El refugio de l’Illa, donde he dormido, está a 2.500 metros de altitud, muy cerca del collado por el que entré en Andorra, por eso la primera parte de la etapa de hoy consiste en descender hasta los 1.250 metros de Encamp, la siguiente población por donde pasa el GR11.
El paisaje cuando me pongo en marcha es muy bonito, con praderas de alta montaña salpicadas de bloques de rocas y algunos árboles aislados.

A medida que desciendo empiezan a aparecer más bosques, mayoritariamente pinos. El valle que recorro es el del Río Madriu, aunque a esta altura no es más que un riachuelo.

Este valle, denominado en su conjunto Madriu-Perafita-Claror, está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, gracias a su valor paisajístico y al equilibrio conseguido entre la conservación del entorno y la explotación de sus recursos, como la ganadería o la siderurgia, siendo el único en toda la cordillera pirenaica en haber alcanzado tan alta distinción. Los caminos ancestrales de piedra son testigos de esa interacción histórica del hombre con el medio.

En todo ese largo descenso, que ha durado los primeros 17 kilómetros de la etapa, solo hay una pequeña subida a un collado, el Coll Jovell, que permite pasar del valle del Río Madriu al del Río Valira d’Orient. El ascenso, por un sendero empedrado, tiene tramos de fuerte pendiente, pero es muy corto.

En el descenso del collado hay un tramo muy bonito de bosque de pinos en el que las piedras están cubiertas de musgo. Más adelante hay un mirador desde el que se ve el principal núcleo de población de Andorra, el continuo urbano que forman Santa Coloma, Andorra la Vella y Escaldes-Engordany. La diferencia entre la tranquilidad de las montañas y el trajín turístico y comercial del fondo del valle es increíble, parecen dos países diferentes.

Después llego al lago de Engolasters y lo bordeo. Pasado el lago un sendero desciende abruptamente hacia la población de Encamp, donde hago una larga parada a comer algo y a comprar algunas cosas que me hacían falta.

A la salida de Encamp empieza un fortísimo ascenso por un sendero empedrado. Eran casi las dos de la tarde y hacía mucho calor, especialmente al principio, aunque se ha ido moderando a medida que ganaba altura. Se suben 650 metros en sólo un par de kilómetros, y eso significa que tiene muchísima pendiente.

Me ha parecido el ascenso más duro desde que salí del Cap de Creus, y eso que ya llevo unos cuantos. Tras los dos kilómetros iniciales hay un par más casi planos, primero entre pinos y luego por zonas de pastos, y después un último repecho fuerte. Así corono el Collado de Ordino, de 1.980 metros de altitud.

Afortunadamente, a esta altura la temperatura es mucho más agradable. Por el Collado también pasa una carretera, que se cruza para tomar un sendero que empieza a descender hacia Ordino. La pendiente en la bajada es bastante más suave que la del ascenso por el otro lado, así que por el momento se avanza de forma bastante agradable. Poco después paso por la fuente de la Navina, donde paro a coger agua.

El descenso termina poco antes de llegar a Ordino, pero sin entrar en este municipio empieza un nuevo ascenso, primero por una pista y luego por un sendero, remontando por la ladera sobre el valle del río Valira del Nord. Desde arriba se tiene una vista privilegiada de Ordino y La Massana, y por segunda vez hoy nos da una idea de lo urbanizada que está Andorra en comparación con cualquier otro valle pirenaico.
El sendero va subiendo y bajando y, aunque no es mucho desnivel, se hace pesado por estar al final de la jornada. Cuando desciendo definitivamente entro en La Cortinada y, un kilómetro después por carretera, en Arans, ambos pequeños núcleos pertenecientes al municipio de Ordino. En el segundo de ellos termino esta novena etapa de mi transpirenaica.

Balance del día: 33,0 km y 1.255 m de desnivel positivo acumulado.
Puedes obtener el track en Wikiloc aquí y ver el recorrido realizado en esta animación: