en otros núcleos atravesados por este antiguo ferrocarril el recorrido nos lleva por los límites del casco urbano y sólo si queremos entrar en la población debemos abandonar la ruta señalizada y dirigirnos hacia el centro histórico.

Tras cruzar la carretera de entrada a Les Planes d’Hostoles el carrilet pasa por un puente sobre el río Brugent desde el que se divisa debajo una zona ideal para el baño. Un sendero señalizado como Gorg de Can Poetí permite descender a esta poza que en días calurosos sería perfecta para refrescarse. Hoy el tiempo no acompaña, pero sigue siendo un lugar ideal para un descanso antes de proseguir la ruta.

La vía verde da un gran rodeo alejándose del pueblo para acabar acercándose nuevamente al casco urbano en el extremo opuesto de la población. Después continúa avanzando entre bosques de forma más o menos paralela al río Brugent al que vuelve a aproximarse unos kilómetros después en otra zona ideal para descansar o para darse un baño en un día de calor.

El siguiente pueblo es Sant Feliu de Pallerols. Aquí el carrilet si que atraviesa por el casco urbano y en algún tramo la vía verde es una calle más del municipio. Al pasar por el edificio de la antigua estación veo que ha sido reconvertido en un bar, así que decido parar a comerme un bocadillo.

Los siguientes kilómetros combinan tramos de bosque con otros más agrícolas en los que además de circular junto a campos sembrados se pasa también por algunas masías magníficas.

Unos 4 kilómetros después de Sant Feliu de Pallerols encontramos la iglesia románica de Sant Miquel de Pineda junto a la cual una pareja escocesa ha reconvertido el edificio de la antigua rectoría, de más de 800 años de antigüedad, en una casa de turismo rural. El conjunto de los dos edificios y el entorno en el que se enclavan son espectaculares y, aunque hoy pase de largo, espero volver y tener algún día la oportunidad de alojarme.

En el kilómetro 20 de la etapa la vía verde desemboca en una carretera asfaltada. Es un tramo de carretera en desuso dado que se ha construido una alternativa y durante unos dos kilómetros se anda por ella. En los primeros 500 metros de carretera se asciende a un alto, el Coll d’en Bas. En realidad durante todo el día hemos ido ascendiendo de forma suave pero constante y este tramo solo supone un ascenso un poco más abrupto durante esos 500 metros hasta culminar en el punto más elevado de toda la etapa, en el que hay una antena de comunicaciones. A partir del collado empieza el descenso hacia el valle conocido como Vall d’en Bas y poco después abandonamos el asfalto para volver al sendero de tierra habitual de la vía verde.

Los últimos 3,5 kilómetros son realmente preciosos, entre campos, bosques y masías de este pintoresco valle. Desde la salida de Girona en la etapa anterior el Camí de Sant Jaume circula durante más de 50 km siguiendo la ruta del carrilet, el antiguo ferrocarril Girona-Olot, y, aunque todo el recorrido es muy bonito, estos últimos kilómetros son especialmente memorables.

Y finalmente llego a Sant Esteve d’en Bas, núcleo principal del valle. El camino rodea el casco urbano siguiendo una riera y tras cruzarla se convierte en la calle de l’Andana. Si seguimos las indicaciones de la vía verde continuaríamos por esta calle y a aproximadamente un kilómetro de aquí, a las afueras del pueblo, pasaríamos por el albergue de la Vall d’en Bas. En mi caso no sigo la señalización sino que por la calle Santa Anna entro en la parte antigua del pueblo hasta llegar al ayuntamiento y la Plaza Mayor, donde finalizo la etapa.

Balance del día: 25,3 km con 451 m de desnivel positivo acumulado.

Tiempo en movimiento 4 h 14’ y tiempo total 5 h 47’

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Camí de Sant Jaume a pie: etapa 6, de Sant Esteve d’en Bas a Roda de Ter (08/05/2021)

Situados en la plaza Mayor de Sant Esteve d’en Bas, frente a la iglesia, una vieira en el suelo nos marca el itinerario de salida del pueblo. Descendemos por unas escaleras y llegamos a la calle Sant Esteve. Guiados por las marcas del pavimento giramos a la derecha por la calle Sant Josep y siguiéndola todo recto enlazamos con la vía verde que habíamos abandonado para entrar en el casco antiguo del municipio.

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Apenas 100 metros por la ruta del Carrilet y llegamos a un cruce importante. Aquí la vía verde que hemos seguido desde la salida de Girona y por la que hemos circulado durante 55 kilómetros continúa hacia el norte hasta su final en Olot, estación término de este antiguo ferrocarril y de la que nos separan menos de 10 kilómetros, pero el Camí de Sant Jaume cambia de dirección y su trazado se separa definitivamente del del Carrilet.

Un breve tramo por asfalto y tomamos una pista agrícola a la izquierda que más adelante nos lleva a cruzar el rio Fluvià por un puente de piedra. Entre campos y masías y por un terreno prácticamente llano llegamos rápidamente al siguiente pueblo, Hostalets d’en Bas.

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Hostalets es un pequeño núcleo pintoresco cuyo topónimo hace referencia a su nacimiento alrededor de un “hostal” para hospedar viajeros. Y es que la ruta que seguimos es la del antiguo Camí Ral (o camino Real) de Vic a Olot, utilizada desde tiempos inmemoriales para la unión de estas dos poblaciones y más allá, hacia Francia por el norte y hacia Barcelona por el sur. Los caminos reales eran la red principal de comunicación en la época medieval, en muchos casos aprovechando trazados anteriores establecidos por los romanos. Y para el alojamiento y manutención de los viajeros cuando se transitaba a pie o a caballo se crearon los hostales como el que dio origen a esta población que, curiosamente, sigue teniendo siglos después un número inusitado de restaurantes en proporción al número de habitantes. Aunque hoy en día la mayoría llegan a comer en coche…

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Dejando atrás Hostalets d’en Bas, durante los siguientes dos kilómetros seguimos por una pista agrícola, primero asfaltada y después de tierra, en los que aún recorremos la llanura agrícola del fondo del valle, hasta que al pasar una casa de turismo rural llamada L’Esquirol las indicaciones nos desvían de la pista para iniciar a la derecha el ascenso por un sendero empedrado que corresponde a un tramo restaurado del Camí Ral original.

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La recuperación del Camí Ral llevada a cabo desde 2007 no ha consistido solo en la señalización del itinerario histórico sino que se ha realizado una verdadera obra de excavación arqueológica en la que se han retirado los sedimentos que cubrían la antigua calzada hasta hacer aflorar las piedras originales de los siglos XVII-XVIII. Se cree que la construcción del camino en esa época tuvo el propósito principal de facilitar el transporte de la madera de estos bosques hacia Barcelona, para la construcción de galeras para la armada real.

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El sendero asciende desde la llanura de la Vall d’en Bas hasta las alturas del Collsacabra, una meseta natural limitada en sus vertientes sur y este por acantilados rocosos y enclavada en la cordillera Transversal catalana, atravesando en su recorrido rincones de gran belleza. Para ir del llano al altiplano en los siguientes 2,5 kilómetros hemos de salvar unos 400 metros de desnivel.

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El bosque de hayas y robles, la antigua calzada, el canto de los pájaros, las piedras cubiertas de líquenes y musgos, la alfombra de hojas secas en el suelo…, todo forma un conjunto difícil de describir. Sencillamente espectacular.

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En el bosque más cerrado, donde la luz del sol casi no llega al suelo, se pasa por la fuente de las Marrades, lugar de descanso antes de afrontar un tramo de subida particularmente pronunciada para salvar el llamado Grau d’Olot, el último obstáculo antes de llegar al altiplano.

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Para superarlo, el camino histórico realiza una serie de giros en zigzag y es precisamente en este tramo donde mejor se conserva el pavimento antiguo original. Se considera que fue una notable obra de ingeniería en la época de su construcción y sorprende saber que hasta prácticamente finales del siglo XIX esta era la principal vía de comunicación entre Olot y Barcelona. Este tramo se conoce como Les Marrades, que podría traducirse como “los rodeos”, precisamente por las curvas que se ve obligado a hacer el camino para salvar el desnivel, y no solo conserva la calzada original en notable buen estado sino que vemos también otros elementos de la obra de ingeniería como los muros de contención o los canales de desagüe.

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El ascenso termina en el Hostal del Grau, antiguo hostal del Camí Ral ahora convertido en residencia particular. Está ubicado en un lugar privilegiado, justo en el borde del altiplano antes de iniciar el descenso (o al terminar el ascenso si se viene de abajo como es mi caso) y por ello era parada obligada de los arrieros tanto si viajaban en un sentido como en el otro. Pasada esta casa el paisaje cambia y entramos en una meseta en la que combinamos pastos para el ganado con tramos de bosque. Más adelante salvamos una riera por el puente del Hostalot, otro topónimo que hace referencia a la existencia cercana de hospedaje para acoger a los viajeros que se aventuraban a cruzar el Collsacabra.

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El terreno es mucho menos abrupto, aunque no llano, y en algunos momentos contemplamos desde las alturas el valle del que procedemos, con Sant Esteve y Hostalets d’en Bas a tiro de piedra y las cumbres nevadas de los Pirineos como telón de fondo. Circulamos durante un par de kilómetros por una carretera asfaltada antes de abandonarla a la izquierda por una pista tras cruzar una cancela para ganado..

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La pista serpentea entre bosques y prados destacando un tramo en el que de nuevo se atraviesa un hayedo espectacular.

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Entre prados y rodeados de montañas con su característica forma molar se llega a un collado, el Coll de Pallerols, aunque en ningún momento hay la sensación de estar ascendiendo un puerto, es más bien una sucesión constante de subidas y bajadas. A partir de ahí por un sendero entre cercados donde pastan vacas nos vamos acercando al siguiente pueblo, Cantonigròs. Leo en una guía del Camí de Sant Jaume: “el camino entra en Cantonigròs después de atravesar unos bosques y prados que el peregrino no rencontrará hasta Galicia”. Quizás el autor se tomó una licencia literaria y exageró un poco pero ciertamente los aproximadamente 18 kilómetros entre Sant Esteve d’en Bas y Cantonigròs son para enmarcar. De entre los Caminos de Santiago que conozco, que ya son unos cuantos, la pondría sin duda entre las 10 etapas más bonitas que he recorrido. Si queréis hacer un día una sola etapa de camino de Santiago en Cataluña, venid a hacer ésta.

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Cantonigròs tiene la característica forma alargada que adoptan los núcleos nacidos a la vera de una vía de comunicación, en este caso del Camí Ral, y, de hecho, el pueblo se originó a partir de un hostal para los caminantes fundado en 1565 por un tal Antoni Prat, apodado familiarmente Toni Gros. Aprovecho para parar en un bar a comer algo antes de proseguir, por un camino empedrado casi siempre en bajada, hacia L’Esquirol, a 3 o 4 kilómetros de aquí.

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Otra vez más l’Esquirol es un pueblo nacido a partir del Camí Ral, alrededor del lugar en el que se construyó un puente para salvar la riera de Les Gorgues. Generalmente se propone como fin de etapa en el Camino de Santiago pero yo he preferido convertir 3 etapas habituales (Sant Esteve d’en Bas-L’Esquirol 21,4 km; L’Esquirol-Vic 18,7 km y Vic-L’Estany 20,1 km) en dos de alrededor de 30 kilómetros cada una: Sant Esteve d’en Bas-Roda de Ter y Roda de Ter-L’Estany), así que mi periplo de hoy continúa unos kilómetros más.

Esos kilómetros que quedan transcurren mayoritariamente entre pastos y granjas ganaderas y son siempre descendentes. Estamos bajando desde el altiplano del Collsacabra hasta la depresión de la Plana de Vic, excavada por el río Ter y sus afluentes, así que el paisaje va variando a medida que avanzamos.

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Pocos kilómetros antes del final se bordea una zona industrial para continuar por pistas agrícolas y ganaderas hasta las primeras casas de Roda de Ter. Atravieso la parte moderna del municipio y llego al casco antiguo y a su plaza Mayor, a pocos metros del Pont Vell sobre el Ter, de origen medieval. En la plaza, frente al ayuntamiento, doy por concluida la etapa.

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Balance del día: 33,4 km con 769 m de desnivel positivo acumulado.

Tiempo en movimiento 5 h 57’ y tiempo total 7 h 30’

Puedes ver el track en Wikiloc aquí.