2025_GR175, la Ruta del Císter a pie

Día 1, de Santes Creus a Poblet (12/04/25)

El GR175, conocido como la Ruta del Císter, es un itinerario de senderismo circular que conecta tres importantes monasterios cistercienses de Cataluña: Santes Creus, Vallbona de les Monges y Poblet. Recorre las comarcas del Alt Camp, Conca de Barberà y Urgell, mayoritariamente en la provincia de Tarragona, con una breve incursión en la de Lleida. La ruta está pensada para hacerla tanto a pie como en bicicleta (BTT), y tiene una variante para cada modalidad. En la web oficial se propone repartir los aproximadamente 105 kilómetros del GR175 en 3, 4 o 5 etapas a pie. En mi caso los he dividido en tres, siendo el primer intento que hago de realizar una ruta senderista de varios días tras retirarme hace siete meses en la undécima etapa de la Transpirenaica por problemas en la rodilla derecha, que resultó ser una condropatía rotuliana en grado 4, un desgaste casi total del cartílago.

Inicio la ruta en el monasterio de Santes Creus, fundado en el siglo XII y, como los otros dos enlazados por el GR175, perteneciente a la orden del Císter, aunque éste no tiene vida monástica en la actualidad, ya que fue abandonado tras la expulsión de los monjes en 1835 a causa de la desamortización de Mendizabal. Hoy día se mantiene solo como monumento, sin actividad religiosa. A la hora en que me pongo en marcha aún está cerrado al público, así que solo puedo ver el exterior.

Tras un primer kilómetro de asfalto, tomo una pista forestal que me va alejando del monasterio, permitiéndome contemplar el conjunto monumental con los viñedos y bosques que lo rodean.

Prosigo por la pista, atravesando zonas de bosque mediterráneo combinado con plantaciones de viña y olivos, con las fincas delimitadas, en algunos casos, por muros de piedra seca.

La piedra seca es una técnica constructiva tradicional caracterizada por la ausencia de mortero o argamasa entre las piedras, y se ha utilizado desde tiempos ancestrales para levantar muros, barracas, cisternas o cobertizos, entre otras construcciones. A instancia de varios países mediterráneos, incluido España, la UNESCO ha declarado al conjunto de conocimientos y prácticas en torno a la piedra seca como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. En el recorrido de hoy paso por diversas muestras de este tipo de construcciones, incluido un depósito de agua.

Cuando llevo andados unos seis kilómetros, este entorno forestal da paso a una zona más llana y agrícola. Hay viñedos, almendros y plantaciones de trigo. Desde aquí, tres kilómetros más por una pista asfaltada me llevan al Pla de Santa María, pequeña población de origen medieval en la que paro a tomar un café.

Me pongo de nuevo en marcha y, en menos de tres kilómetros por un camino agrícola, rodeado de plantaciones de almendros y campos de trigo, llego a la siguiente población, Figuerola del Camp.

Figuerola está situada en el límite de la llanura que he recorrido desde que he iniciado la etapa, y a los pies de la Sierra de Miramar, que he de atravesar a continuación. Esta sierra forma parte de la Cordillera Prelitoral Catalana, el conjunto de montañas paralelas a la costa, pero a una distancia de entre 30 y 60 kilómetros del mar, que recorren toda Cataluña de norte a sur. Para cruzarla sigo un camino forestal que asciende entre bosques de pinos, hasta alcanzar el Coll de l’Era del Caterí, un primer collado de 741 metros de altitud. Desde aquí desciendo ligeramente para, a continuación, iniciar una nueva subida por un sendero que me deja en un segundo y definitivo alto, el Coll del Faló.

Una vez superados los dos collados se inician varios kilómetros de descenso por un sendero. Durante la bajada se pasa por las ruinas de la iglesia de San Salvador, parte de lo poco que queda en pie del antiguo pueblo de Prenafeta, abandonado en el siglo XVIII por su difícil acceso con carros y caballerías, debido a su posición en la ladera de la montaña. Sigo descendiendo y, poco después, llego al actual núcleo de Prenafeta, levantado en una ubicación más amable en el fondo del valle.

Ahora el terreno ya es mucho más llano, una vez cruzada la sierra de Miramar. Recorro por caminos de tierra los siguientes siete kilómetros, atravesando mayoritariamente zonas de viña, empleadas para la producción de vinos de la denominación de origen Conca de Barberà, nombre de esta comarca, a cuya capital, Montblanc, me dirijo a continuación.

Montblanc es una villa de origen medieval que conserva sus murallas y numerosos edificios de la época. El itinerario del GR175 bordea el recinto amurallado sin llegar a entrar en el centro histórico, pero yo me desvío momentáneamente para encontrar un bar donde comerme un bocadillo y reponer fuerzas.

A la salida de Montblanc tomo una pista entre olivos y viñas, que mas adelante se convierte en un sendero que empieza a ascender por un bosque, ya que tengo que salvar el último obstáculo del día, las montañas de Prades, otra sierra que, igual que la de Miramar, forma parte de la Cordillera Prelitoral Catalana.

Durante el ascenso, casi en el punto más alto, se pasa junto a la ermita de Sant Joan de la Montaña, desde donde hay una vista de toda la comarca de la Conca de Barberà, con su capital Montblanc a mis pies y, al otro lado de la llanura, la sierra de Miramar que he cruzado por la mañana.

Prosigo desde aquí por un largo tramo de pista forestal que va serpenteando por la sierra en ligera bajada. El descenso termina en las cercanías de la gran ermita de la Santísima Trinitat, desde donde empieza un duro repecho de subida que en poco menos de un kilómetro me lleva al Collado de la Vena.

Desde aquí solo resta descender un par de kilómetros para entrar en el Monasterio de Poblet, donde finalizo la etapa.

Poblet es el más importante de los tres monasterios que enlaza el GR175, y es el único declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Como los otros dos, fue fundado por la orden del Císter en el siglo XII, convirtiéndose en uno de los centros espirituales, culturales y políticos más importantes de la Corona de Aragón, además de panteón real entre los siglos XIV y XV. Aunque fue disuelto en 1835 durante la desamortización, fue restaurado en el siglo XX y recuperó la vida monástica, que conserva en la actualidad. Junto al monasterio, construido en el emplazamiento donde estuvo el antiguo hospital de peregrinos, se alza el hotel Hostatgeria de Poblet, donde me alojo.

Balance del día: 37,4 km y 1.125 m de desnivel positivo acumulado.

Puedes obtener el track en Wikiloc aquí.

Día 2, de Poblet a Vallbona de les Monges y Rocallaura (13/04/25)

Dejo atrás el Monasterio de Poblet, y en poco menos de tres kilómetros, entre viñedos, almendros y olivos, llego a L’Espluga de Francolí, donde paro a tomar un café. Es la única posibilidad de avituallamiento hasta Vallbona de las Monges, casi al final de la etapa. A la salida de la población se pasa por su bodega cooperativa modernista, conocida como la Catedral del Vino, obra de 1913 del arquitecto Lluís Domènech i Montaner, el mismo que erigió, entre muchas otras obras, el Palau de la Música Catalana, en Barcelona. Se considera el primer caso en toda España de encargo de construcción de una bodega a un arquitecto de prestigio, inaugurando una moda que ha perdurado hasta nuestros días.

Tras L’Espluga hay un tramo de carretera por el que se salvan las vías del AVE y la autopista AP-2, para inmediatamente después dejar el asfalto y tomar una pista agrícola que va serpenteando entre viñedos y plantaciones de cereal.

Las siguientes dos horas voy atravesando este paisaje de colinas onduladas en el que, además de viña y cereal, abundan los olivos. Además, en esta época del año, la flor rabiosamente amarilla de los campos de colza pone una preciosa nota de color en el paisaje. El entorno es muy bonito.

Desde que inicié esta ruta en Santes Creus coincido a menudo con la señalización propia de los Caminos de Santiago. Se trata del Camino de Tarragona que, con inicio en esa ciudad y pasando por los tres monasterios cistercienses, se dirige a Bellpuig, donde enlaza con el Camino Catalán que proviene de Montserrat para proseguir hacia Lleida y Zaragoza. El recorrido no es exactamente el mismo, porque los criterios a la hora de señalizar un GR o un Camino de Santiago son diferentes, pero coinciden en muchos tramos.

Más adelante, el terreno progresivamente se hace más agreste y boscoso, y las zonas cultivadas van desapareciendo. A la vez empieza a incrementarse la pendiente, ya que estoy adentrándome en la sierra del Tallat, que he de cruzar. 

El ascenso es progresivo, hasta que en el último kilómetro se abandona la pista para tomar un sendero con fuerte pendiente. Aún así, el ascenso es corto, y enseguida corono el Cap del Coll, un collado donde hay un parque eólico. Desde el alto hay una buena vista de la Conca de Barberà, la comarca que estoy dejando atrás, y, al otro lado, las sierras que atravesé ayer.

El ascenso no ha terminado en el collado, sino que se sigue subiendo ligeramente por el cordal de la montaña por una pista que lleva en dirección a los aerogeneradores, hasta que un kilómetro después, pasando cerca de algunos de los modernos molinos, se cruza definitivamente hacia la ladera contraria de la montaña y se inicia el descenso, adentrándome en la comarca del Urgell, en la provincia de Lleida.

A medida que bajo, siempre por pistas, vuelvo a encontrar la misma combinación que en el ascenso de masas boscosas intercaladas con pequeñas llanuras cultivadas de cereal. Unos kilómetros después llego a la primera población, Montblanquet, un núcleo rural de apenas cuatro casas y sin ningún tipo de servicio, bar o tienda. Aprovecho para parar a comerme una manzana que llevaba. 

Al dejar atrás Montblanquet hay un pequeño tramo de subida hasta un montículo sobre el que hay una antena, pero enseguida, una vez superado, prosigue la tónica general de descenso hacia Vallbona de les Monges, donde llego aproximadamente una hora después. Por el camino paso algunos olivares preciosos.

El monasterio de Santa María de Vallbona es el más pequeño de los tres de la Ruta del Císter, pero tiene dos características únicas: es el único femenino, de monjas cistercienses, y el único que ha mantenido la actividad religiosa ininterrumpidamente desde su fundación en el siglo XII. Además no se levanta aislado como los otros dos sino que está integrado en el casco urbano del municipio.

Aquí me separo definitivamente de las marcas del Camino de Santiago, que continúa rumbo norte hacia Lleida. La Ruta del Císter, en cambio, inicia el regreso hacia Santes Creus. Habitualmente se toma Vallbona como fin de la segunda etapa, pero por motivos de disponibilidad de alojamientos, yo he preferido alargar la etapa cinco kilómetros hasta Rocallaura, y hacer cinco menos mañana.

Salgo, por lo tanto, de Vallbona, e inicio un ascenso que, en menos de un par de kilómetros, me deja en el Collado de L’Olla. Desde aquí curiosamente no se desciende, sino que se continúa subiendo unos tres kilómetros más hasta prácticamente llegar al núcleo de Rocallaura. Poco antes de alcanzar esta población, me desvío del GR a la derecha por una pista asfaltada que lleva hasta el antiguo balneario de Rocallaura, ahora abandonado, ya que a quinientos metros de él se levanta un nuevo Hotel Balneario, única posibilidad de alojamiento disponible en la zona. Aquí termino mi etapa.

Balance del día: 37,4 km y 1.125 m de desnivel positivo acumulado.

Puedes obtener el track en Wikiloc aquí.

Día 3, de Rocallaura a Santes Creus (14/04/25)

Desde el hotel en el que he dormido, retrocedo un kilómetro hasta enlazar con el GR en el punto donde lo dejé ayer, y siguiéndolo entro en Rocallaura, pequeño núcleo situado en lo alto de un promontorio. Lo atravieso y continúo por una pista que va remontando suavemente por la Sierra del Tallat, la misma que crucé ayer para llegar a Vallbona de les Monges, pero atravesándola esta vez en sentido contario y más al norte. El entorno son bosques de robles y pinos, y plantaciones de colza o cereal. Paso por Belltall, otro núcleo situado en un alto, y continúo la travesía, acercándome a una gran fila de aerogeneradores en la cresta de la montaña.

Se trata del parque eólico de Les Forques, y cuando llego a su altura prosigo durante un par de kilómetros por el cordal de la montaña, por una pista asfaltada, hasta que la abandono tomando un sendero en ligera bajada que en menos de diez minutos me deja en Forès.

Este núcleo, situado en un alto sobre la sierra, es conocido como el mirador de la Conca, ya que desde él se tiene una vista privilegiada de toda la llanura agrícola del fondo de esta comarca. Pueden contemplarse macizos muy lejanos como las montañas de Montserrat y, según dicen, en días muy claros puede llegar a verse el mar. Hoy, sin embargo, las nubes impiden una visión clara.

Desde el pueblo empiezo a descender por una pista asfaltada, al principio, y de tierra después, hacia el fondo del valle y la llanura. Paso junto a un nuevo parque eólico, sigo descendiendo entre pinares, y una hora después llego a Rocafort de Queralt.

Después de comer un bocadillo en el primer bar que encuentro desde que he empezado la etapa, prosigo, bajando suavemente por senderos y pistas de tierra, hacia el siguiente pueblo, Montbrió de la Marca. Ahora que estoy en la parte más llana de la comarca, vuelven a predominar las viñas de la denominación de origen Conca de Barberà. Aun así el terreno, aunque desde las alturas parece una llanura agrícola, realmente de cerca no es llano sino que son suaves colinas que suben y bajan constantemente.

El falso llano ha durado poco, porque al salir de Montbrió empiezo un largo ascenso por una pista forestal, mayoritariamente entre pinares, para remontar la sierra de Comaverd, que como todas las que recorro en esta ruta pertenece a la Cordillera Prelitoral Catalana. A medida que subo, a mis espaldas voy dejando la Conca de Barberà y, al fondo, la sierra del Tallat que he atravesado hace unas horas, con las filas de aerogeneradores en la cima.

El larguísimo ascenso por la pista se me ha hecho interminable, probablemente por el cansancio acumulado y porque tantos kilómetros por la misma pista y con los mismos pinos alrededor acaban resultando monótonos. Finalmente alcanzo un primer collado, el Coll de Maldà, de 865 metros de altitud, el punto más alto de la Ruta del Císter. Desde aquí se desciende ligeramente, avanzando por el cordal de la sierra, para acabar subiendo a un segundo alto, la Roca del Cogulló, de 861 metros, al que llego treinta minutos después, y en el que se ha colocado una placa de homenaje al motorista tarraconense Carles Falcón, fallecido en el Dakar el año pasado.

Al descender de las rocas hay un tramo un poco complicado en el que se han instalado unos escalones de madera y unas cadenas para ayudar a bajar, y luego la ruta prosigue por un sendero, uno de los tramos más bonitos de todo el GR175, y que además rompe la monotonía de la larguísima pista forestal por la que había circulado las últimas horas. Este sendero acaba desembocando en una nueva pista un kilómetro y medio después, por la que alcanzo sin apenas esfuerzo un último collado, el Coll de Sàrria, que es un cruce de caminos.

Sigo avanzando, descendiendo por la pista entre bosques, mayoritariamente de pinos, y tras varios kilómetros empiezan a aparecer los primeros sembrados, señal de que me voy acercando al fondo del valle. El cielo había estado cubierto desde la mañana y llevaba todo el día pensando que en cualquier momento podía empezar a llover, pero a pesar de que los nubarrones en el horizonte eran cada vez más negros, ha resistido y consigo acabar la etapa sin mojarme.

Pasadas las cinco de la tarde llego al Pont d’Armentera, un municipio relativamente grande donde esperaba encontrar un bar en el que comer algo. Estaba hambriento, ya que la última parada había sido cinco horas antes, pero ha resultado que no había ningún bar ni tienda abiertos, así que continúo recorriendo los últimos cinco kilómetros que me separan de Santes Creus. Entre pinos y viñedos llego por fin al monasterio una hora después, cerrando el triángulo de la ruta del Císter y dando por acabado este bonito recorrido.

Balance del día: 40,5 km y 981 m de desnivel positivo acumulado.

Balance total de la Ruta del Císter GR175 Santes Creus-Poblet-Vallbona-Santes Creus 110,7 km y 2.783 m de desnivel positivo acumulado.

Puedes obtener el track en Wikiloc aquí