2021_Camino del Norte a pie (parte 3: San Esteban de Leces-La Caridad)

Esta es la tercera parte de las cuatro en las que está dividido el relato del Camino del Norte:

Parte 1: de Irún (día 1) a Castro Urdiales (día 6)

Parte 2: de Castro Urdiales (día 7) a San Esteban de Leces (día 12)

Parte 3: de San Esteban de Leces (día 13) a La Caridad (día 18)

Parte 4: de La Caridad (día 19) a Santiago de Compostela (día 24)

Camino del Norte a pie: día 13, de San Esteban de Leces a Villaviciosa (24/06/2021)

Fai un sol de carallo cantaban Os Resentidos en los 80. Y así es como ha amanecido hoy. Con ánimos renovados salgo del albergue de San Esteban de Leces para enseguida pasar por Vega de Ribadesella donde un artista local se ha dedicado a pintar curiosos trampantojos en algunas paredes del pueblo.

El camino continúa bajando hasta la playa de Vega donde solo algunos surfistas han madrugado tanto como los peregrinos en esta mañana festiva de San Juan. Después de bordear la playa se asciende por un sendero entre helechos estrecho, pedregoso y embarrado, que en algunos momentos parece un riachuelo. Pero luce el sol y todo se afronta mejor…

Paso por Berbes, un núcleo con casas aisladas, y sigo por un camino de tierra y algún tramo de la carretera N-632 hasta que la abandono por una pista para descender de nuevo entre eucaliptos y helechos a la Playa Arenal de Morís.

No se llega a bajar a la arena sino que se bordea a una cierta altura.

Desde aquí un precioso sendero va resiguiendo el litoral pasando por algunas pequeñas playas rocosas y siempre rodeados del verde de los pastos y los helechos. En este tramo he visto a lo lejos caminar a una peregrina a la que más tarde conocería.

Y probablemente sea por la alegría de que hoy luzca el sol pero realmente este tramo ha sido de los más bonitos desde que empecé el camino en Irún.

Llego a La Espasa donde en uno de los bares de la playa paro a comer un pincho de tortilla. Después un poco de carretera que enseguida se abandona por un sendero empedrado completamente embarrado. Algunos de estos tramos de sendero son restos del Camín Real o camino real, la red principal de caminos medievales, aunque quedan pocos fragmentos porque su traza está a menudo bajo las carreteras actuales.

Tras este tramo complicado los kilómetros siguientes se circula mayoritariamente por pistas asfaltadas y tras atravesar un par de pequeñas aldeas de casas dispersas llego a Colunga.

Tras una parada en Colunga los siguientes 17 o 18 km atraviesan la comarca de la sidra, una zona rural con solo pequeñas aldeas aisladas y sin ninguna población importante. Se ven los árboles de los que se obtienen las pequeñas manzanas con las que se elabora esta bebida asturiana. Los campos de manzanos o pumaradas, como se conocen aquí, no son solo grandes plantaciones para la producción más industrializada sino que a menudo cada casa tiene unos pocos árboles para la fabricación artesanal. En asturiano hay el dicho quien no tien pumarada no tien nada.

A la salida de Colunga me encuentro con Alberto, un chico de Madrid con el que estuve en el albergue de esta pasada noche y juntos recorremos un tramo hasta la iglesia de San Pedro de Pernús, donde nos separamos.

La mayoría del recorrido por esta comarca de la sidra se hace siguiendo la carretera local que va uniendo las pequeñas aldeas. Cuando en algún momento se abandona el asfalto se pasa por bonitos senderos entre árboles, algo embarrados por las lluvias de los días pasados

Más tarde me encuentro con Ana, la chica que había visto unas horas antes al principio de la etapa, y un poco más adelante coincidimos con Alberto. Juntos recorremos los kilómetros que quedan hasta Villaviciosa. A medida que nos acercamos se atraviesan algunas pumaradas y se pasa cerca de la fábrica de sidra El Gaitero. Entramos por fin en la población donde en cuanto llegamos al centro paramos a tomar unas cervezas.

Y en el país de la sidra debíamos completar la jornada cenando en una sidrería un cachopo, uno de los platos típicos asturianos. Es además una despedida, ya que Alberto termina mañana en Gijón su camino, que va haciendo en fases, una semana al año, y Ana seguirá hacia Oviedo para hacer el Camino Primitivo, mientras que yo sigo por el de la Costa. El Camino tiene estas cosas, en unas horas unos desconocidos acaban compartiendo risas y anécdotas en torno a una mesa para seguir después cada uno con su vida hasta que quizás el Camino los vuelva a juntar en otro lugar, ¿en qué otro ámbito pasan cosas así con esta facilidad?

Balance del día: 36,4 km con 685 m de desnivel positivo acumulados.

Camino del Norte a pie: día 14, de Villaviciosa a Gijón (25/06/2021)

A los pocos kilómetros de Villaviciosa hay un cruce importante. En la pequeña aldea de Casquita el camino se separa en dos opciones. A la izquierda se va hacia Oviedo para continuar a Santiago por el Camino Primitivo y a la derecha se va hacia Gijón para continuar por el Camino de la Costa. También es posible ir a Oviedo y desde allí regresar al Camino de la Costa enlazándolo en Avilés, sin pasar por Gijón. Incluso hay quien dice que esta opción es la más respetuosa con la historia porque un peregrino de la antigüedad siempre se hubiera desviado a Oviedo aunque quisiera seguir por la costa ya que era un centro de peregrinación medieval muy importante. En todo caso yo, que ya hice el Camino Primitivo desde Oviedo a pie en 2016 y en bicicleta en 2019, prosigo esta vez por la opción costera hacia Gijón.

Pasado Casquita se abandona el asfalto para empezar a ascender por una pista entre bosques y pastos siguiendo el valle del río Valdedios. Después un tramo final de asfalto me lleva hasta la aldea de Niévares.

Desde este pueblo se inicia una durísima subida al Alto de la Cruz. Son apenas dos kilómetros pero con una pendiente muy pronunciada. Al principio por un camino cementado que luego se transforma en un sendero de tierra y finalmente desemboca en una carretera por la que se recorren los últimos cientos de metros hasta el alto.

Una vez en el puerto no hay nada que indique que se está en lo más alto, simplemente una curva en la carretera en la que se deja de subir y a partir de la cual se empieza a bajar por la vertiente contraria hacia el Valle de Peón. A medida que se baja se contemplan bonitas vistas de este valle agrícola y ganadero. En el fondo del valle se llega al pueblo que le da nombre donde paro en un bar a desayunar.

Si para acceder al Valle de Peón ha habido que subir un puerto y desde ahí descender al fondo del valle, para salir hay que repetir lo mismo por la vertiente opuesta: ascender desde el fondo del valle hasta un alto, el Collado del Infanzón, para bajar por el otro lado ya hacia Gijón y el mar. El ascenso, aunque más corto que el del Alto de la Cruz, presenta también pendientes notables y algunos senderos embarrados que parecen riachuelos. Una vez coronado el puerto, unos kilómetros más, mayoritariamente por asfalto, me llevan hasta Deva, ya a las afueras de Gijón.

Desde Deva hay cinco kilómetros bastante aburridos y pesados a través de zonas residenciales del área metropolitana de la ciudad. En un merendero que he visto he parado a comer algo antes de acabar descendiendo definitivamente a Gijón, aunque una vez en el casco urbano aún falta recorrer tres kilómetros más para llegar al centro histórico. Primero por un carril peatonal junto al río Piles y posteriormente por el paseo marítimo de la larga playa de San Lorenzo.

Una vez en Cimadevilla, la pequeña península donde se encuentra la parte vieja de la ciudad, una vuelta rápida y doy por acabada una etapa más.

Balance del día: 31,0 km con 752 m de desnivel positivo acumulado.

Camino del Norte a pie: día 15, de Gijón a Muros de Nalón (26/06/2021)

Los primeros cinco kilómetros del día son una larga travesía urbana por las calles de Gijón, conectando calles y avenidas prácticamente en línea recta. No tienen nada de especial y se hace un poco pesado, pero cuando acaba el casco urbano los siguientes dos kilómetros son como salir del fuego para caer en las brasas, ya que se atraviesa una zona muy degradada de industrias pesadas por un paisaje casi apocalíptico.

Afortunadamente dura poco y a partir de una aldea llamada Poago la ruta me conduce hacia una tranquila zona rural. Desde Poago, que está elevado sobre la siderurgia, se oye constantemente el ruido de las fábricas.

Por una pista asfaltada inicio un fuerte ascenso que luego se suaviza y me va alejando de la zona industrial. El camino se adentra en las faldas del Monte Areo, que hay que cruzar. Aunque ya no está a la vista, el sonido de la industria pesada todavía se percibe durante un buen rato.

El trazado es mayoritariamente por una pista entre eucaliptos y en algún momento también se toman pequeños tramos de sendero.

Finalmente la pista desemboca en una carretera asfaltada por la que se desciende al valle de Carreño. Siguiendo por carretera se recorre el fondo del tranquilo valle agrícola, sorprendentemente ajeno a los grandes polos industriales que tiene a cada lado. En este tramo me han adelantado tres bicigrinos.

Y al final del valle llego a Tabaza donde se acaba la tranquilidad y de nuevo hay que cruzar grandes polígonos industriales y zonas urbanizadas en el recorrido que queda para entrar en Avilés. De los ocho kilómetros que restan durante aproximadamente la mitad se rodea la enorme factoría de ArcelorMittal. Si hay un ranking de los peores tramos de todos los caminos de Santiago éste va directo a las primeras posiciones.

En un bar de carretera de Silvota con maravillosas vistas a la factoría paro a comer un pincho de tortilla que estaba muy bueno, todo hay que decirlo.

Y por fin entro en Avilés y llego a su casco antiguo. Aquí tenía previsto terminar la etapa, de unos 25 km. Pero eran poco más de las 13 h., el albergue no abría hasta las 16 h., y para mañana tenía previsto casi 45 km. Lo ideal sería hacer hoy algo más y repartir mejor las dos etapas pero el gran problema es que en los siguientes 25 km no hay ningún sitio para dormir. En San Martín de Laspra, 13 km después de Avilés, hay un buen albergue pero llamé ayer y está cerrado hasta el 1 de julio, ¡faltan solo cinco días! Y en Salinas, el único lugar intermedio en el que hay hoteles, todo está lleno ya que es un sábado de finales de junio y es un municipio costero. Así que la decisión es quedarse en Avilés o seguir hasta Muros de Nalón, primera población con alojamientos a 23 km de aquí, lo que hará que la etapa de hoy sea de 50 km. Un factor importante ha decantado la decisión y es que hoy el cielo está gris pero no llueve y para mañana hay previsión de chubascos, así que mejor avanzar hoy el máximo posible…

Una vez decidido, sobre las 14 me pongo en marcha atravesando el casco antiguo de Avilés hasta la larga avenida de Alemania por la que salgo de la ciudad.

La salida de Avilés es mucho más agradable que la entrada y no hay zonas industriales que cruzar. Se camina por carreteras hasta que al pasar por un punto llamado Campo del Conde se deja el asfalto para ir por caminos. Por una pista embarrada se llega hasta La Plata y un par de kilómetros después por una carretera sin arcén entro en Piedras Blancas donde paro a tomar un café.

A la salida de Piedras Blancas se empieza subiendo por una carretera hasta llegar a un barrio aislado llamado El Muro desde el que se inicia un tramo más agradable por pistas forestales que pasan también por alguna explotación ganadera.

En este tramo he adelantado tres peregrinos ciclistas que estaban parados arreglando un pinchazo. Luego me adelantarían justo cuando llegaba a Santiago del Monte, un pequeño núcleo con una ermita en la que paro a comerme unas galletas que he comprado en Avilés, ¡hoy me hubiera venido bien tener mi bici!

Desde Santiago del Monte se sube un poco por carretera y después por una pista forestal que, como las anteriores, circula mayoritariamente entre eucaliptos y helechos. Cuando empiezo a descender veo a mis pies el río Nalón y los pueblos de su ribera.

Las profundas rodadas de los tractores en el barro de la pista prueban que con lluvia este tramo debe ser muy complicado.

Llego a El Castillo, una población a la orilla del Nalón que recibe su nombre por el castillo de San Martín que se alza sobre una colina vigilando el río. Desde aquí un paseo de 1 km siguiendo el curso de un meandro del Nalón me lleva a Soto del Barco. Este lugar, igual que San Vicente de la Barquera y otras poblaciones con etimologías similares, recibe su nombre de la existencia en la antigüedad de un servicio de barcas para cruzar el río. Hoy día no es necesario porque hay un puente y por él cruzo al otro lado del Nalón.

Ya solo queda una última cuesta, bastante fuerte, y entro en Muros de Nalón donde acabo esta larguísima etapa.

Balance del día: 49,2 km con 783 m de desnivel positivo acumulado.

Camino del Norte a pie: día 16, de Muros de Nalón a Novellana (27/06/2021)

Ha llovido durante la noche pero el día amanece soleado. Desde la bonita plaza del Marqués de Muros salgo de la población para iniciar una travesía por una pista forestal entre los omnipresentes eucaliptos y helechos combinados a ratos con robles y otros árboles. En pocos kilómetros se llega al pequeño núcleo de El Pitu que forma parte del concejo de Cudillero, aunque el camino no desciende hasta esta pintoresca población marinera y pasa a un par de kilómetros de ella.

Luego sigo por una combinación de carreteras y algún tramo de pista hasta que, después de varios días, el camino se acerca por primera vez al mar en la bonita playa de la Concha de Artedo.

El camino desciende hasta el parking de la playa pero luego vuelve a alejarse hacia el interior sin llegar a la arena. Yo, sin embargo, me desvío 300 metros para llegar hasta la playa y tomar un café frente al mar. En el bar de la playa justamente me encuentro tres franceses que estaban en el albergue de la noche pasada y que han tenido la misma idea. Como la etapa de hoy es relativamente corta y hace un día espléndido me quedo un buen rato aquí sentado y aprovecho para terminar la crónica de ayer en el blog.

Desde la playa toca remontar por la vertiente contraria, primero por carretera y luego por las habituales pistas forestales. Se atraviesa la pequeña aldea de Mumayor con bonitas vistas sobre el Valle de las Luiñas.

Por una senda preciosa por el bosque, en el que es uno de los tramos más bonitos que he visto en este camino, se desciende al valle y se entra en Soto de Luiña.

En Soto paro en un bar a comer y hablo un rato con el dueño que me explica que durante muchos años fue hospitalero en el albergue del pueblo y actualmente es el voluntario que pinta las fechas en esta zona. Me comenta que precisamente hace pocos días las repintó y que encontraré el itinerario perfectamente señalizado. Veremos…

Poco después de salir de Soto de Luiña hay un desvío en el que es posible elegir dos itinerarios que vuelven a converger al cabo de 17 kilómetros. Uno va por la Sierra de las Palancas, una zona montañosa sin pueblos ni servicios intermedios, y es una ruta que había estado abandonada durante años hasta que se recuperó recientemente. La otra, conocida como ruta de las Ballotas, va más próxima a la costa y es la más habitual. Tal como he planificado las etapas y teniendo en cuenta la disponibilidad de lugares para dormir, ya de por sí complicada porque algunos sitios están aún cerrados por el Covid, en mi caso elijo la ruta más clásica por la costa.

Así que después de un tramo de carretera hasta la aldea de casas dispersas de Albuerne, un sendero en bajada me lleva a cruzar la primera de las “ballotas” que dan nombre a esta ruta. Las “ballotas” son pequeños valles perpendiculares a la costa por el fondo de los cuales pasa algún riachuelo, de forma que cuando se circula paralelo al mar hay que descender a cada “ballota”, cruzar el río correspondiente y ascender al monte por la vertiente opuesta para a continuación descender a la “ballota” siguiente y vuelta a empezar. Y así siete veces que es el número de “ballotas” de la ruta.

Por unas piedras cruzo el riachuelo de esta primera “ballota” y un ascenso por un sendero en la vertiente occidental me lleva a Novellana, donde dormiré hoy. La otras seis las habré de cruzar mañana.

En Novellana me ha llamado la atención que hay montones de bicicletas recicladas como maceteros adornando las calles. Con esta curiosidad acabo una jornada relativamente corta que me ha servido para recuperarme del esfuerzo del día anterior.

Balance del día: 24,8 km con 670 m de desnivel positivo acumulado.

Camino del Norte a pie: día 17, de Novellana a Otur (28/06/2021)

Junto a un grupo de cinco franceses con los que he coincidido en el albergue de Novellana nos ponemos en marcha bajo la lluvia, que no cesaría hasta bien entrada la tarde. Seguimos la ruta de las “ballotas” que iniciamos al final de la etapa de ayer. La dinámica siempre es la misma, se desciende por un camino, se cruza un riachuelo y se asciende por el lado opuesto, generalmente hasta una población, y vuelta a empezar. Superada la primera “ballota” del día llegamos a Santa Marina.

Pasada Santa Marina un nuevo descenso por un sendero embarrado hasta el fondo de un valle y un nuevo ascenso hasta un pueblo, en este caso llamado Ballota, donde hago una breve pausa para tomar un café.

Al salir del bar parece que la lluvia ha parado pero es solo un espejismo…. a los cinco minutos vuelve a empezar, aunque con menos intensidad. La siguiente bajada me lleva a cruzar el río Cabo cerca de una pequeña playa en la que desemboca.

La ruta es cansada, con constantes subidas y bajadas, y además con la lluvia hay muchísimo barro, pero los senderos son espectaculares pareciendo en algunos momentos que recorramos una selva tropical y es sin duda uno de los mejores tramos del Camino del Norte.

La subida después de cruzar el río Cabo me lleva a Tablizo desde donde una pista nos conduce un rato cerca de la costa por encima de unos acantilados hasta llegar a Ribón, una minúscula aldea con vacas pastando alrededor.

Desde aquí un kilómetro y medio de carretera y de nuevo se desciende por un sendero cubierto de hierba hasta cruzar la séptima y última de las “ballotas”. Al ascender se llega a Cadavedo, punto final de esta espectacular travesía por los “mini valles”.

En Cadavedo me refugio de la lluvia en un bar donde desayuno, un día más, un pincho de tortilla. Mientras estoy aquí llegan dos ciclistas empapados como yo y poco a poco van llegando los franceses con los que he compartido albergue.

A partir de aquí el terreno es mucho más llano y por carreteras y pistas de tierra muy embarradas, siempre bajo la lluvia, atravieso pequeños pueblos como Villademoros y Querúas hasta llegar a Canero y su iglesia de San Miguel.

Desde ahí se inicia un corto tramo por un bosque en el que por una vez no predominan los eucaliptos sino robles y castaños.

Más tarde, pasado Canero, hay una fuerte subida por un precioso sendero en el que se ascienden 150 m en poco más de un kilómetro.

Los siguientes kilómetros van combinando pistas con algún tramo de carretera entre un bonito paisaje agrícola y ganadero hasta que diviso Luarca y su puerto a mis pies y rápidamente desciendo y alrededor de su plaza del ayuntamiento paro en un bar a comer.

Como es tradición en este camino a los pueblos costeros se desciende desde el este y, una vez cruzados, toca una fuerte subida por el oeste. Luarca no iba a ser menos y para abandonarla hay que empezar por ascender hasta la altura de la ermita de San Roque para, a partir de ahí, seguir por carreteritas y pistas ya sin excesivo desnivel. Unos siete kilómetros a través de una tranquila zona rural me llevan hasta la aldea de Otur, donde dormiré. Por el camino paso por las ruinas de la iglesia y cementerio de Santiago, del siglo X. En el panel informativo explica que se abandonó en 1922 porque el cementerio estaba desbordado por la mortandad causada por la epidemia conocida como la “gripe española” que coincidió con la I Guerra Mundial, y hubo que construir uno nuevo más grande en otro lugar. Quien hubiera dicho que un siglo después estaríamos viviendo otra pandemia…

Balance del día: 39,3 km con 868 m de desnivel positivo acumulado.

Camino del Norte a pie: día 18, de Otur a La Caridad (29/06/2021)

Salgo de Otur con energía renovada por lo bien que me han tratado en el albergue La Casa del Peregrino, donde realmente hace honor a su nombre y te sientes como en casa. Desde aquí por una pista forestal se bordea una pequeña montaña hasta desembocar en la carretera N-634.

Después de un breve tramo por la carretera se abandona por una pista entre campos y tras pasar un par de pequeñas aldeas llego a Villapedre, donde paro a tomar un café. En el bar coincido con un chico y una chica muy jóvenes que han empezado hoy en Luarca su primer camino.

Circulando siempre a través de está fértil llanura mayoritariamente agrícola voy pasando pequeños núcleos como Piñera, donde las antiguas “escuelas nacionales” han sido reconvertidas en albergue de peregrinos. Esto es algo bastante habitual en zonas rurales donde la despoblación y la consecuente falta de niños ha llevado a cerrar muchas veces las antiguas escuelas, y se ha encontrado que son un edificio público ideal para ser reconvertido en albergue. Hace unos días en San Esteban de Leces ya dormí en un albergue que había sido un colegio. En otros lugares ocurre lo mismo con las estaciones de tren en desuso o cuya utilización actual es muy residual y de hecho en este camino me he alojado ya en dos albergues enclavados en estaciones de tren, en Llanes y en Novellana.

Unos kilómetros más, casi siempre por pistas agrícolas, y entro en Navia donde paro a desayunar.

Desde Navia me quedan diez kilómetros hasta La Caridad, donde acabaré la etapa de hoy. En general siguen la misma tónica de pistas entre campos y explotaciones ganaderas. Se circula habitualmente cerca de la carretera nacional y de la autovía A8 pero el recorrido está muy bien resuelto y la mayor parte del tiempo se tiene la sensación de estar en una tranquila zona rural y pocas veces se circula por asfalto.

Ha sido un día cómodo, sencillo y plácido, sin lluvia y sin demasiado a destacar. Ideal para recuperarse de los kilómetros acumulados y preparase para el esfuerzo final que en los próximos días, si todo va bien, me llevará a Santiago.

Balance del día: 27,0 km con 409 m de desnivel positivo acumulado.

Puedes leer la continuación aquí.

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