Camino Primitivo a pie, Septiembre 2016

Esta es la crónica del Camino Primitivo, mi primer Camino de Santiago a pie tras haber hecho varios en bicicleta. Como en caminos anteriores, el relato está escrito en riguroso directo cada noche al terminar la etapa del día. Aquí simplemente he juntado todas las etapas en orden cronológico para facilitar su lectura sin realizar ningún cambio.

El Camino Primitivo, mi primer Camino a pie

Desde el tren que me lleva a Oviedo empiezo el relato del nuevo Camino que me he propuesto recorrer. Mañana empiezo desde la capital asturiana el Camino Primitivo a Santiago, aunque esta vez, a diferencia de todas las anteriores que podéis leer en este blog, voy a ir a pie en lugar de en bicicleta.

El Camino Primitivo se llama así porque fue el primer itinerario empleado para visitar la tumba del apóstol Santiago. En el siglo IX, pocos años después de que se descubriera la supuesta tumba del apóstol, el rey Alfonso II de Asturias, conocido como el Casto, decidió acudir a visitarla, siendo la primera peregrinación jacobea de la que se tienen referencias históricas. El itinerario actual coincide bastante fielmente con el utilizado en aquellas primeras peregrinaciones medievales.

Comparado con el camino más popular, el Francés, y con los que le siguen en popularidad como el Portugúes, el del Norte o la Vía de la Plata, el Primitivo se diferencia por el tipo de terreno. Es de todos estos el más montañoso y, según dicen, el más duro. Al mismo tiempo permite disfrutar de los paisajes del interior de Asturias siendo una de las rutas a Santiago más bonitas.

En este plano, cortesía de Gronze.com se puede ver el Camino Primitivo y su ubicación respecto al resto de Caminos a Santiago que cruzan la Península Ibérica. Es el de color amarillo que partiendo de Oviedo recorre el oriente asturiano, pasa por Lugo y se junta con el Francés (de color verde oscuro) en Melide, a unos 50 km al este de Santiago. El recorrido total desde Oviedo son aproximadamente 320 km.

Hasta hace poco tiempo ni siquiera me había planteado el hacer un Camino a pie. Me gusta hacer rutas en bicicleta de montaña y el nombre de este blog claramente indica que está dedicado a eso. Pero hace más o menos un mes y medio decidí emprender este viaje. ¿Por qué?… ni idea. Probablemente para variar, para hacer algo nuevo, para enfrentarme a un reto diferente… En mis caminos en bici he ido encontrando gente que me animaba a probar la experiencia de hacer una ruta andando. Recuerdo en particular una cena en el albergue de la Calzada de Béjar (Salamanca) en la Vía de la Plata en la que cinco o seis peregrinos con experiencia en varios caminos diferentes recomendaban el Primitivo para quien le guste la montaña. Y recuerdo otra tarde el año pasado en un bar de Rabanal del Camino (León) en el que el hospitalero del albergue del Pilar nos invitó a Blanca y a mí a tomar algo mientras nos explicaba cómo él veía muy diferente la experiencia de hacer el Camino en bici o hacerlo a pie porque en bici hay mucho menos contacto con otros peregrinos y eso nos hace perder una parte esencial de las vivencias. Estos retales de información van quedando grabados en algún lugar de la mente y de repente un día te das cuenta de que es el momento de probarlo. Así que aquí estoy, preparado -o no, eso ya se verá los próximos días- para echar a andar mañana.

A las once de la noche he llegado a Oviedo para descubrir que son las fiestas de aquí… ¡Fantástico!, sábado noche en plena fiesta mayor y yo en un hotel en el centro del meollo. En las calles de alrededor hay miles de jóvenes de juerga…. Creo que será una noche muy larga y yo mañana he de madrugar, ¡Buen Camino!

Día 1, de Oviedo a San Juan de Villapañada (17/09/2016)

Afortunadamente estaba tan cansado que he podido dormir y no me he enterado de lo que pasaba en la calle. Sin embargo, cuando a las 7 de la mañana salgo del hotel las calles del centro parecen un campo de batalla. Hay botellas y vasos rotos y otros restos de la juerga nocturna por todas partes y hay zonas que resbalan por todo los líquidos que han caído…  Mientras muchos siguen la fiesta y las brigadas de limpieza intentan restablecer la normalidad, yo me dirijo hacia la Catedral, punto en el que se inicia la señalización del Camino Primitivo. Una vez allí no hay forma de encontrar las señales. En esta zona de la ciudad la ruta está marcada con conchas de bronce insertadas en el pavimento pero con el estado de las calles y con la poca luz que hay a estas horas de la mañana no hay forma de verlas. Aparecen tres alemanes con mochilas que están más perdidos que yo pero al final conseguimos averiguar cuál es la calle por la que hay que ir y echamos por fin a andar. En cuanto me alejo del centro la cosa cambia y casi no hay nadie en las calles. Enseguida termina la ciudad y aparece por fin el verde…

Poco después el Camino transcurre por la ladera de una montaña mientras un mar de nubes cubre el fondo del valle. El paisaje hace olvidar rápidamente el caos vivido en el centro de Oviedo.

Todo el día es una sucesión de bosques, prados y pequeños núcleos de población, con subidas y bajadas pero sin ningún alto a destacar. De vez en cuando voy encontrando otros peregrinos, muchos de ellos extranjeros. Siempre me sorprende la cantidad de gente que viene desde muy lejos para dedicar sus vacaciones a hacer el Camino de Santiago. En un bar en el que he parado a desayunar tenía, por ejemplo, a tres brasileños en la mesa de al lado.

Se ven a menudo manzanos de las variedades usadas para la elaboración de sidra. No grandes plantaciones sino unos cuantos árboles cada vez, probablemente para la producción casera de la bebida asturiana por excelencia. A finales de septiembre es justamente la época en que se recolectan, por eso ahora los árboles están cargados de manzanas.

Y así he llegado a Grado, la población más importante de la etapa aparte de Oviedo. Era día de mercado y he aprovechado para comprar algo para la cena ya que el albergue al que voy está aislado y no tiene ningún bar ni tienda cerca.

Pasado Grado solo quedan tres kilómetro, casi todos de subida, para llegar a San Juan de Villapañada donde está el albergue. Es un núcleo de cuatro casas elevado y con bonitas vistas sobre el valle. El albergue es pequeño y sencillo pero su hospitalero, Domingo, es excepcional y consigue crear un ambiente fantástico. Para ser el primer día no ha estado nada mal.

Balance del día: 32,7 km y 465 m de desnivel positivo acumulado.

Día 2, de San Juan de Villapañada a Bodenaya (19/09/2016)

Antes del amanecer me pongo en marcha con el recuerdo del magnífico ambiente que se ha creado en el albergue de Domingo. Estoy casi seguro de que algunos de los que hemos dormido aquí hoy seguiremos encontrándonos los próximos días y quién sabe si llegaremos juntos hasta Santiago.

Los primeros kilómetros del día el Camino remonta hasta un collado, el Alto del Fresno, que, como ayer al salir de Oviedo, ofrece una vistas preciosas del mar de nubes en el fondo del valle. Más tarde, al descender el alto por el otro lado, seremos nosotros los que nos adentraremos en la niebla, que nos acompañará durante gran parte de la mañana.

Por caminitos entre bosques van pasando los kilómetros. Más tarde me encuentro con Josué, un chico de Girona con el que había coincidido en el albergue, y seguimos juntos hasta Cornellana donde paramos a desayunar. A la salida de Cornellana se pasa por el monasterio de San Salvador fundado hace casi mil años.

Después de Cornellana hay un tramo un poco feo, con una subida por una carretera en obras y los alrededores de una cantera pero después viene la recompensa con un bosque espectacular. Las piedras y troncos cubiertos de musgo, la hojarasca en el suelo y la niebla enganchada en los arboles crean un conjunto casi mágico.


Me han adelantado dos bicigrinos portugueses que también durmieron ayer en el albergue de San Juan de Villapañada. Me han dado un poquito de envidia pero también me está encantando la experiencia de un Camino a pie. Tengo que venir un dia a repetirlo en bici…

Sobre las 12 llego a Salas donde vuelvo a encontrar a Josué tomando una cerveza en un bar. Me uno a él y un rato después cambiamos a Casa Pachón, un sitio que recomiendan para comer todas las guías y foros del Camino Primitivo. Nosotros queríamos solo unas tapas porque su menú tiene fama de ser superabundante y nos quedaba aún una buena caminata para llegar al albergue que sería dura de hacer después de una comilona. Pero cuando ya teníamos las cervezas en la mano nos hemos enterado que solo se podía comer el menú así que decidimos tomar esas cervezas en Casa Pachón y luego ya buscaríamos donde comer unas tapas. Mientras, han ido llegando otros de los que habían dormido en nuestro albergue. Nos juntamos seis o siete primero y varios más que han aparecido después y acabamos comiendo unos cachopos en un bar, la especialidad asturiana hecha con dos filetes de ternera rellenos con jamón y queso y fritos empanados en huevo y pan rallado. Una cosa ligerita… Entre unas cosas y otra he pasado casi tres horas en Salas.

Después de comer nos quedan 7 duros kilómetros de fuerte ascenso hasta Bodenaya. Se hacen duros con el estómago lleno y el calor que hace ahora. Cuando al fin llegamos al albergue la acogida es espectacular. David, el hospitalero, intenta que todo el mundo se sienta como en casa y forme parte de una gran familia. Se cena y desayuna todos juntos, se crea un ambiente propicio para hablar y para compartir, y consigue crear una experiencia del camino más tradicional y más humana. Un albergue absolutamente recomendable para entender lo que es el espíritu del Camino.

Y así, con este buen rollo, acabamos la segunda etapa. Mañana más.

Balance del día: 28,3 km y 814 m de desnivel positivo acumulado.

Día 3, de Bodenaya a Campiello (20/09/2016)

Como ayer al salir del albergue de San Juan de Villapañada, hoy partimos con las pilas completamente recargadas después de las buenas sensaciones que nos ha dejado el albergue de David. No solo te acoge en su casa (como quiere que consideremos su albergue) sino que prepara la cena y el desayuno y te lava la ropa y todo ello a cambio de la voluntad que cada uno quiera dejar. Aunque obviamente necesita esa “voluntad” para mantener el albergue en marcha la principal razón que le impulsa es probablemente la vocación de servicio a los demás. Como escribí ayer, todo un ejemplo de lo que es el verdadero espíritu del Camino, algo difícil de explicar si no se vive en persona. Gracias, David.


La primera parte del día son los 12 kilómetros que nos separan de Tineo. Casi todo transcurre por caminos de carro y senderos a través de bosques y zonas de pasto. Encontramos algunos tramos con barro pero por lo demás se avanza rápido y el camino es muy agradable, siempre en plena naturaleza.


No se cruza ningún pueblo, a lo sumo algunas pequeñas aldeas sin ningún servicio. Algún otro tramo embarrado y finalmente llegamos a Tineo, el único municipio de cierto tamaño que cruzaremos hoy.


Ya en Tineo paro a desayunar en un bar donde en poco rato nos hemos ido juntando el resto del grupo que llevamos coincidiendo desde el primer día, bautizado oficialmente como Los Cachopos (para entender de dónde viene el nombre hay que leer la crónica de ayer). De hecho hemos creado un grupo de whatsapp con ese nombre… Después de la parada seguimos cruzando Tineo donde hay un par de estatuas de peregrinos de gusto un tanto dudoso.

Poco después de salir de Tineo alguien orgulloso de su tierra ha instalado un cartel que pone “que verde es mi valle”. Curioso cartel pero el paisano tiene toda la razón, llevo tres días pensando “que verde es Asturias”. Luego me he enterado por Gemma, una catalana del grupo Los Cachopos, que la frase “que verde es mi valle” es el título de una película de John Ford, ¡cada día se aprende algo nuevo!

Seguimos por zonas de pasto, siempre verdes como decía el cartel, y con un tiempo excelente para caminar. No hace calor, no llueve… Espero que se mantenga unos días.


Pasamos algunos bosques espectaculares hasta que en Villaluz se llega a una carretera local que nos conduce en pocos kilómetros de asfalto hasta Campiello. La idea era comer aquí y seguir tres kilometros más hasta Borres donde Maria, una chica que creo que es de Barcelona, está gestionando un albergue desde hace menos de un año y he leído que está creando la misma atmósfera “especial” que hemos vivido en los albergues de Domingo y David, cada uno con su estilo. Sin embargo llamo por teléfono y me dicen que está lleno así que decido quedarme en Campiello.

Poco a poco van llegando muchos de los conocidos de los días anteriores, excepto Josué que iba por delante de mí y probablemente ha seguido hasta Borres y habrá sido de los últimos en encontrar plaza. Pasamos la tarde sentados alrededor de una mesa donde va llegando y marchando gente. En un momento dado aparecen unos gin-tonics, más tarde se incorpora Alicce, una chica italiana que conocimos en el albergue de ayer y que hoy celebra su cumpleaños, y que nos trae una botella de vino. Se está creando una camaradería muy especial y así no hay forma de concentrarse y escribir este blog… Es increíble la mezcla de gente tan diversa que consigue el Camino. Mañana más.

Balance del día: 25,8 km y 479 metros de desnivel positivo acumulado.

Día 4: de Campiello a Berducedo (21/09/2016)

La noche ha sido movida. Al menos cuatro de los que dormíamos en el albergue han pasado la noche de la litera al baño y del baño a la litera, con vomitos y diarreas. Entre ellos un par del grupo de Los Cachopos, Gemma y Elena. De hecho hace ya un par de días que Gemma y otro del grupo, Diego, no se encontraban demasiado bien. Más tarde una visita al hospital confirmará que se trata de un proceso vírico y que lleva días afectando a gente. La etapa de hoy era particularmente dura y Gemma y Elena no están en condiciones de afrontarla así que deciden tomar un taxi hasta Berducedo, final de etapa, e intentar descansar y recuperarse allí.

Hoy toca una etapa muy especial. Pocos kilómetros después de Berducedo tenemos el desvío para la variante llamada Ruta de los Hospitales. La otra opción es seguir la ruta normal que pasa por Pola de Allande. La de los Hospitales era el itinerario histórico pero como pasa por zonas de montaña aisladas en los últimos años las guías del Camino Primitivo y las asociaciones que se ocupan de mantener la señalización consideran ruta normal la de Pola de Allande, la menos tradicional. Pero sin ninguna duda es mucho más interesante el itinerario histórico.

Si se opta por la ruta de los Hospitales desde Borres (poco después de Campiello) hasta Lago (4 km antes de Berducedo) solo se pasan dos pequeñas aldeas de cuatro casas sin ningún bar ni tienda así que hay que ir preparados. Siempre entre la niebla empezamos el Camino remontando lentamente entre bosques y, mayoritariamente, pastos. Esta variante transcurre mayoritariamente por encima de los 1100 metros y en los pocos momentos en los que la niebla se levanta el paisaje es espectacular.

El nombre de la ruta proviene de la presencia de las ruinas de 4 antiguos hospitales de peregrinos. En la Edad Media un “hospital” era  el lugar en el que se alojaban y comían los peregrinos, no lo que entendemos hoy día por un Hospital como centro médico. De ahí la palabra “hospitalidad” y el nombre de “hospitalero” que se sigue utilizando actualmente para designar a los que cuidan de los albergues de peregrinos. Las primeras ruinas por las que pasamos son las del Hospital de Paradiella.


A medida que ascendemos la niebla queda definitivamente por debajo de nosotros.

Más tarde pasamos por las ruinas del Hospital de Fonfaraón donde ya no habitan peregrinos sino vacas…


En realidad no estamos excesivamente altos (unos 1100 m) pero en la Cordillera Cantábrica por su latitud y su clima el paisaje a esta altura parece de alta montaña. Tras muchos kilómetros de subida llegamos al Alto de la Marta. Lo más duro ya ha pasado.

Un pequeño descenso y de nuevo se asciende para llegar por fin al punto culminante de la etapa, el Alto del Palo a 1146 m. Otro chico del grupo Los Cachopos, Jesus, ha vomitado varias veces por el camino y decide llamar a un taxi para que suba a recogerlo en el Alto. Tiene un mérito enorme lo que ha resistido estando medio enfermo durante los casi 20 km de ascenso.

Desde el Alto nos quedan 10 km mayoritariamente de bajada para llegar al final de la etapa. Soñamos con el primer bar que está en Lago, 4 km antes del final. Cuando llegamos, vemos que todo el mundo que ha hecho la etapa está ahí sentado. Es como encontrar un oasis en el desierto…

Por fin en Berducedo vamos reencontrándonos con los enfermos. Unos se están recuperando mientras otros van cayendo pero lo bueno es que por lo que vemos se supera generalmente en 24 horas. Yo me encuentro regular y en todo el día prácticamente no he comido nada. No tengo el estómago demasiado bien. Tampoco ceno y me voy a dormir enseguida. La etapa ha sido preciosa pero dura. Veremos qué tal paso la noche…

Balance del día: 27,6 km y 865 m de desnivel positivo acumulado.

Día 5: de Berducedo a Grandas de Salime (22/09/2016)

Ha costado levantarse. A veces en los albergues a las cinco de la mañana ya hay gente que empieza a levantarse pero hoy ha sonado un despertador a las 6.30 y nadie le ha hecho caso, ha sonado otro a las 7.00, lo han parado y nadie se ha movido. ¡Ni los alemanes se levantaban! Finalmente ha empezado a haber movimiento después de las 7.30. Algo insólito en un albergue. Entre la etapa de ayer, el cansancio acumulado y que la mitad de gente está o ha estado enferma hoy costaba arrancar. Afortunadamente los enfermos se van recuperando y todos haremos la etapa de hoy excepto Aliccia, la chica italiana cuyo cumpleaños celebramos en Campiello hace un par de días y que ha “caído” esta noche. Se quedará un día de descanso en Berducedo e intentará continuar mañana.


Yo estoy bastante bien aunque no empiezo a andar hasta las once porque después de desayunar me quedo acabando de escribir la etapa de ayer en el blog. De todas formas el recorrido previsto no es demasiado largo. En cuanto salgo, los primeros kilómetros del día son mayoritariamente por asfalto, siguiendo carreteritas locales. Como cada día la niebla cubre los campos hasta bien entrada la mañana.

A los 6 km empieza el plato fuerte del día que esta vez no es una subida sino un descenso. Son ocho kilómetros de bajada continua por senderos entre bosques de pinos para llegar al Embalse de Salime. La mayoría de desnivel (unos 760 metros) se pierde en los primeros tres o cuatro kilómetros.


A media bajada encuentro a Elena, Diego, Gemma, Jesús y Julia, o sea Los Cachopos al completo, que habían salido un rato antes que yo. Seguimos el interminable descenso mientras el pantano se divisa entre los árboles en el fondo del valle.

A medida que bajamos desaparecen los pinos y en los últimos kilómetros cruzamos un castañar espectacular.

Por fin llegamos al embalse y lo cruzamos por encima de la presa. Al otro lado la carretera remonta y se llega al único bar que hay en toda la etapa. En este Camino hay tan pocos sitios en los que avituallarse que cuando hay uno coincidimos siempre con más o menos las mismas personas. Todos los peregrinos acabamos en los mismos sitios.

Después de recuperar fuerzas en el bar nos quedan los últimos cinco kilómetros. Los primeros tres y medio por asfalto se hacen pesadísimos. Menos mal que al final hay un tramo de sendero por el interior de un bosque precioso. Por él entramos en Grandas de Salime, nuestro destino de hoy.

En Grandas nos alojamos en el albergue Casa Sánchez, recién inaugurado hace pocos meses. Tenemos una habitación para ocho que es casi un apartamento con cocina y una sala común. Aprovechando la cocina improvisamos rápidamente una cena con otros peregrinos en la que no ha faltado un asturiano escanciando la sidra. Ya veis que estamos todos casi completamente recuperados…

Balance del día: 21,4 km y 610 m de desnivel positivo acumulado.

Mañana si todo va bien entraremos en Galicia, ¡ya se huele el pulpo a feira!

Día 6: de Grandas de Salime a A Fonsagrada (23/09/2016)

Entre la niebla (como cada día) empezamos la marcha a través de zonas de pastos y sendas entre robledales. Los primeros kilómetros no tienen mucha historia y nos van acercando hasta Peñafonte, el ultimo pueblo asturiano que cruzaremos en este Camino. Hasta ahí la subida ha sido relativamente moderada.


A partir de Peñafonte se inicia la ascensión al Puerto del Acebo, el que separa Asturias de Galicia. A medida que subimos vamos superando la línea de niebla y nos permite ver una preciosa estampa de los aerogeneradores en las cimas más altas sobresaliendo como islas del mar de nubes.

No es una ascensión muy dura y pronto estamos a la altura de los aerogeneradores que hace una hora nos parecían casi inalcanzables y, sin prácticamente darnos cuenta, empezamos a bajar por el otro lado. No hay nada que lo indique pero se supone que hemos superado el Puerto del Acebo.

Nada más empezar a bajar el puerto una simple línea de piedras en el suelo marca el límite entre Asturias y la provincia de Lugo, ¡estamos en Galicia! A veces estos puntos simbólicos son los que nos hacen ser conscientes de lo que llevamos recorrido (y menos transcendente pero más importante, nos indican que entramos en la tierra del pulpo a feira…)

Es un momento tan especial que cada uno lo celebra como quiere…


Un kilómetro de descenso del puerto y llegamos a la Venta del Acebo, el bar de la etapa ya que como en los días anteriores no abundan demasiado. Este es un poco especial y tiene una decoración un tanto peculiar…. pero doy fe de que las empanadas las hacen deliciosas.

Con las fuerzas recuperadas queda lo más pesado del día. Desde que empezamos a bajar del puerto nuestro destino de hoy, A Fonsagrada, se ve todo el tiempo en la distancia sobre una colina. Esto de ver el pueblo desde más de 12 km de distancia es una tortura porque parece que no se llegue nunca, y como además está en alto, cuando por fin lo tienes a tocar aún queda una última cuesta interminable…

Afortunadamente, una vez instalados en el albergue Cantábrico, celebramos convenientemente la entrada en Galicia con una comilona en la Pulpería O Caldeira. Menú fabuloso de caldo gallego, pimientos de Padrón, pulpo y postre, en tal cantidad que no hemos podido terminar ninguno de los platos. Y todo por doce euros por cabeza incluidos los vinos y el café ¡Que bien hemos comido en Asturias y que bien se come en Galicia!

Balance del día: 26,0 km y 730 m de desnivel positivo acumulado.

Día 7: de A Fonsagrada a Castroverde (24/09/2016)

Hoy madrugamos más que nunca y poco después de las 6.30 ya estamos en marcha. Cuando aproximadamente una hora después empieza a amanecer estamos ascendiendo hacia el Alto de Montouto y eso nos ha permitido contemplar unas vistas impresionantes de la salida del sol.

Sobran las palabras…

Atrás, en la distancia, se veían los aerogeneradores del Puerto del Acebo que habíamos cruzado ayer rodeados de un cielo que parecía en llamas.

Ya cerca del Alto el sol ha salido del todo pero sigue ofreciendo imágenes espectaculares.

Al final llegamos al Alto de Montouto donde hay las ruinas de un antiguo hospital de peregrinos y las habituales filas de aerogeneradores que encontramos siempre en las sierras que tenemos que cruzar.

Al otro lado del alto descendemos entre bosques para varios kilómetros después llegar a Paradavella donde encontramos el primer bar de la etapa en el que, como todos los días, van parando uno tras otro casi todos los que han salido esta mañana de A Fonsagrada.

Los siguientes kilómetros siguen el mismo patrón, senderos entre bosques, algún tramo de carretera local y vuelta a un sendero entre bosques que desemboca en una carretera local y así indefinidamente… Destaca un kilómetro de subida imponente con una pendiente de un 25% conocido como Cuesta del Sapo justo antes de llegar a A Lastra. En ese tramo hemos coincidido con un grupo de ciclistas que arrastraban las bicis con la lengua fuera…


Sobre la una Josué, Julia, Jesús y yo hemos llegado a O Cádavo, el destino previsto del día. Como era pronto hemos decidido seguir hasta el siguiente albergue en Castroverde, a 8 kilómetros. De esta forma estaremos más cerca de Lugo y llegaremos antes mañana para poder disfrutar de la ciudad. El resto del grupo Cachopos llegan más tarde y se quedan en O’Cadavo. Esperamos reencontrarnos todos en Lugo.

Ya cerca de Castroverde pasamos un indicador del kilómetro 130 (de hecho está escrito 130,391 ¡increíble precisión!), día a día y casi sin darnos cuenta llevamos cerca de 200 km caminados y nos quedan “solo” 130…

Balance del día: 33,1 km con 652 m de desnivel positivo acumulado.

Día 8, de Castroverde a Lugo (25/09/2016)

Ha llovido intensamente esta noche. Lo sorprendente es que no hubiera caído una sola gota de agua desde que dejamos Oviedo hace ya una semana. Afortunadamente, después de llover por la noche, durante el día ha aguantado bien y hemos podido caminar sin lluvia. Los algo más de 20 km que nos separan de Lugo transcurren por tranquilas zonas rurales y son prácticamente planos así que se puede avanzar rápido.


Aún así se hacen largos por las ganas de llegar y porque, aunque el entorno es bonito, no hay ningún hito remarcable en la etapa. Hoy el plato fuerte es precisamente Lugo y por eso los kilómetros se hacen pesados.

Por fin llego a Lugo a cuyo centro histórico se accede por la Puerta de San Pedro de la muralla romana. Aqui una placa recuerda que fue la misma puerta por la que accedió el rey Alfonso II el Casto en el siglo IX durante la primera peregrinación conocida a Compostela. Y otra inscripción recuerda que por aquí pasaba la vía romana de Astorga a Lugo y Bracara (la actual Braga, en Portugal). Siglos de historia nos contemplan…

Esta vez no nos instalamos en un albergue sino que, para variar, hemos reservado habitaciones en una pensión junto a las murallas. Voy a tener una habitación para mí solo por una noche… ¡Todo un lujo en el Camino! Los primeros que hemos llegado, Josué, Julia, Jesús y yo, una vez instalados y duchados nos vamos a comer a O Xugo, una pulpería que nos han recomendado en la pensión. Pulpo de primero y chuletón de segundo, impresionante homenaje bién merecido después de andar 200 kilómetros de cordillera Cantábrica desde Oviedo…

El resto de los Cachopos, que han salido de O Cádavo y por lo tanto tenían hoy 8 km más que nosotros, van llegando por la tarde. Somos unos doce los que nos instalamos en la misma pensión. Por cierto, visto lo visto, hay una petición para cambiar el nombre del grupo a Los Pulpeiros, ahora que hemos dejado atrás la tierra del cachopo y parecemos dispuestos a acabar con las existencias de pulpo en la provincia de Lugo… No sé si prosperará la petición, os mantendré informados.

Después de comer damos una vuelta rápida a la ciudad, con un centro histórico precioso rodeado totalmente por su muralla romana, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Tras un descanso volvemos a salir y nos vamos encontrando con todo el resto del grupo para tomar una cerveza y luego buscar un lugar donde cenar. Como los que habían llegado por la tarde no se habían dado el homenaje que nos habíamos dado nosotros y estaban hambrientos, acabamos en otra buena pulpería llamada Aurora con pulpo, tortilla de patatas y una carne espectacular. Además hemos tenido ocasión de probar el pulpo a la parrilla que estaba delicioso. Con esto tenemos fuerzas para llegar a Santiago y volver a Oviedo andando si hace falta…

Balance del día: 22,7 km con 187 m de desnivel positivo acumulado.

Día 9, de Lugo a Ponte Ferreira (26/09/2016)

Después de desayunar en un bar de la Plaza Mayor, nos ponemos en marcha para abandonar el casco histórico de Lugo por la Puerta de Santiago de sus murallas. Poco después dejamos atrás definitivamente la ciudad cruzando el puente de origen romano sobre el Río Miño y enseguida pasamos el indicador del kilómetro 100 a Santiago.

Los siguientes 17 o 18 km transcurren mayoritariamente por carreteritas locales, a veces por el asfalto o a veces por un andadero paralelo. Aunque no tienen nada de tráfico y pasa un coche cada veinte o treinta minutos, en general los tramos de carretera son los que menos me gustan. No tienen tanto encanto como un sendero por el bosque a pesar de que la carretera cruce ese mismo bosque. La vivencia no es la misma.

Llaman la atención algunas iglesias con las lápidas del cementerio rodeándolas y orientadas hacia la puerta principal. Es algo típicamente gallego que no recuerdo haber visto nunca en otras partes de España. Junto a la de la foto, San Vicente do Burgo, hay un bar en el que paramos a desayunar. Algunos han empezado fuerte el día desayunando huevos fritos con bacon. Yo no me he atrevido con tanto, creo que aún no he digerido todo el pulpo de ayer…

Siempre por un entorno totalmente rural seguimos avanzando. De vez en cuando dejamos la carretera para recorrer algún tramo de sendero, mucho más interesante.

Sobre las 12.30 he llegado a San Román de Retorta donde hay un pequeño albergue. Josué ya estaba allí y después han ido llegando Jesús, Julia, Diego y Elena. El resto de amigos estaba bastante más atrás. Hemos valorado si quedarnos pero era demasiado pronto y llevábamos  pocos kilómetros, 20. El siguiente albergue, Ponte Ferreira, estaba a unos 8 km pero hemos llamado y estaba completo así que si no nos quedábamos la opción era seguir hasta el primero disponible en As Seixas, a 15 km de aquí. Al final decidimos seguir y llegar a As Seixas así que nos ponemos de nuevo en marcha.

Entre San Román y Ponte Ferreira hay dos itinerarios señalizados. Nosotros seguimos la denominada Vía Romana que no conserva restos de calzada romana pero se llama así porque sigue con mayor fidelidad el trazado de la antigua vía romana de Lugo a Braga. En este tramo se pasa por la reproducción de un miliario, los mojones de carretera que usaban los romanos, y que en la Vía de la Plata pueden verse a menudo, no reproducidos sino auténticos y conservados desde hace más de dos mil años.

Finalmente llegamos a Ponte Ferreira donde, aunque el albergue está completo, nos ofrecen dormir en un segundo albergue de los mismos propietarios que está cerrado por una obras en la cocina. No funcionará la cocina y el bar pero para dormir estará perfecto así que no lo dudamos y nos quedamos. Parte de nuestros amigos se han quedado en San Román de Retorta pero esperamos reunirnos de nuevo mañana en Melide.

Balance del día: 28,1 km y 380 m de desnivel positivo acumulado.

Día 10, de Ponte Ferreira a Melide (27/09/2016)

Por primera vez llueve mientras caminamos, aunque es una ligera llovizna que prácticamente no se nota y no dura demasiado, a media mañana termina. La ruta continúa, como en los dos días anteriores, atravesando zonas rurales de la provincia de Lugo por un terreno con suaves subidas y bajadas. Probablemente parecerá montañoso si se proviene de las llanuras de la Meseta del Camino Francés pero viniendo de Asturias a nosotros nos parece mucho más llano y asequible que lo que hemos dejado atrás.


Avanzamos rápidos pero cuando paramos a desayunar estamos muchísimo tiempo y, pocos kilómetros después, en cuanto encontramos un sitio donde tomar un café, volvemos a parar. Al final acabaremos parando tres veces en 20 km. Nos cuesta arrancar porque somos conscientes de que desde que lleguemos a Melide el Camino ya no será igual. Allí nos juntamos con el Camino Francés y sus cientos de peregrinos y sabemos que la experiencia cambiará radicalmente.

Como ayer hay más asfalto del que me gustaría pero el paisaje es precioso. Uno de los tramos más bonitos del día es el que atraviesa la Serra do Careón, la que separa las provincias de Lugo y A Coruña. Subimos un pequeño alto de forma casi imperceptible y al descender por el otro lado se supone que hemos cambiado de provincia, aunque no hay ninguna señal que lo indique.

Una última parada y llegamos a Melide donde un mojón indica que faltan 54 km hasta Santiago. Lo tenemos a tocar pero estos que quedan serán diferentes. Desde Oviedo éramos unas 40 personas haciendo el Camino al mismo tiempo. Conocemos a todos de vista y a la mayoría de ellos por el nombre. Coincidíamos con alguien un día en un bar, otro día en un albergue y al siguiente lo adelantábamos o nos adelantaba caminando. Y si pasaban un par de días sin verlo porque había hecho una etapa un poco más larga o un poco más corta que la nuestra, seguro que al tercer día volvíamos a encontrarnos. En el Primitivo hay pocos albergues y por eso las etapas muchas veces están determinadas por ellos y acabamos todos en los mismos sitios. Hoy en Melide hemos ido a comer y solo en ese bar ya había más peregrinos comiendo que los 40 que hacíamos el Primitivo al mismo tiempo. Y en Melide hay muchos otros sitios donde comer y muchísimos otros peregrinos que no estaban comiendo a esa hora o que aún no habían llegado… ¡Debe de haber cientos! Viniendo de dónde venimos nos parece como haber pasado de una tranquila isla perdida a un sitio de costa de turismo de masas…

Pero si el ambiente del Camino cambia o no lo veremos mañana. Primero, una vez que todo el grupo nos hemos reencontrado, los que ayer dormimos en Ponte Ferreira y los que se quedaron en San Román de Retorta, toca cenar en una institución del Camino de Santiago, la archifamosa pulpería Ezequiel de Melide. Una forma fantástica de decir simbólicamente adiós al Primitivo y de renovar energías para los dos días que nos quedan.

Balance del día: 20,5 km y 274 m de desnivel positivo acumulado.

Día 11, de Melide a O Pedrouzo (28/09/2016)

Salimos temprano porque la etapa prevista es muy larga, 35 km, de hecho la más larga que haremos desde que salimos de Oviedo, aunque no la más dura. Hay mucha gente en el Camino, como sospechábamos, pero no aglomeraciones. En general se nota enormemente los que vienen de lejos y los que están haciendo solo los últimos 100 kilómetros y han empezado en Sarria, por ejemplo. La actitud o la forma de andar son diferentes y, además, hay una norma que se cumple siempre: cuanto más grande es la mochila, de más cerca ha salido el que la lleva. Los que vienen de más lejos son los que van menos cargados.

Avanzamos muy rápido. Al final del día la media de velocidad ha sido de casi 6 km/h. El terreno es comodísimo, pistas o senderos anchos, relativamente lisos, sin pedruscos y con bajadas y subidas generalmente suaves. Comparado con lo que hemos vivido días atrás en el Primitivo para nosotros es casi un paseo.

En una parada probamos la Peregrina, una cerveza artesana que algún emprendedor ha creado en homenaje al Camino. No estaba nada mal.

Acostumbrados a etapas en las que había uno o dos sitios en los que tomar algo en todo el día, aquí hay un bar cada dos por tres. Y en poblaciones grandes como Arzua hay más de diez albergues y todo tipo de servicios para el peregrino. Un Camino muy diferente al Primitivo.

En Salceda llega uno de los platos fuertes del día. Paramos en el bar La Casa Verde donde el techo está cubierto de camisetas firmadas por grupos de peregrinos que han pasado por aquí. También las paredes o las mesas están llenas de dedicatorias escritas. De hecho recuerdo haber parado a desayunar aquí el año pasado cuando hice el Camino en bicicleta con Blanca y haberme fijado en la extraña decoración, lo que no sospechaba entonces es que un año después estaría aquí de nuevo y aún menos que lo haría haciendo un Camino a pie…

Nosotros, ente cervezas y chupitos, escribimos en nuestra propia camiseta que hemos comprado en Arzua. Cada uno escribe su dedicatoria y la colgamos en el techo como recuerdo de este viaje. Si pasáis por La Casa Verde de Salceda, ¡buscadla!

Y por fin llegamos a Pedrouzo, a solo 20 km de Santiago. Una esas localidades llenas de albergues que parecen vivir casi exclusivamente para el Camino. Llevamos más de 300 kilómetros caminados y esta será nuestra última noche juntos. Hoy no habrá pulpo, cenamos unos fabulosos espagueti a la carbonara que nos han preparado Julia y Jesús en el albergue. Nos apetecía algo casero y más íntimo, todos juntos. Como en todos los Caminos que he hecho será una noche rara. Se mezcla la ilusión de llegar a la Plaza del Obradoiro y alcanzar la meta con la tristeza de terminar. Con esa mezcla extraña de sentimientos nos vamos a dormir.

Balance del día: 34,6 km con 441 m de desnivel positivo acumulado.

Día 12, de O Pedrouzo a Santiago de Compostela (29/09/2016)

Salimos sobre las seis, una hora y media antes de que amanezca, porque queremos llegar a Santiago lo antes posible. Siempre hay nervios el último día. El itinerario no es muy importante, solo son kilómetros que se interponen entre nosotros y la meta y que no hay manera de que pasen. Se hacen muy largos.


Hay algunos obstáculos que salvar, pequeños altos como el de Lavacolla o el de San Marcos, hasta que llegamos al Monte do Gozo, el monte desde el que ya se ve la ciudad a nuestros pies. Allí nos reagrupamos los Cachopos para bajar juntos a Santiago, pero antes, junto al monumento conmemorativo de la visita del Papa Juan Pablo II en 1992, nos hacemos una foto de grupo.

La entrada a la ciudad se hace siempre interminable. Hay que pasar varias rotondas y puentes que salvan un par de autovías y las vías del tren. Después empieza el casco urbano y finalmente llegamos al cartel que marca la entrada a la ciudad. Otro hito más…

Aún no está hecho, falta una larga travesía por la zona moderna hasta entrar en el Casco Histórico atravesando la Porta do Camiño, ¿cuál si no? Ahora sí que el corazón se desboca. Cada uno contiene las emociones como puede hasta que al acercarse a las escaleras que descienden a la Plaza del Obradoiro empieza a oírse al gaitero que está siempre allá apostado. Es difícil describir el momento en que bajas las escaleras oyendo al gaitero tocar… Ni el más insensible puede evitar soltar alguna lagrimilla.

Y al fin la plaza, kilómetro cero de los Camimos a Santiago. Podéis pensar que siendo el cuarto Camino que termino aquí la emoción ya no será la misma. De hecho, yo mismo no sabía si esta vez lo viviría de una forma menos intensa que las otras. Pero no, uno no se insensibiliza, cada Camino es diferente y siempre emociona llegar a la meta. El primero porque era el primero, el segundo porque había hecho más de mil kilómetros y había costado un gran esfuerzo por la lluvia y el barro, el tercero porque lo hice con mi hija Blanca y éste porque es el primero a pie y porque empecé solo y llego rodeado de amigos. Cada uno es especial.

Y si los reincidentes nos emocionamos, ¿qué decir de los que lo viven por primera vez? Por mucho que les hayamos explicado, por mucho que se lo hayan podido imaginar, el momento es tan intenso que casi nadie puede evitar derramar alguna lágrima… Hay que vivirlo para entenderlo.

Abrazos, fotos, saludos a otros con los que hemos coincidido en el Primitivo y van apareciendo por la plaza, más fotos, más abrazos…

Repuestos de tanta emoción, hay toda una serie de “trámites” a cumplir al llegar a Santiago: lo primero de todo dejar la mochila en una consigna. A continuación visita a la Catedral, donde a las 12 se celebra la misa del peregrino que, independientemente del sentimiento religioso de cada uno, es bonita de ver porque es un último homenaje a los que hemos llegado hasta aquí con tanto esfuerzo y, además, algunos días, como ha sido el caso de hoy, permite ver el botafumeiro en acción. El botafumeiro es un enorme recipiente de metro y medio de altura y más de 50 kg de peso que se hace oscilar como un péndulo sobre la catedral para repartir humo de incienso. En su origen servía para eliminar los olores de la catedral en la que en la antigüedad los peregrinos incluso dormían dentro. No hay más que visitar un albergue actual de peregrinos para entender el pestazo que debía hacer allí dentro…

Después, recogida de la credencial en la oficina del peregrino y una última comida juntos. Brindis y más brindis y una tarde de despedidas de los que durante doce días hemos caminado juntos: Josu, Gemma, Julia, Jesús, Elena, Diego, Jorge, Dani, Miguel Ángel, Ilde, Pekka y tantos otros. Gracias por todo y ¡Buen Camino!

Balance del día: 20,4 km y 179 m de desnivel positivo acumulado.

Balance total desde Oviedo: 321,3 km y 6082 m de desnivel positivo acumulado.

publicado 30/09/2016 por Juan Ramón