2022_De Cap de Creus a Fisterra en BTT (Parte 4: Rabanal del Camino-Fisterra)

Esta es la cuarta parte de las cuatro en las que está dividido el relato del Camino de Santiago entre Cap de Creus y Fisterra en BTT:

Parte 1: de Cap de Creus (día 1) a Cervera (día 5)

Parte 2: de Cervera (día 6) a Soria (día 10)

Parte 3: de Soria (día 11) a Rabanal del Camino (día 15)

Parte 4: de Rabanal del Camino (día 16) a Fisterra (día 20)

Día 16, de Rabanal del Camino a Trabadelo (15/05/2022)

Para pasar de la Meseta Castellana a Galicia hay que cruzar dos barreras montañosas. La primera son los Montes de León, que superaré en la etapa de hoy. La segunda son los Ancares, una sierra que es parte del Macizo Galaico y que cruzaré mañana por el famoso Alto do Cebreiro. Entre ambas hay una “hoya” o depresión natural en la que se ubica la comarca del Bierzo, con un microclima especial de tipo mediterráneo y que social y culturalmente es un territorio de transición entre León y Galicia.

Para superar la primera de estas dos barreras montañosas que me separan de Galicia emprendo entre la niebla el ascenso por un sendero hacia uno de los lugares más emblemáticos de todo el Camino Francés, la Cruz de Ferro.

Por el camino paso por Foncebadón, otra aldea que ha revivido gracias a los peregrinos y, en este caso, de forma literal ya que desde los años 60 del siglo pasado estuvo abandonada hasta que el resurgir del Camino de Santiago en los últimos 25 años hizo que se empezaran a abrir albergues, bares, restaurantes y otros servicios. Desde aquí ya solo quedan un par de kilómetros de subida hasta la Cruz de Ferro.

La tradición ancestral es depositar una piedra en la base de la cruz. Parece ser que los segadores gallegos que regresaban a su tierra desde Castilla ya hacían lo mismo y con los siglos se ha creado una inmensa pirámide de piedras.

Aunque la Cruz está en el puerto de Foncebadón, a 1.496 metros de altitud, todavía queda subir algo más. En los siguientes kilómetros se desciende ligeramente para volver a ascender después hasta otro collado. En este tramo se pasa por Manjarín, una aldea abandonada pero en la que Tomás lleva 29 años instalado en su “refugio templario”, como él lo define, desde el que ha ofrecido ayuda y café a miles de peregrinos, como el que hoy me he tomado yo. Otro de esos personajes peculiares ligados para siempre a la recuperación del camino en la época moderna.

Finalmente, aunque nada lo indica, se alcanza el collado de las Antenas, junto a una pequeña base militar, y que con 1.505 metros de altitud es la cota máxima de todo el Camino Francés.

Los siguientes diez kilómetros son un larguísimo descenso por senderos, en ocasiones con muchísima piedra suelta. Algunos tramos son verdaderamente empinados y a pie debe ser rompedor para las rodillas. De hecho, tanto a pie como en bicicleta este descenso es el plato fuerte del día, mucho más exigente que la subida a la Cruz de Ferro o al alto de las Antenas.

Solo el paso por un par de pueblos, El Acebo de San Miguel y Riego de Ambrós, interrumpe brevemente el espectacular descenso. Ambos pertenecen ya a la comarca del Bierzo.

El descenso termina en Molinaseca, donde paro a desayunar. Después unos kilómetros más relajados, en los que he pasado por las primeras viñas de la denominación de origen El Bierzo, me llevan hasta Ponferrada.

En esta ciudad destaca su enorme castillo de los Templarios. Esta orden religiosa de monjes guerreros estuvo en la Edad Media muy vinculada al Camino de Santiago ya que se encargaba de la protección de las rutas y de los peregrinos. Por eso abundan los vestigios relacionados e incluso hay topónimos que hacen referencia como Terradillos de los Templarios por donde pasé hace un par de días.

En Ponferrada es también donde se inicia el Camino de Invierno que en lugar de entrar en Galicia por O Cebreiro lo hace siguiendo el valle del Sil y que recorrí hace un par de años con mis dos hijos como continuación del Camino Olvidado que nos trajo hasta aquí desde Bilbao. Ambos caminos, Olvidado y de Invierno, muy recomendables.

Pero hoy prosigo por el Francés y para ello salgo de Ponferrada dirección Villafranca del Bierzo. Los primeros quince kilómetros, hasta Cacabelos, son algo anodinos. Por pistas y tramos de carretera voy recorriendo la parte más llana de la comarca del Bierzo sin nada que destaque demasiado. En Cacabelos paro a comer un bocadillo y después el paisaje mejora enormemente mientras serpenteo entre un mar de viñedos.

Por preciosas pistas entre viñas llego a Villafranca del Bierzo donde hago la última parada del día. Díez kilómetros más siguiendo un carril paralelo a la antigua N-VI, en desuso desde la construcción de la autovía, me dejan en Trabadelo, donde termino la etapa y donde estoy a solo quince kilómetros de la entrada a Galicia, ¡ya se huele a pulpo a feira!

Balance del día: 68,3 km y 902 m de desnivel positivo acumulado.

Puedes obtener el track en Wikiloc aquí y ver el recorrido realizado en esta animación:

Día 17, de Trabadelo a Sarria (16/05/2022)

Hoy toca cruzar la segunda de las barreras montañosas que separan la Meseta de Galicia, la sierra de los Ancares. Los primeros diez kilómetros son de “aproximación”, remontando el curso del río Valcarce por un carril paralelo a la antigua N-VI o por una carretera local sin tráfico. En este tramo el ascenso es suave y en el último pueblo antes de empezar la subida “de verdad”, Las Herrerías, paro a tomar un café. Y aunque había desayunado hacía menos de una hora no he podido resistir el brownie de chocolate casero que tenían, necesitaba un extra de energía para lo que me esperaba a continuación…

En estos primeros kilómetros llovía ligeramente pero después de la pausa había parado casi del todo. Un par de kilómetros después de Las Herrerías un desvío a la izquierda marca el inicio de la ascensión. En este punto la mayoría de ciclistas siguen por la carretera pero en mi caso, como hago habitualmente, prefiero seguir el camino original. De todas formas la subida por asfalto también es durísima.

El ascenso se puede dividir en tres partes. En esta primera se circula por un sendero por el bosque con algunos tramos de mucha pendiente y piedras sueltas que son difícilmente ciclables con una bici cargada. Depende, claro está, de la forma de cada uno. En mi caso he tenido que arrastrar la bici en algunos momentos. En poco menos de dos kilómetros se llega a la aldea de La Faba.

Tras La Faba la segunda parte tiene menos pendiente y el sendero es más liso y sin tanta piedra. A partir de aquí todo es ciclable. Se sube entre pastos y con bonitas vistas de las montañas de alrededor. En dos kilómetros se llega a Laguna de Castilla, el último pueblo castellano-leonés por el que pasaré en este camino. Allí paro un rato a reponer fuerzas como muchos de los peregrinos a pie o en bicicleta con los que coincido.

Inicio la tercera y última parte subiendo entre pastos y un kilómetro después… ¡Galicia! Momento muy emocionante que me hace tomar consciencia de todo lo recorrido desde que salí del Cap de Creus y de lo poco que queda para llegar a Santiago, en primer lugar, y a Fisterra después.

Enseguida aparece el primer mojón de la Xunta que indica que quedan 160,948 km a Santiago. Nunca deja de sorprenderme que utilicen tres decimales de precisión. Un último esfuerzo y entro en O Cebreiro, la pequeña aldea en la que finaliza el ascenso.

O Cebreiro, aparte del simbolismo de ser la primera localidad que se pisa al entrar en Galicia, es también un lugar clave en la recuperación del Camino de Santiago en la época moderna. Fue Elías Valiña, párroco de esta aldea, quien en los años 80 del siglo pasado empezó a trabajar para reactivar las peregrinaciones jacobeas para lo cual tuvo la idea de señalizar el itinerario desde Francia y para ello empleó unas sobras de pintura amarilla que le cedieron en unas obras de carretera. Así nacieron las flechas y por eso son del color que son.

A partir de aquí el itinerario sigue bajando y subiendo constantemente por bonitos caminos entre bosques. A unos tres kilómetros se sube un segundo alto, el de San Roque, en el que hay una enorme estatua de un peregrino andando contra el viento. Unos kilómetros después y tras una dura rampa final se llega a un tercer alto, el del Poio, en el que hay un par de bares y donde paro a comer un pincho de tortilla mientras las gallinas picotean a mi alrededor.

Tras tres altos consecutivos, Cebreiro, San Roque y do Poio, viene por fin, ahora sí, una larga bajada de casi doce kilómetros, siempre serpenteando a través de verdes colinas, hasta llegar a Triacastela. El tiempo, muy gallego, es cambiante durante todo el día, pasando de un sol sofocante a lluvia ligera y rachas de viento con una facilidad asombrosa. Aún así no llega a llover seriamente en ningún momento de la etapa.

A la salida de Triacastela hay dos opciones que confluyen de nuevo poco antes de Sarria. Una variante pasa por San Xil y la otra por Samos. La primera es siete kilómetros más corta pero tiene más desnivel y ambas son igual de interesantes. En mi primer camino, en 2013, fui por San Xil y en el segundo, en 2015, por Samos, así que decido que esta vez toca San Xil.

Esta variante sube durante los primeros cinco o seis kilómetros hasta coronar el Alto de Riocabo, el cuarto del día, pasando durante la ascensión por muchos tramos de corredoiras, los caminos de carro tradicionales que unían las aldeas gallegas y que generalmente discurren entre muros de piedra que suelen estar cubiertos de musgo creando estampas preciosas.

Coronado el alto, en cuyo descenso también se pasa por más de una corredoira, voy acercándome a Sarria, el destino del día, parando antes a comer en Pintín, a pocos kilómetros del final.

Sarria está a 113 kilómetros de Santiago y, dado que la norma algo absurda del arzobispado de esta ciudad fija en 100 la distancia mínima que hay que recorrer para conseguir la Compostela, el diploma acreditativo de haber completado la peregrinación, es el lugar de partida elegido mayoritariamente por quien quiere hacer un Camino lo más corto posible. Por eso una de cada cuatro personas que llegan cada año a Santiago a pie lo hacen partiendo de Sarria, y por eso también hay decenas de albergues, pensiones, hoteles y muchos otros servicios para los peregrinos. Yo aprovecho que es mi primera noche en Galicia para disfrutar del primer plato de pulpo, lo justo para ir abriendo boca de lo que me espera mañana en Melide…

Balance del día: 57,8 km y 1.313 m de desnivel positivo acumulado.

Puedes obtener el track en Wikiloc aquí y ver el recorrido realizado en esta animación:

Día 18, de Sarria a Melide (17/05/2022)

Como era de esperar hoy ha sido un día marcado por la gran presencia de peregrinos que, en las zonas de caminos más estrechos, dificultan mucho la circulación cuando se va en bicicleta. Durante toda la etapa voy avanzando hacia Santiago a través de plácidas zonas rurales de la provincia de Lugo cruzando a menudo pequeñas aldeas de cuatro casas.

Todo el día se combinan tramos por las numerosas carreteras que comunican las aldeas con otros por preciosas corredoiras. Como pasa siempre en Galicia es un constante subir y bajar, y a pesar de no ascender en todo el día ningún “alto” concreto, al final del día habré acumulado casi el mismo desnivel positivo que en la etapa de ayer en la que coroné cuatro, entre ellos el mítico Cebreiro.

En una aldea llamada A Pena paso el mojón que indica que faltan 100 km a Santiago. Curiosamente hasta 2016, y por lo tanto las dos veces que pasé por aquí en mis caminos de 2013 y 2015, esta señal estaba en A Brea, unos dos kilómetros y medio antes de su ubicación actual. Desconozco si el cambio se debe a un cálculo más preciso de la distancia o a modificaciones en el trazado que han alargado el recorrido.

Cuando llevaba hechos 22 kilómetros llego a Portomarín tras cruzar el embalse de Belesar en el río Miño. Instantes antes, mientras descendía hacia el puente, una ligera lluvia a la vez que lucía el sol me regala un bonito arco iris.

Una vez cruzado el Miño vienen algunas de las subidas más fuertes del día, remontando el valle para alejarse del río. Siempre por bonitas zonas rurales en las que en cada aldea se ven hórreos y pequeñas explotaciones ganaderas.

En algunos momentos había realmente mucha gente. Cuando se va en bicicleta a los peregrinos a pie se los va encontrando por oleadas. Durante una hora o dos se adelantan caminantes aislados y de repente en la hora siguiente se coincide con una multitud que no acaba nunca hasta que desaparecen de nuevo un par de horas y vuelta a empezar. Esto ocurre porque hay unos fines de etapa típicos que aparecen en todas las guías y donde duerme la mayoría de gente. Los peregrinos que salen de uno de esos lugares lo hacen más o menos a la vez, con una diferencia de quizás una hora arriba o abajo, y caminan, en general, a velocidades muy similares, por eso van “en caravana” y cuando en bicicleta se les alcanza se ha de pasar a todo el grueso de los que han partido de un mismo pueblo esa mañana. Luego hay una franja con menos gente hasta que se atrapa a los que han iniciado la etapa en otro punto y así todo el día. Hoy agradecía los tramos en los que el Camino iba paralelo a una carretera porque era donde era más fácil adelantar las “oleadas”.

Los mejores momentos era cuando tenía alguna corredoira para mi solo. Hoy ha habido muchos kilómetros por este tipo de caminos y cuando se puede circular bien son una maravilla.

Ya cerca del final de la etapa cruzo el límite entre las provincias de Lugo y A Coruña.

Pocos kilómetros antes de Melide empieza a llover. Son estas situaciones en las que para lo poco que queda vas tirando y tirando sin parar a ponerte la ropa impermeable esperando que sea solo una lluvia ligera y haya tiempo de llegar al destino y cuando te das cuenta estás empapado. Nada más llegar me recupero con un caldo gallego caliente y un plato de pulpo en A Garnacha, la segunda pulpería más famosa de Melide. Y para terminar café de puchero con unas gotitas de orujo, más gallego imposible…

Y reservo la primera, la célebre Pulpería Ezequiel, para cenar. Claro que cuál es mejor es muy subjetivo y hay opiniones para todos los gustos pero por eso lo mejor es probar las dos y no tener que decidir, como he hecho yo las últimas veces que he pasado por aquí.

Balance del día: 62,6 km y 1.223 m de desnivel positivo acumulado.

Puedes obtener el track en Wikiloc aquí y ver el recorrido realizado en esta animación:

Día 19, de Melide a Santiago de Compostela y Negreira (18/05/2022)

Poco después de amanecer estoy en marcha, intentando adelantarme al menos a la oleada de los peregrinos que han dormido en Melide. Y lo consigo, porque en los catorce kilómetros hasta Arzua solo encuentro a unos pocos caminantes madrugadores.

En Arzua hago una breve parada a tomar un café. Desde poco antes de llegar a esta población ha empezado a llover y así seguiría las dos horas siguientes. Llueve a rachas y nunca llega a ser muy fuerte pero lo que abunda muchísimo hoy es el barro. Hemos acabado rebozados, tanto yo como la bicicleta.

Al salir de Arzua ya encuentro más peregrinos en la ruta pero aún así creo que había menos que ayer.

En Melide, donde he dormido, se juntan el Camino Primitivo proveniente de Oviedo y el Francés. Por eso este tramo entre Melide y Santiago es el que más veces he recorrido, en tres ocasiones en bicicleta y en una a pie. Hoy será la quinta así que es difícil explicar nada nuevo, ya está todo dicho. De todas formas es una típica etapa gallega con multitud de corredoiras que se combinan con tramos de asfalto de carreteritas muy locales y el paso constante por pequeñas aldeas. Y todo ello subiendo y bajando todo el día y deseando avanzar lo más rápido posible pensando en llegar a Santiago.

En A Brea, poco antes de O Pedrouzo, paro a desayunar. Sigo avanzando y más adelante paso por el indicador de 10 kilómetros a Santiago que como ayer en el mojón del kilómetro 100 ha cambiado de sitio respecto a las últimas veces que pasé por aquí. Son cosas que ocurren, de vez en cuando hay modificaciones en el recorrido. Llego finalmente al Monte do Gozo en el que desde hace poco más de un año ya no está la gigantesca escultura conmemorativa de la visita del papa Juan Pablo II en 1989. Parece ser que estaba muy deteriorada por el paso de los años y la climatología. La escultura no era demasiado bonita pero era una imagen típica en el punto justo desde el que se ve Santiago por primera vez y ya solo queda descender y entrar a la ciudad.

Y eso hago yo, desciendo rápidamente y callejeando entro en el casco histórico por la Porta do Camiño. Sigo avanzando hasta que la música del gaitero me anuncia que ya estoy a punto de entrar en la Plaza del Obradoiro, kilómetro cero de los Caminos a Santiago. He llegado, una vez más, pero ¡Cuánto ha costado!

Aunque hoy mi ruta no acaba aquí, así que me como un pincho de tortilla en los alrededores de la catedral y vuelvo a la Plaza del Obradoiro desde donde, frente al antiguo hospital de peregrinos reconvertido ahora en el lujoso Hostal de los Reyes Católicos, se inicia la señalización de los Caminos de Fisterra y Muxia. Poco después, aún dentro del casco urbano, hay el primer mojón que marca 89,586 km a Fisterra y un poco menos a Muxia. Son los dos lugares tradicionales de acabar el Camino frente al mar y el recorrido es común durante los primeros 60 kilómetros.

Enseguida estoy fuera de Santiago y empieza la misma combinación de carreteritas y corredoiras que me habían traído hasta ella. Desde Sarela de Baixo, a un par de kilómetros de la ciudad, hay la última vista del casco histórico del que sobresalen las torres de la catedral.

En los veinte kilómetros hasta Negreira, donde dormiré, hay un par de altos a superar. Al primero, el Alto do Vento, se sube paulatinamente y casi sin darse cuenta pero el segundo, el Alto do Mar de Ovellas, tiene un par de kilómetros de fuerte pendiente que a estas alturas ha costado. Poco antes del final de la etapa se cruza el río Tambre por un puente medieval del siglo XIII y se llega a Ponte Maceira, pequeña población con casas de piedra en la que hay la misma placa de “uno de los pueblos más bonitos de España” que vi hace unos días en Covarrubias (Burgos). Desconozco quien otorga tal alta distinción… Yo continúo por un sendero paralelo al río Tambre y llego finalmente a Negreira donde termino la jornada.

Balance del día: 75,7 km y 1.383 m de desnivel positivo acumulado.

Puedes obtener el track en Wikiloc aquí y ver el recorrido realizado en esta animación:

Día 20, de Negreira a Fisterra (19/05/2022)

Nada más salir de Negreira tomo una alternativa que se separa del itinerario principal durante tres kilómetros y que discurre por un bonito camino paralelo al río Barcala.

Después esta ruta alternativa se empieza a alejar del río ascendiendo por un sendero a través de un bosque precioso. Tiene algún tramo en el que hay que arrastrar la bici pero el sitio es mágico. Finalmente, tras cruzar un campo sembrado, se llega a la aldea de Zas donde confluye con el camino oficial.

Los siguientes diez kilómetros discurren mayoritariamente por senderos a través de robledales “contaminados” con los inevitables eucaliptos. Subiendo y bajando constantemente llego a Vilaserío, donde paro a tomar un café.

Luego el paisaje empieza a cambiar y durante muchos kilómetros se recorre una zona más llana y más abierta, con grandes extensiones cultivadas, combinando tramos de pista con otros de asfalto.

A partir de un momento se abandona esta área más llana para empezar uno de los ascensos más duros del día por una pista que lleva hasta el Monte Aro. En el punto más alto hay un mirador desde el que parece verse el mar pero resulta ser el embalse de Fervenza en el río Xallas, aún habrá que esperar unos kilómetros más para contemplar por fin el océano.

Paso Olveiroa, donde paro a desayunar, y continúo ascendiendo hasta Hospital. Pasada esta aldea está la bifurcación de los Caminos a Fisterra o a Muxía. Yo voy esta vez hacia la primera, para la cual el mojón indica que faltan aún 30 kilómetros. También es posible al llegar a cualquiera de estos dos destinos enlazar con el otro por un camino que va resiguiendo la costa y que hice en 2014, cuando al acabar la Vía de la Plata desde Sevilla a Santiago fui primero a Muxía y después a Fisterra.

A partir de la bifurcación y a medida que avanzo hacia el mar la vegetación va variando y cada vez predominan más los pinares que voy atravesando por cómodas pistas forestales.

Y mientras desciendo veo por fin, en la distancia, ¡el mar! Veinte días después de dejarlo atrás en la Costa Brava catalana por fin vuelvo a tenerlo enfrente de mí. Sigo bajando y entro en Cee, población que atravieso por su paseo marítimo para entrar a continuación en Corcubión, a orillas de la ría del mismo nombre. Aquí, a solo 15 kilómetros del final, paro a comer un pincho de tortilla y coger fuerzas para la recta final de este viaje.

Aunque no quede mucho, siempre hay tiempo para un obstáculo más. A la salida de Corcubión hay una subida corta pero intensa hasta el núcleo de O Vilar y tras descender y pasar por las playas de arena blanca de Estorde y de Sardiñeiro de Abaixo de nuevo hay que ascender por una pista de tierra entre eucaliptos. Al bajar se ven ya a lo lejos el pueblo de Fisterra y el cabo con el faro.

Ahora ya solo queda reseguir la larga playa de Langosteira por un paseo junto a las dunas que la bordean y llego por fin a Fisterra.

Desde el pueblo quedan tres kilómetros de carretera hasta el faro que recorro con el corazón desbocado. Ha sido un camino muy largo para llegar hasta aquí. Y finalmente el faro, el Finis Terrae de los romanos, donde se acababa la tierra conocida, el mojón del kilómetro 0,000 y las emociones a flor de piel… Y para rematarlo, igual que a la entrada de la Plaza del Obradoiro también hay aquí hoy un gaitero dando la bienvenida a los que llegan.

Junto al faro encuentro la misma placa de bronce con la inscripción “de Cap de Creus a Cabo Fisterra” que está instalada en el faro de Cap de Creus, a 1.500 km de aquí, con la diferencia que allí el orden está invertido “de Cabo Fisterra a Cap de Creus”. Se puede decir que ya formo parte del club…

Vuelvo al pueblo a instalarme en un hotel y al atardecer regreso al faro, esta vez caminando, a ver la puesta de sol. Una forma de cerrar lo que empezó con una salida del sol en el otro extremo de la península. Pero hay tantas nubes que no se ve el sol así que desisto de esperar la foto perfecta y de vuelta en Fisterra celebro el fin de una larguísima ruta con un fabuloso lubrigante, como aquí denominan al bogavante. Y que no falte una vieira, el símbolo jacobeo por excelencia, ¡Buen Camino y hasta la próxima!

Balance del día: 72,9 km y 1.355 m de desnivel positivo acumulado.

Balance total entre el Cap de Creus y Fisterra: 1.510,2 km y 18.746 m de desnivel positivo acumulado en 20 días.

Puedes obtener el track en Wikiloc aquí y ver el recorrido realizado en esta animación:

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