Camí de Sant Jaume a pie: etapa 1A, del Coll de Panissars a Figueres (29/03/2021)

Para llegar al Collado de Panissars hay que partir del pueblo fronterizo del Pertús (Le Perthus en francés). Hasta allí se puede llegar con la línea de autobús C3 de Teisa desde Figueres, como he hecho yo, descendiendo en la parada señalizada como “Els Límits”, que está justo al lado de las garitas fronterizas de la gendarmerie francesa. Las poblaciones fronterizas siempre son peculiares, pero ésta es especialmente curiosa ya que el puesto fronterizo francés está en territorio español y una vez traspasado no está muy claro en qué país estamos ya que la calle por la que transcurrimos es francesa en una acera y en la propia calzada mientras que la otra acera sigue siendo española. Por eso la calle se llama a la vez Avenue de France según el callejero del municipio francés del Pertús y Avinguda Catalunya según el callejero de Els Límits, barrio perteneciente al municipio español de La Jonquera. En un artículo de La Vanguardia titulado gráficamente “El Pertús, el pueblo donde es posible aparcar en Francia y bajarse del coche en España” explican las anécdotas que esta situación provoca, por ejemplo que hay que vigilar donde se aparca y donde se saca el tiquet de la zona azul ya que las máquinas españolas y francesas están prácticamente unas al lado de otras pero los billetes de cada una sólo son válidos cuando se aparca en el país correspondiente.

Desde este curioso puesto fronterizo donde me deja el autobús empiezo a andar siguiendo la única avenida hasta que a unos 500 metros encuentro el edificio de la Mairie, el ayuntamiento del Pertús. Pasado éste asciendo a la izquierda por las empinadas escaleras de la Rue du Chemin de Ronde que me lleva hasta la Rue del Fort de Bellegarde, calle que hay que seguir hasta llegar al castillo que le da nombre, ya a las afueras del pueblo. En el ascenso por las escaleras encuentro la primera flecha amarilla, aunque aparte de esta solitaria flecha el itinerario no está señalizado pero no tiene pérdida si se siguen las indicaciones hacia el castillo de Bellegarde y hacia Panissars.

Rápidamente llego al collado, alrededor del cual se suceden diversos vestigios históricos: un pequeño cementerio militar del siglo XVII, la imponente Torre de Panissars, antigua aduana, o el sitio arqueológico con los restos del Priorato de Santa María de Panissars, construido en el siglo XI y ligado a las peregrinaciones jacobeas. Este collado de tan sólo 325 metros de altura es el más bajo de todo el Pirineo Oriental y por ello ha sido utilizado desde tiempos prehistóricos para la comunicación con la Península Ibérica a través de los Pirineos, siendo el punto donde la Via Domitia romana que atravesaba la Galia se convertía en la Via Augusta para reseguir el litoral Mediterráneo hasta Gades, la actual Cádiz.

Desde el Coll una pista empieza a descender hacia el lado español serpenteando a través de un bonito bosque de alcornoques. Al principio no hay indicaciones pero desde el collado es fácil de adivinar la pista forestal que hay que tomar y, un par de kilómetros después, ya aparece la primera de las señales oficiales del Camí de Sant Jaume instaladas por la Generalitat en 2010. Siempre vigilados desde las alturas por el Castillo de Bellegarde la pista desemboca justo en la boca sur del túnel transfronterizo del tren de alta velocidad que une España y Francia a través de los Pirineos. Aprovechando la carretera de servicio del AVE pasamos por un túnel bajo las vías y tras una rotonda volvemos a tomar una pista que esquivando como puede la autopista y la carretera nacional nos acerca a La Jonquera.

Antes de entrar en la población hay que pasar junto a una enorme área de descanso y servicios para camiones, el antiguo edificio de la aduana y una pequeña zona industrial algo decadente hasta finalmente avanzar por el casco urbano propiamente dicho. Típica población estrecha y larga dispuesta a lo largo de una carretera, no tiene excesivo interés pero dada su importancia como lugar de paso sí dispone de todo tipo de servicios, así que encuentro fácilmente un bar en el que parar a desayunar antes de proseguir la ruta.

Tras el descanso la salida de La Jonquera es similar a la entrada, debiendo cruzar de nuevo la autopista, la carretera nacional y las vías del AVE hacia el lado contrario al que lo habíamos hecho al llegar. Después de un par de kilómetros por una carretera que nos permite sortear todos estos obstáculos estamos de nuevo en el campo. Parece mentira, pero nada más pasar por un pequeño túnel bajo las vías del AVE la tranquilidad es absoluta y deja de escucharse el denso tráfico de coches y camiones que soportan las infraestructuras viarias de la zona. Pronto aparecen las primeras viñas de donde nacen los vinos de la Denominación de Origen Empordà.

En este tramo las marcas del Camino de Santiago coinciden con las del GR-2 y enseguida nos llevan a La Estrada, un pequeño núcleo rural con casas de piedra perteneciente al municipio de Agullana. Después la pista agrícola que iba siguiendo se convierte en un sendero que atraviesa un precioso bosque mediterráneo que en estos primeros días de la primavera huele a romero, tomillo y otras hierbas aromáticas. El área que atravieso forma parte de la Sierra de la Albera, el último contrafuerte de los Pirineos antes de llegar al mar, y aquí el paisaje alpino que asociamos habitualmente con la cordillera pirenaica ha desaparecido para dar lugar a una vegetación típicamente mediterránea.

Paso campos de olivos y, especialmente, zonas de alcornoques usados tradicionalmente para la obtención del corcho con el que fabricar tapones para vinos y cavas. La zona ha sido desde siempre un productor destacado de estos productos. Combinando tramos de carretera asfaltada con pistas de tierra prosigo durante varios kilómetros la travesía de la Sierra de la Albera.

De vez en cuando se pasa cerca de espléndidas masías, la típica construcción agrícola catalana. Con sus gruesas paredes de piedra muchas llevan siglos siendo el centro de la vida rural, remontándose en algunos casos hasta la Edad Media. Las hay en estado ruinoso pero las que están bien conservadas son edificios imponentes.

Los olivos, encinas y alcornoques son remplazados por chopos y otra vegetación de ribera en el tramo de sendero que paralelo al rio Ricardell nos acerca al municipio de Biure.

En la plaza Mayor de Biure, junto a la iglesia, compro algo de picar y de beber en la única tiendecita del pueblo. La tranquilidad es absoluta.

Tras el descanso en Biure empieza una pequeña ascensión para cruzar la Sierra del Tramonts. Son apenas dos kilómetros de subida por una carretera asfaltada hasta que justo en el punto más alto nos desviamos a la izquierda por una pista pedregosa. En todo el terreno circundante se aprecian perfectamente las terrazas de cultivo en las laderas de cuando una superficie muchísimo mayor que la actual estaba cultivada por viñas antes de la llegada de la plaga de la filoxera en la segunda mitad del siglo XIX.

La ruta pasa junto a las ruinas del Santuario de Nuestra Señora del Roure. Parece ser que este antiguo monasterio fue destruido en la Guerra del Rosellón que tuvo lugar en esta zona en 1794, por eso llama la atención la presencia de una enorme grúa de obra y que aparentemente esté siendo reconstruido después de más de 200 años en ruinas.

Pasado el santuario una pista cementada desciende durante 4 kilómetros hacia Pont de Molins, población que como su nombre indica nació como lugar de cruce de un rio, en este caso el Muga.

A partir de aquí el paisaje cambia, pasando de la montaña, aunque suave, a la gran llanura ampurdanesa, la zona casi plana que recorren los rios Fluvià y Muga antes de desembocar en el Golfo de Roses. Es una zona muy fértil en la que predominan los cultivos de cereales, especialmente maíz, aunque en esta época del año los campos que llaman más poderosamente la atención son los de colza, por el intenso color amarillo de sus flores.

En lo últimos kilómetros del día antes de llegar a Figueres pasa un poco como en los alrededores de La Jonquera, la ruta ha de esquivar autopistas, carreteras y las vías del tren convencional y del de alta velocidad. Hay algún pequeño tramo no muy agradable por el arcén de la carretera N-II, pero en general el itinerario está bastante bien conseguido y mayoritariamente por pistas agrícolas conseguimos sortear todos estos obstáculos y acercarnos a la ciudad.

Una vez en Figueres se pierde completamente la señalización, pero es fácil seguir hacia el centro de la ciudad y la plaza del Ayuntamiento, donde finaliza la etapa.

Y si algo destaca en Figueres es la omnipresencia de Salvador Dalí, del que si nos quedan fuerzas podemos visitar su Teatro-Museo. Yo por hoy me conformo con una rápida vuelta por los alrededores.

Balance del día: 37,3 km con 506 m de desnivel positivo acumulado.

Tiempo en movimiento 6 h 14’ y tiempo total 7 h 53’

Puedes ver el track en Wikiloc aquí

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