Camino Portugués Central en BTT (parte 1: de Faro a Benavente)

Esta es la primera parte de las dos en las que está dividido el relato del Camino Portugués Central entre Faro y Santiago de Compostela en BTT:

Parte 1: de Faro (día 1) a Benavente (día 6)

Parte 2: de Benavente (día 7) a Santiago de Compostela (día 12)

Camino Portugués Central en BTT: introducción

El año 1993 fue clave en la recuperación del Camino de Santiago en la época moderna. En ese Año Jacobeo, que son aquellos en los que el 25 de julio, festividad de Santiago, cae en domingo, la Xunta de Galicia y otras comunidades por las que pasa el Camino Francés, lanzaron una gran campaña de promoción y consiguieron que completaran la peregrinación cerca de 100.000 personas. Para poner en contexto lo que supuso esta cifra, basta saber que entre 1972 y 1992 habían peregrinado a Santiago 40.000 personas en total, ¡en 20 años! Y no fue un crecimiento progresivo, fue una auténtica «explosión»: un año antes habían llegado solo 9.764 peregrinos, y en el anterior Año Santo, 1982, apenas 1.868. Ya entonces se levantaron voces críticas que hablaban de masificación, poco podían imaginar que veinte años después, en 2022, recogerían la Compostela nada menos que 438.321 peregrinos…

A la vez que se producía este boom de las peregrinaciones, se empezó a poner el foco en «los otros Caminos», alternativos al Francés, y uno de ellos fue el Camino Portugués. En ese mismo 1993 ya se inició la señalización del tramo gallego, entre Tui y Santiago, y casi una década después se recuperó la ruta entre Lisboa y la frontera, pasando por Oporto.

Pero como pasa en España, el auge de los últimos 15 años ha llevado a la búsqueda constante de nuevos itinerarios con mayor o menor base histórica, ya que cada región, cada provincia y cada pueblo pugna por tener «su» Camino de Santiago. Tanto es así que es difícil encontrar información fiable de todos los proyectos de señalización de rutas jacobeas que hay actualmente en marcha en Portugal, porque los trazados que aparecen en mapas de diferentes fuentes no siempre coinciden. Aún así, se puede afirmar que ya no existe un solo «Camino Portugués», sino distintas rutas procedentes de Portugal que van convergiendo al acercarse a Galicia. Los principales son itinerarios en sentido sur-norte: Caminho Central, Caminho Nascente, Caminho Interior, Caminho de la Costa y Caminho da Raia. A estos se unen los Caminos en sentido transversal que permiten enlazar desde la Vía de la Plata, en España, con una o varias de las rutas portuguesas sur-norte: el Camino Torres desde Salamanca, el Camino Zamorano-Portugués desde Zamora o la Vía da Estrela desde Cáceres. Y aún me dejo algunos.

Dejando de lado la proliferación de itinerarios, el tramo gallego de los caminos portugueses es el más concurrido después del Camino Francés, y Tui, la localidad de este camino situada a 115 kilómetros de Santiago, es el segundo punto de inicio elegido por mayor número de peregrinos después de Sarria. Si a Tui le sumamos Valença do Miño, dos localidades, una española y otra portuguesa, a tocar una de otra y separadas únicamente por el río Miño, unas 45.000 personas empezaron ahí su ruta a Santiago en 2022, un 10,5% de los que recibieron la Compostela ese año. Para los que no se conforman con una ruta tan corta, Oporto, a 240 kilómetros de Santiago, fue punto de partida de otros 41.000 peregrinos, un 9,5% del total. Estas cifras muestran que de Oporto hacia el norte estamos hablando de dos Caminos, el Portugués Central y el Portugués de la Costa, muy concurridos, y cuyas cifras de peregrinos los convierten, con diferencia, en los dos más exitosos después del Francés.

De Oporto «para abajo» la cosa cambia radicalmente. Desde Lisboa, por ejemplo, partieron el año pasado únicamente 3.300 peregrinos, un 0,8% del total. Aquí ya hablamos de una peregrinación de largo recorrido, unos 615 kilómetros, equivalente a la distancia que hay entre Logroño y Santiago por el Camino Francés. Y si hay tan pocos que se deciden a empezar su ruta en la capital portuguesa, en el resto de rutas que atraviesan el país y que se han ido señalizando en los últimos años el número es absolutamente testimonial, tal como ocurre en muchos caminos «secundarios» en España.

Teniendo en cuenta este panorama, yo llevo años siguiendo el desarrollo de los diversos proyectos en marcha, esperando el día que estuviera señalizado con flechas amarillas el Camino desde el Algarve, la región más meridional de Portugal, permitiendo cruzar de sur a norte todo el país, y ahora ha llegado el momento de hacerlo. Por eso he aterrizado hoy en Faro para iniciar mañana el Caminho Portugués Central en BTT. En diez años haciendo cicloturismo es la primera vez que llevo la bicicleta en el avión y, afortunadamente, ha llegado todo bien. Me ha sorprendido gratamente que en el aeropuerto de Faro, junto a la recogida de equipajes “especiales”, había un lugar específico para montar bicicletas. Y desde ahí, pedaleando, recorro los cinco kilómetros que me separan del centro histórico de la ciudad, donde me alojo para iniciar mañana la ruta.

Como curiosidad, en 2022 llegaron a Santiago solo 64 peregrinos que hubieran iniciado su ruta en Faro. En comparación hubo más personas (77) que recogieron la Compostela habiendo empezado a andar (o pedalear) en Austria, 79 en Polonia, 143 en Suiza o 279 en Bélgica. Lo dicho, un camino nuevo y poco conocido que veremos lo que me depara, ¡Ultreia y Buen Camino!

Día 1, de Faro a Salir (12/10/23)

Como en muchos otros lugares, el Camino se inicia junto a la catedral. La de Faro es un edificio relativamente modesto que fue iniciado en el siglo XIII y poco después fue entregado a la Orden de Santiago en recompensa por su contribución en la conquista de la región tras los años de dominio musulmán. Datos como este ayudan a entender que, aunque a veces pueda dar la impresión de que aparecen Caminos de Santiago “como setas”, sin excesiva base histórica, realmente el culto al apóstol y la peregrinación a su tumba han dejado huella en múltiples lugares de la geografía europea.

Desde la catedral, situada dentro del casco histórico amurallado de la ciudad, una calle me lleva hasta el Arco da Vila, antigua puerta de la muralla medieval. Por aquí salgo a la parte más moderna y bordeo el puerto deportivo. Ahí, junto al cartel de “I Love Faro”, encuentro la primera flecha amarilla.

Enseguida tomo un camino de tierra que me aleja del casco urbano, circulando paralelo a las vías del tren. Luego cruzo el Parque Riberinho de Faro, un parque que va resiguiendo las marismas que rodean la ciudad, hasta desembocar en una pequeña carretera, que sigo durante un par de kilómetros. Cuando la abandono viene un tramo más complicado, en el que hay que ir paralelo a la vía del tren sin apenas espacio para circular. Llego finalmente a la carretera N-125, con muchísimo tráfico pero que se atraviesa por un paso elevado, y continúo por zonas bastante urbanizadas hasta que en Patacão, barrio aún perteneciente a Faro, paro a tomar un café en una “pastelaria”.

Tras la pausa, abandono poco a poco las zonas más pobladas de la costa para adentrarme en un área más rural. Por carreteritas asfaltadas voy circulando entre campos de naranjas, limones y olivos.

También a partir de aquí empieza la primera subida del día, primero suavemente durante unos kilómetros, hasta cruzar la aldea de Santa Bárbara de Nexe, y a partir de ahí con algo más de pendiente, aunque realmente solo se complica en el último kilómetro, por una pista de tierra con mucha gravilla suelta y tramos muy empinados. Por lo demás el ascenso total es de 250 metros, poca cosa excepto por el hecho de que sea la primera subida de este camino. Desde el alto, cuyo nombre desconozco, se ve a lo lejos por última vez, entre la neblina, el océano.

Bajo del alto por una pista de grava y poco después tomo, siempre en bajada, un bonito sendero entre olivos y muros de piedra. Tiene zonas pedregosas algo complicadas, pero es uno de los tramos más bonitos de la jornada.

Luego empieza un nuevo ascenso por la ladera de una colina siguiendo un sendero estrecho en el que en algún momento he de arrastrar la bici. Es una subida intensa y preciosa, con bonitas vistas de los montes de alrededor. Al llegar arriba se pasa junto a unas casas y se corona el Alto do Relógio, tras el que se empieza a descender por un sendero similar al del ascenso, entre matorrales y olivos. Finalmente termino en Goncinha y, de forma mucho más plácida, un kilómetro de carretera me deja en Loulé.

Loulé es una bonita población de casas blancas, muy conocida como centro comercial y con animados mercados semanales. El Camino atraviesa su centro histórico y aprovecho para desayunar y para comprar un “minitrípode”, ya que el que utilizo para hacerme “auto-fotos” con el móvil se me ha roto. El único que encuentro tiene tal pinta de endeble que dudo que llegue a Santiago, pero de momento hace la función, veremos cuanto dura.

Los siguientes kilómetros voy atravesando zonas de monte, subiendo y bajando constantemente pero sin ningún alto digno de ese nombre. Las colinas que recorro están cubiertas de olivos o de arbustos mediterráneos. Predominan los caminos de tierra y algunos tramos de sendero preciosos, y de vez en cuando paso alguna pequeña aldea o casas de campo aisladas, conocidas aquí como “quintas”.

El paisaje es muy bonito y empiezo a ver también alcornoques. Portugal tiene la mayor superficie del mundo de este árbol, del que se extrae el corcho, y el Algarve es una de las regiones donde más abundan.

Poco antes de llegar al destino de hoy, paso junto a varias norias y canales de riego, herencia del período almohade. Salir, el pueblo donde acabaré la etapa, fue también fundado por los árabes y, como muchas otras poblaciones de esa época, está situada en una colina, en cuyo punto más alto se alza su iglesia. Hubo también un castillo, pero actualmente está en ruinas. Aquí una pareja de expatriados, un alemán y una holandesa, han abierto hace pocos meses un “bed and breakfast”, la Casa do Torreão, con solo un par de habitaciones y una maravillosa piscina en la que paso la tarde recuperándome de esta primera etapa…

Balance del día: 45,3 km y 873 m de desnivel positivo acumulado.

Puedes obtener el track en Wikiloc aquí y ver el recorrido realizado en esta animación:

Día 2, de Salir a Castro Verde (13/10/23)

Hoy he de cruzar la Serra do Caldeirão, la barrera natural que separa las regiones del Algarve y el Alentejo, y para ello, en cuanto dejo atrás Salir, empiezo subiendo por carretera a un pequeño alto para luego, tras descender un poco, abandonar el asfalto en las cercanías de Ameixeirinhas. Por una pista forestal recorro dos kilómetros en ascenso hasta otro alto. Al final la pista se transforma en un sendero con fuertes rampas que me obligan a empujar la bici. La subida termina finalmente junto a dos o tres casas que parecen abandonadas.

La ruta continúa por kilómetros y kilómetros de pistas forestales que serpentean por los montes subiendo y bajando. El paisaje es muy bonito, con predominio de alcornoques para la extracción de corcho combinados de vez en cuando con algún olivo y, muy esporádicamente, con algunas especies foráneas como pinos y eucaliptos.

La pista se convierte en sendero momentáneamente para seguir durante unos cientos de metros por el fondo de un barranco. Justo antes, como salido de otra época, me había cruzado con un paisano y un mulo que venían de recolectar algún tipo de plantas. El sendero me lleva hasta las cuatro casas de la aldea de Vale Gomes donde me incorporo a un tramo de pista asfaltada.

Desde aquí sigo mayoritariamente por asfalto hacia Ameixial. En estos kilómetros que me quedan hasta este pueblo he tenido un cierta confusión cuando he dejado la carretera por un sendero lateral que va siguiendo el curso de un río seco. Un kilómetro después no había vuelto a ver ninguna flecha amarilla y he tenido que regresar a la carretera. Parece ser que el recorrido antes iba por ahí pero ahora ha cambiado. En fin, dos kilómetros extras que he tenido que hacer, para finalmente llegar a Ameixial, última población del Algarve por la que pasaré, y donde paro a desayunar.

Los siguientes quince kilómetros voy siguiendo pistas forestales polvorientas que van serpenteando por la sierra. Ya he pasado las zonas más elevadas, así que ahora es mayoritariamente llano o incluso bajada. Es muy fácil de recorrer. En algún momento de este tramo cruzo el cauce seco de la Ribeira do Vascão, el río que separa el distrito de Faro del de Beja (la estructura territorial de Portugal es muy compleja y algo incomprensible para un foráneo, pero los distritos equivalen aproximadamente a lo que en España es una provincia). Es además el límite entre la región del Algarve y la del Alentejo.

Santa Cruz, primera población del Alentejo a la que llego, debe su nombre a la antigua iglesia de la Santa Cruz, construida en el siglo XVI y vinculada desde su origen a la Orden de Santiago, como se reconoce por la característica cruz labrada en la fachada sobre la puerta principal. Una vez en el pueblo paro un rato en una placita a comerme un plátano y descansar un poco. Llevaba hechos unos 40 kilómetros, menos de la mitad de la etapa que había previsto, pero la travesía de la Serra do Caldeirão había supuesto cerca de 1.000 metros de desnivel positivo.

Afortunadamente, a partir de aquí el terreno se transforma radicalmente. La sierra ha quedado atrás y el paisaje del Baixo Alentejo lo forman grandes extensiones de pastos con árboles aislados, mayoritariamente encinas y alcornoques. No llega a ser una llanura, pero es un relieve suave y ondulado.

El camino va atravesando grandes fincas en las que ocasionalmente pastan rebaños de ovejas. Es muy bonito y, en cierta medida, recuerda a las grandes dehesas que se cruzan en la Vía de la Plata, tanto en la Sierra Norte de Sevilla como en Extremadura. Al fin y al cabo están más o menos en la misma latitud. Solo el paso por alguna granja aislada y alguna pequeña aldea rompe la monotonía. Los desniveles son suaves y se avanza bastante rápido.

Así llego a Almodôvar, donde paro a comer. Tras la pausa sigo un par de kilómetros por asfalto y luego, ya por pistas de tierra polvorientas, continúo cruzando las mismas grandes fincas, con encinas y alcornoques solitarios, grandes extensiones de pastos y algunas ovejas. En multitud de ocasiones hay que abrir, cruzar y volver a cerrar portillas para el ganado.

Tradicionalmente se traían a estos campos en trashumancia las ovejas desde la Serra da Estrela, la zona con las montañas más altas del Portugal continental, a casi 400 kilómetros al norte de aquí. E incluso desde Castilla se traían rebaños, a causa de la gran fama de la zona, conocida como Campos de Ourique, para la cría del ganado ovino.

Al salir de una de estas grandes fincas llego a A-dos-Neves y tras un par de kilómetros más paso por la siguiente aldea, Rosário. Son pequeños núcleos en los que no hay gran cosa pero me han parecido curiosas sus iglesias, parecen casi de juguete.

Tras decenas de kilómetros de fincas y de haber cruzado multitud de portillas para el ganado, veo por fin a lo lejos Castro Verde, donde terminaré esta larga etapa. Llego rendido pero con muy buen sabor de boca tras los primeros dos días pedaleando por Portugal. Mañana más.

Balance del día: 90,7 km y 1.446 m de desnivel positivo acumulado.

Puedes obtener el track en Wikiloc aquí y ver el recorrido realizado en esta animación:

Día 3, de Castro Verde a Santiago do Cacém (14/10/23)

Hoy salgo envuelto en la niebla. Aparentemente ha llovido durante la noche y los campos están mojados. El entorno es el mismo de ayer, enormes fincas donde pastan ovejas que se recorren por pistas de tierra, abriendo y cerrando portillos para el ganado.

Una hora después la niebla por fin se levanta. El terreno continúa mojado y en algún tramo hay un poco de barro, pero de momento no supone problemas para avanzar. El paso junto a un pequeño embalse supone un cambio puntual en el paisaje. Cruzo la aldea de Casével, en la que no me detengo, y prosigo entre pastos, alcornoques, encinas y ovejas.

En los momentos en que las nubes se abren y sale el sol el calor es sofocante y me hace añorar la niebla de la primera hora. Sin embargo dura poco, y casi todo el día permanece nublado y con una temperatura agradable. Sigo cruzando fincas en las que predominan las ovejas, pero muy de vez en cuando también paso junto a alguna granja de vacas.

Así, entre pastos, llego a Messejana, donde paro a tomar un café. Es una agradable localidad en cuya plaza principal se alza una “picota”, la columna que simbolizaba la jurisdicción feudal y en la que eran torturados y expuestos los criminales. Como en todas las localidades que atravieso, las casas son mayoritariamente blancas y con franjas de color enmarcando puertas, ventanas y los límites de la fachada. Aquí predomina el azul, pero en muchos municipios cada casa tiene un color diferente.

Poco después de salir de Messejana cruzo una finca preciosa con el pasto recién segado y unas encinas magníficas, pero en la que a mi paso se levantan miles de hormigas voladoras gigantes. Hay que circular con la boca cerrada y con mucho cuidado para no tragarse ninguna….

Continúo kilómetros y kilómetros cruzando la gran llanura alentejana. Sigue siendo muy bonito, aunque a base de repetirse es algo monótono, pero los desniveles son moderados y se avanza bastante rápido.

En el siguiente pueblo al que llego, Fornalhas Velhas, paro a desayunar. A la salida se atraviesa la finca Monte Novo das Fornalhas, con un alcornocal espectacular. Creo que he de retirar la frase anterior donde decía que el paisaje era monótono…

Más adelante paso junto a un pequeño embalse que permite un cambio en el paisaje, ya que a su alrededor hay algunos campos de maíz y otros cultivos de regadío.

Sigo por fincas con pastos, encinas y alcornoques hasta que hay un nuevo cambio de paisaje al atravesar un pinar en el que el terreno arenoso dificulta un poco el avance. Luego llego a São Domingos, “tierra de pan, aceite y calores”, según reza en un mural callejero, y donde aprovecho para comerme un bocadillo.

Poco después de salir de São Domingos se circula durante cuatro kilómetros por un camino paralelo a un canal de riego. Cuando se abandona el canal se inicia un pequeño ascenso por una pista forestal. Aquí las grandes extensiones de pastos con árboles aislados han desaparecido y la zona es boscosa, con árboles más compactos rodeados de arbustos y matorrales.

A medida que avanzo se confirma que el paisaje que podríamos bautizar como “dehesas portuguesas” ha quedado atrás y, tras 120 kilómetros, entre ayer y hoy, en los que era absolutamente predominante, han desaparecido tan rápido como aparecieron tras cruzar la Serra do Caldeirão que separa el Algarve del Alentejo. Sorprendente…

Ahora cada vez hay masas forestales más compactas mezclando pinos y eucaliptos con los árboles autóctonos. También el avance es un poco más difícil porque hay más maleza invadiendo los caminos, más tramos de barro y más pistas arenosas. Y, además, más cansancio acumulado.

Y así llego a Santiago de Cacém, fin de la etapa, y, como su nombre indica, vinculado históricamente a la Orden de Santiago. La ciudad se asienta sobre una colina coronada por su castillo medieval y la iglesia de Santiago. Ahí termino una larga jornada.

Balance del día: 99,0 km y 857 m de desnivel positivo acumulado.

Puedes obtener el track en Wikiloc aquí y ver el recorrido realizado en esta animación:

Día 4, de Santiago do Cacém a Alcácer do Sal (15/10/23)

Un par de fuertes repechos a la salida de Santiago do Cacém y ya estoy en el monte, donde, como ayer, empiezo el día envuelto en la niebla. Ya en los primeros kilómetros el camino atraviesa un bosque espectacular, precioso. Sigo así durante diez kilómetros hasta que llego a una pequeña aldea.

La cruzo, y unos cientos de metros después paso por otra aldea mayor, San Bartolomeu da Serra, de la que me alejo por un camino que va bordeando una zona agrícola. Desde aquí continúo por una nueva pista forestal, siempre cruzando bosques y con el clásico sube-baja-izquierda-derecha, serpenteando por las sierras hasta llegar al pueblo de Roncão.

Aquí quería parar, pero es domingo y no hay nada abierto, así que continúo cuatro kilómetros más por una pista asfaltada hasta la siguiente aldea, Cruz de João Mendes. Hay un par de cafés, pero también están cerrados, por lo que opto por comerme unas galletas y un plátano que llevaba y proseguir mi camino. Tres kilómetros más de asfalto y abandono la carretera por una nueva pista forestal.

Desde aquí vienen cinco kilómetros por el bosque por pistas y senderos, de nuevo atravesando lugares preciosos. Se me acaban los calificativos y no quiero ser repetitivo, pero es que es así… Cuando desciendo entro en la aldea de Santa Margarida da Serra, donde ahora sí encuentro una taberna abierta en la que paro a tomar un café.

En los siguientes diez kilómetros, otra vez por el bosque, otra vez subiendo y bajando, y otra vez atravesando rincones espectaculares, cruzo una “quinta” llamada “monte das cabras”, un nombre que me parece perfectamente elegido… En este tramo hay un ascenso por un sendero que tiene las rampas más fuertes del día, y donde he acabado arrastrando la bici.

Siempre a través del bosque, llego en lo alto de una colina a la Ermida da Nossa Senhora da Penha de França, un santuario desde el que ya se divisa a mis pies la población a la que me dirijo, Grândola, y desde donde también me llama la atención que los montes se acaban y lo que viene a continuación es una enorme llanura. Desciendo de la Ermita rápidamente por un sendero y, tras atravesar un gran olivar medio abandonado, entro en la población.

Incluso sin saberlo, todos los portugueses e incluso muchos extranjeros, han oído hablar de Grândola. Y es que esta población es a la que está dedicada la canción “Grândola, Vila Morena”, cuya retransmisión por la radio el 25 de abril de 1974 fue elegida como señal de inicio del levantamiento contra la dictadura de Salazar, la que luego sería conocida como la Revolución de los Claveles. Desde entonces la canción “Grândola, Vila Morena”, que originariamente era un poema que habla de la fraternidad entre las gentes de este pueblo, es considerada un himno a la libertad y a la democracia.

En cuanto dejo atrás la “Vila Morena” se confirma lo que había intuido desde la ermita, que a partir de aquí se acaba el monte y viene una inmensa llanura. Se agradece por que se puede circular más rápido, aunque a cambio el paisaje es un poco más anodino en los primeros kilómetros, no se puede tener todo…

Enseguida mejora y empiezo a cruzar enormes plantaciones de pinos. Me preguntaba para que servía tanto pino cuando veo que cada uno tiene en el tronco una bolsa en la que se recolecta resina. Leo después que de la colofonia, que es como se denomina técnicamente la resina de pino, se extraen materias primas para la fabricación de ceras, pinturas, tintas, disolventes y unas cuantas cosas más, ¡ahora entiendo por qué tanto pino!

Cuando acaban los pinos paso una granja de vacas y empiezo a cruzar un alcornocal. Nada más internarme en él, la pista es tan arenosa que no se puede circular y he de arrastrar la bicicleta. Luego mejora pero enseguida vuelve la arena. Al final, lo que ha empezado siendo una anécdota, un pequeño tramo de arena, se ha convertido en una pesadilla y he tardado más de una hora para hacer tres o cuatro kilómetros. Era como circular por una playa y tenía que caminar casi todo el tiempo.

Este tramo termina en Vale do Guiso, una pequeña aldea junto al río Sado. Aquí hay que acercarse al café O Baracinha, justo en la orilla, porque ellos tienen una barca con la que cruzan a los peregrinos al otro lado del río. Está previsto así en el diseño de la etapa del Camino de Santiago. Pues bien, llego al lugar, pregunto amablemente, y me dan a entender que con bici no se puede pasar, que la barquita es muy inestable y se puede volcar, y que, además, por el otro lado no se puede circular con bici, que hay que empujarla… Mucho mejor, me explican, ir por carretera hasta Alcácer do Sal, llegaré antes… Todo eso en portugués y entendiendo la mitad. En fin, decido parar, comerme un bocadillo y pensar mejor las opciones. Lo de volcar la barca, pase, pero lo de poder o no circular por el otro lado me tenía mosca después de lo que me habían costado los últimos kilómetros. Al otro lado de río quedaban unos 12 hasta Alcácer do Sal, si todos, o parte de ellos, eran arenosos, podía pasarme horas…

Con el estómago lleno veo las cosas más claras y decido que si el Camino de Santiago va por ahí, pues por ahí se ha de ir, así que insisto al barquero si me puede cruzar, y finalmente acepta. Subo con cuidado la bici y, a golpe de un solo remo, me lleva al otro lado.

En la otra orilla del Sado, aprovechando los meandros del río, hay unas grandes llanuras en las que pastan rebaños de vacas. Más adelante también veo arrozales inundados. Y para atravesarlos circulo por un camino con algún tramo de arena pero cuyo problema principal no es ese, sino el barro. Aún así se puede avanzar bien, y rápidamente voy recorriendo los kilómetros que me quedan hasta Alcácer do Sal.

Y en Alcácer do Sal, bonita ciudad con gran patrimonio histórico, termino la etapa sin entender muy bien como el río que había cruzado en cinco minutos con la barquita un rato antes, era aquí, pocos kilómetros después, un señor río de una anchura y un caudal considerables… ¿de dónde ha salido tanta agua?

Balance del día: 81,4 km y 859 m de desnivel positivo acumulado.

Puedes obtener el track en Wikiloc aquí y ver el recorrido realizado en esta animación:

Día 5, de Alcácer do Sal a Vendas Novas (16/10/23)

Hoy toca una etapa bastante corta que casi puede considerarse una jornada de “descanso activo”. Para afrontarla, empiezo remontando por las calles de Alcácer do Sal hasta la parte alta, donde están los restos de su castillo y la iglesia de Santa Maria do Castelo. A partir de aquí se abandona la ciudad, primero durante cuatro kilómetros por la carretera N5, con mucho tráfico y atravesando polígonos industriales, y luego ya por una pista que avanza entre grandes plantaciones de pinos y alcornoques.

Más adelante cruzo una portilla para ganado y entro en una finca con enormes pinos. En los caminos hay arena, pero de momento se puede circular. He llegado a la conclusión de que en el Alentejo, invariablemente, donde hay pinos los suelos son arenosos. Desconozco el porqué, pero son dos cosas que siempre van juntas.

Los siguientes doce kilómetros voy recorriendo fincas en las que van alternándose zonas de pinar con otras en las que predominan los alcornoques. El camino es agradable, y aunque hay tramos arenosos suelen estar húmedos, con lo que el firme es compacto y se puede avanzar bien.

En algún momento se asemeja a los paisajes tipo dehesa del Baixo Alentejo pero, en general, aquí entre los árboles crecen arbustos y no hay el terreno despejado característico de aquellas fincas.

Cuando finalmente salgo a una carretera asfaltada me quedan tres kilómetros para entrar en el pueblo de Casebres, donde paro a desayunar.

Sigo avanzando, siempre por caminos, y ahora encuentro grandes plantaciones de eucaliptos. Luego se van combinando con las de pinos y con otras zonas de bosque. Se sigue avanzando fácil, con la única dificultad de algún tramo con excesiva arena y zonas esporádicas de barro. Los desniveles son suaves toda la jornada, con algún repecho aislado que exige un poco de esfuerzo.

El camino me lleva a una carretera por la que recorro un par o tres de kilómetros hasta cerca de la aldea de Cabrela. El itinerario no entra en ella sino que se desvía antes del casco urbano, pero decido recorrer los 800 metros que quedan al centro y hacer una nueva parada en un bar.

Retrocedo y ahora sí entro por un camino en la Hardada de Palhavã, una gran finca en la que pastan las vacas y en la que después cruzo una zona de alcornoques enormes, probablemente centenarios.

Salgo por el otro lado de la finca y continúo circulando por un laberinto de senderos, a ratos arenosos y a ratos con algo de barro, pero muy agradables. Avanzo durante kilómetros por todo tipo de masas forestales: pinos, alcornoques, encinas, eucaliptos… Es muy bonito.

Al final desemboco en una pista más ancha que, atravesando zonas urbanizadas con mucha casa aislada, me acerca hasta Vendas Novas.

Y en Vendas Novas termino esta etapa “de descanso”, una ciudad relativamente moderna y sin excesivo interés histórico y cuyo edificio más destacado es el Palácio das Passagens, un palacio real del siglo XVI que alberga hoy día la academia de artillería. Aprovecho que hoy llego pronto al destino para dar un manguerazo a la bici, lavar la ropa, degustar una “bifana”, un bocadillo de lomo que es la gran especialidad de la zona, y descansar, descansar mucho para afrontar las próximas etapas, que no serán tan plácidas como la de hoy.

Balance del día: 48,2 km y 587 m de desnivel positivo acumulado.

Puedes obtener el track en Wikiloc aquí y ver el recorrido realizado en esta animación:

Día 6, de Vendas Novas a Benavente (17/10/23)

Durante la noche ha llovido y cuando me pongo en marcha hace más fresco que ningún otro día y, además, bastante viento. Los primeros diez kilómetros voy siguiendo una carretera local, probablemente el tramo más largo de asfalto que he hecho en este camino desde que salí de Faro. Cuando la abandono, tomo una pista que recorre una gran finca con plantaciones de pinos y alcornoques. El camino es un poco arenoso.

Mientras iba avanzando por la pista, el cielo se ha puesto repentinamente negro y ha empezado a llover bastante de improviso. Justo en ese momento estaba cruzando una vía de tren y me he podido refugiar en un cobertizo de una estación abandonada. He parado a ponerme el impermeable y a esperar a ver si pasaba. Al rato, viendo que es una lluvia suave, me pongo de nuevo en marcha.

Aunque entonces no lo sabía, la lluvia duraría todo el día, complicando mucho una etapa que se preveía relativamente fácil. En casi ningún momento llueve muy fuerte, pero siempre lo suficiente para mojarse y para que haya mucho barro.

Sigo avanzando, pasando de vez en cuando por alguna granja aislada, pero sin ver ningún núcleo de población en 33 kilómetros. Continúo cruzando fincas y bosques hasta que finalmente llego a Branca, la primera aldea de toda la etapa, donde paro a desayunar, y que además representa el paso del Alentejo a la región del Ribatejo. Esta aldea es parte del municipio de Coruche, considerado “capital mundial del corcho” ya que en él se producen 5 millones de tapones al día, el 10% de todo el corcho que se extrae en Portugal, ¡son muchos tapones!

Desde Branca hay 17 kilómetros hasta la siguiente población, Santo Estêvão, y para ir de una a otra circulo constantemente entre grandes fincas valladas. Primero cuatro kilómetros por carretera, luego ocho por una amplia pista de arena blanca y, el resto, de nuevo por carretera. En todo este recorrido no para de llover y, además, al no tener la protección de los árboles por no circular por dentro de las fincas, tengo la sensación de que me mojo más y de que el viento es más fuerte, con rachas que llegan a tambalear la bicicleta. Ya cerca de Santo Estêvão me refugio un rato de la lluvia en una marquesina que protege los buzones de una urbanización.

La lluvia sube y baja constantemente de intensidad hasta que finalmente llego al pueblo y paro a comerme un bocadillo. Estando en el bar empieza a llover aún más fuerte y mientras contemplo como cae el agua en el exterior, un paisano me mira con cara de lástima y sacude la cabeza como diciendo “¿dónde vas con este tiempo?”…

Pero yo he de continuar, así que me pongo en marcha de nuevo, primero por unos kilómetros de pista forestal, cada vez más embarrada a medida que la lluvia no cesa, que pasa junto a grandes campos donde pastan vacas.

Y luego, durante varios kilómetros, por un camino que va recorriendo la vega del río Almansor, cruzando extensos arrozales. A medida que avanzo he de ir esquivando unos cangrejos rojos que cruzan la pista y que me da la impresión que es una especie invasora, ¡hay muchísimos!

Así llego a Samora Correia, donde hago una última parada en un bar, refugiándome momentáneamente de la lluvia. La iglesia de esta aldea, Nossa Senhora da Oliveira, está vinculada a Santiago y en el exterior luce diversos símbolos jacobeos.

Mojado y rebozado en barro afronto los últimos diez kilómetros de día, esta vez por un sendero por la vega del río Sorraia. De hecho, el que había seguido antes, el Almansor, es afluente de éste que, a su vez, desemboca en el Tejo (el Tajo) a pocos kilómetros de aquí. Durante el recorrido junto al río, las horas de pedaleo bajo la lluvia se ven compensadas por un precioso arcoíris.

Ya cerca del destino se circula un rato por un sendero paralelo a un canal de riego hasta que, finalmente, llego a Benavente, donde termino una etapa dura, no por el kilometraje o por el desnivel sino por las inclemencias del tiempo. Pero cada día estoy un poco más cerca de Santiago. Mañana más.

Balance del día: 78,9 km y 318 m de desnivel positivo acumulado.

Puedes obtener el track en Wikiloc aquí y ver el recorrido realizado en esta animación:

Puedes leer aquí la continuación entre Benavente y Santiago de Compostela .