Camino Lebaniego Vadiniense a pie: día 5, de Cistierna a Mansilla de las Mulas (03/08/25)

Salgo con las primeras luces del alba, mucho más temprano que los días anteriores, porque tengo por delante una etapa muy larga y por evitar las horas de más calor. En los kilómetros iniciales el Camino Vadiniense coincide con el Camino Olvidado, que partiendo de Bilbao traza una diagonal por las zonas más bajas de la Cordillera Cantábrica para acabar convergiendo con el Francés en Cacabelos, en la comarca del Bierzo, cerca de Ponferrada, y que recorrí en bicicleta con mis hijos, Blanca y Pol, en agosto de 2020. Poco después de cruzar el puente del Mercadillo sobre el río Esla, de origen medieval, ambos Caminos se separan definitivamente.

Mientras sale el sol, recorro muy rápido los primeros veinte kilómetros del día. Voy por el margen derecho del Esla, uniendo pequeños pueblos sin servicios, casi siempre por pistas. El camino es cómodo y muy fácil, ya que es completamente llano. Aquí el río ya no está encajonado entre montañas, el valle es ancho, y por ello hay amplias zonas de cultivo en sus riberas, por lo que el camino avanza paralelo al río, pero en la distancia, sin verlo.

La temperatura a estas horas de la mañana todavía es fresquita, y se agradece. Cruzo Modino, Santibáñez de Rueda y Carbajal de Rueda sin detenerme, porque no hay nada. Entre esta última y Villacidayo, el paso junto a una plantación de girasoles pone una nota de color en el paisaje.

Después de atravesar una zona agrícola en la que predominan grandes extensiones de maíz, a las once llego a Gradefes, el único lugar que dispone de algún bar o tienda en los casi 50 kilómetros entre Cistierna y Mansilla de las Mulas, por lo que aprovecho y paro a desayunar.

Además de bares, un bien escaso por aquí, en Gradefes también se levanta el Monasterio cisterciense de Santa María la Real, fundado en el siglo XII y que acoge una pequeña comunidad de monjas de clausura.

Salgo de Gradefes por un tramo de asfalto que, por una vez, me parece muy agradable, ya que es de esas carreteras que tienen filas de árboles en ambos lados y dan una sombra perfecta. Luego, continúo por una pista agrícola por la que sigo circulando entre campos de maíz, girasol o alfalfa.

Paso por Cifuentes de Rueda y Casasola de Rueda, topónimo “Rueda” que abunda en la zona pero que no tiene ninguna relación con la zona de producción de los vinos de la denominación de origen Rueda, muy lejos de aquí. En estos y otros de los pueblos que atravieso se pueden ver casas tradicionales de adobe, la mayoría muy deterioradas, aunque algunas están habitadas, como la de al lado de la iglesia de Casasola.

Más adelante me desvío 250 metros del camino para visitar el monasterio de San Miguel de Escalada, un templo mozárabe del siglo X.

Al pasar por el pueblo de San Miguel de Escalada, un par de kilómetros después del Monasterio, paro en un banco a la sombra a descansar un rato. Aquí, alguien ha plantado una estatua que pasa directamente a mi recopilación de “monumentos al peregrino de gusto dudoso”, que tanto abundan en los Caminos de Santiago. Por si fuera poco, en la casa de enfrente, y sospecho que perteneciente al mismo “artista”, han creado un collage de bicicletas que no sé cómo calificar…

Todavía en shock por la habilidad de los artistas locales, continúo para afrontar los últimos catorce kilómetros de este camino. El final es duro, porque voy atravesando grandes llanuras agrícolas con muy pocos tramos de sombra y, a estas horas, ya hace mucho calor. En los pueblos por los que paso, además, no solo no hay bares, sino que tampoco hay fuentes, y no puedo reponer agua. Finalmente, cruzo por última vez el Esla, el río que me ha acompañado desde el embalse de Riaño, y encaro la entrada a Mansilla.

Pero antes de llegar a la parte antigua de la localidad, el Camino pasa, en las afueras, por la piscina municipal, y la tentación es irresistible… Decido pasar un par de horas en remojo, ¡me lo he ganado!

Finalmente, mucho más fresco, entro a Mansilla de las Mulas por el Arco de Santa María, una de las puertas de las antiguas murallas, distinta a la puerta del Castillo o de Santiago, por donde entra el Camino Francés. De hecho, los dos Caminos no se juntan hasta la plaza del Pozo, la plaza central de Mansilla. Y ahí finalizo esta ruta, ¡Ultreia y Buen Camino!

Balance del día: 48,0 km y 69 m de desnivel positivo acumulado.

Balance total de los Caminos Lebaniego y Vadiniense entre San Vicente de la Barquera y Mansilla de las Mulas: 214,1 km y 4.339 m de desnivel positivo acumulado.

Puedes obtener el track en Wikiloc aquí y ver el recorrido realizado en esta animación:

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