Como en muchos otros lugares, el Camino se inicia junto a la catedral. La de Faro es un edificio relativamente modesto que fue iniciado en el siglo XIII y poco después fue entregado a la Orden de Santiago en recompensa por su contribución en la conquista de la región tras los años de dominio musulmán. Datos como este ayudan a entender que, aunque a veces pueda dar la impresión de que aparecen Caminos de Santiago “como setas”, sin excesiva base histórica, realmente el culto al apóstol y la peregrinación a su tumba han dejado huella en múltiples lugares de la geografía europea.

Desde la catedral, situada dentro del casco histórico amurallado de la ciudad, una calle me lleva hasta el Arco da Vila, antigua puerta de la muralla medieval. Por aquí salgo a la parte más moderna y bordeo el puerto deportivo. Ahí, junto al cartel de “I Love Faro”, encuentro la primera flecha amarilla.

Enseguida tomo un camino de tierra que me aleja del casco urbano, circulando paralelo a las vías del tren. Luego cruzo el Parque Riberinho de Faro, un parque que va resiguiendo las marismas que rodean la ciudad, hasta desembocar en una pequeña carretera, que sigo durante un par de kilómetros. Cuando la abandono viene un tramo más complicado, en el que hay que ir paralelo a la vía del tren sin apenas espacio para circular. Llego finalmente a la carretera N-125, con muchísimo tráfico pero que se atraviesa por un paso elevado, y continúo por zonas bastante urbanizadas hasta que en Patacão, barrio aún perteneciente a Faro, paro a tomar un café en una “pastelaria”.
Tras la pausa, abandono poco a poco las zonas más pobladas de la costa para adentrarme en un área más rural. Por carreteritas asfaltadas voy circulando entre campos de naranjas, limones y olivos.

También a partir de aquí empieza la primera subida del día, primero suavemente durante unos kilómetros, hasta cruzar la aldea de Santa Bárbara de Nexe, y a partir de ahí con algo más de pendiente, aunque realmente solo se complica en el último kilómetro, por una pista de tierra con mucha gravilla suelta y tramos muy empinados. Por lo demás el ascenso total es de 250 metros, poca cosa excepto por el hecho de que sea la primera subida de este camino. Desde el alto, cuyo nombre desconozco, se ve a lo lejos por última vez, entre la neblina, el océano.

Bajo del alto por una pista de grava y poco después tomo, siempre en bajada, un bonito sendero entre olivos y muros de piedra. Tiene zonas pedregosas algo complicadas, pero es uno de los tramos más bonitos de la jornada.

Luego empieza un nuevo ascenso por la ladera de una colina siguiendo un sendero estrecho en el que en algún momento he de arrastrar la bici. Es una subida intensa y preciosa, con bonitas vistas de los montes de alrededor. Al llegar arriba se pasa junto a unas casas y se corona el Alto do Relógio, tras el que se empieza a descender por un sendero similar al del ascenso, entre matorrales y olivos. Finalmente termino en Goncinha y, de forma mucho más plácida, un kilómetro de carretera me deja en Loulé.

Loulé es una bonita población de casas blancas, muy conocida como centro comercial y con animados mercados semanales. El Camino atraviesa su centro histórico y aprovecho para desayunar y para comprar un “minitrípode”, ya que el que utilizo para hacerme “auto-fotos” con el móvil se me ha roto. El único que encuentro tiene tal pinta de endeble que dudo que llegue a Santiago, pero de momento hace la función, veremos cuanto dura.

Los siguientes kilómetros voy atravesando zonas de monte, subiendo y bajando constantemente pero sin ningún alto digno de ese nombre. Las colinas que recorro están cubiertas de olivos o de arbustos mediterráneos. Predominan los caminos de tierra y algunos tramos de sendero preciosos, y de vez en cuando paso alguna pequeña aldea o casas de campo aisladas, conocidas aquí como “quintas”.

El paisaje es muy bonito y empiezo a ver también alcornoques. Portugal tiene la mayor superficie del mundo de este árbol, del que se extrae el corcho, y el Algarve es una de las regiones donde más abundan.

Poco antes de llegar al destino de hoy, paso junto a varias norias y canales de riego, herencia del período almohade. Salir, el pueblo donde acabaré la etapa, fue también fundado por los árabes y, como muchas otras poblaciones de esa época, está situada en una colina, en cuyo punto más alto se alza su iglesia. Hubo también un castillo, pero actualmente está en ruinas. Aquí una pareja de expatriados, un alemán y una holandesa, han abierto hace pocos meses un “bed and breakfast”, la Casa do Torreão, con solo un par de habitaciones y una maravillosa piscina en la que paso la tarde recuperándome de esta primera etapa…

Balance del día: 45,3 km y 873 m de desnivel positivo acumulado.
Puedes obtener el track en Wikiloc aquí y ver el recorrido realizado en esta animación: